Facultad de Comunicación Social - Periodismo

Reproducción de falta de oportunidades

El embarazo de niñas y adolescentes en zonas rurales de Colombia es una problemática trascendental de salud pública que no para de reproducirse.

Reportaje realizado para la clase de Taller de Géneros Periodísticos (cuarto semestre, 2022-2), con la profesora Laila Abu Shihab.

Reúnes toda tu valentía y te decides a hacerla. 30 segundos, ningún resultado, esperas ansiosa una respuesta, todo indica lo que menos deseas, pero aún así guardas la esperanza de tener otra oportunidad. Un minuto, nada, no quitas la mirada de ese decisivo pedazo de plástico, no puedes. Te tiemblan las manos, pero no te permites soltarlo. Un minuto y 30 segundos, presientes lo que se avecina y una silenciosa lágrima empieza a deslizarse por tu rostro. Dos minutos, llegó el momento, dos líneas rojas acaban de cambiar toda tu vida. Estás embarazada. 

Historias como esta les suceden a niñas y adolescentes de las zonas rurales de Colombia. Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) del 2015, el 13.8% de mujeres de 13 a 19 años han estado o están embarazadas. Además, los niveles más altos de embarazo adolescente se encuentran en la zona rural del país, con un 18.6%. Según la Sociedad Colombiana de Pediatría, la carencia de información, apoyo y orientación en materia de salud reproductiva y educación sexual son las principales razones por las cuales el índice de embarazos a estas edades se consolida como una problemática de salud pública.  

Las adolescentes y niñas que quedan embarazadas son un claro ejemplo de la desigualdad social. Según el informe “Determinantes del embarazo en adolescentes en Colombia”, del 2018, los principales son: la pobreza, la zona de residencia, la migración, la etnia y el desplazamiento. Después está la edad, la deserción escolar, los estereotipos de género (que legitiman la violencia contra la mujer) y la carencia de conocimiento sobre lo que es la sexualidad. Gracias a esto, el ciclo de la pobreza se perpetúa como un hoyo negro que imposibilita la movilidad social. 

María Nubia Reyes Suárez es una mujer de piel blanca, cabello negro y ojos marrón. Tiene 30 años y vive en la vereda Capilla en el municipio de Moniquirá, Boyacá. Allí nació y se crió al igual que su hijo Andrei Estiben Suárez, de 12 años. Quedó embarazada a los 18. “Yo había escuchado que cuando uno tenía un retraso era porque estaba embarazada”, comentó. Nubia se dirigió al pueblo, Villa de Leyva, en busca de una prueba de embarazo. Encontró una droguería homeopática, de la cual no recuerda el nombre, y entró. Era un lugar espacioso, con paredes blancas y grandes estantes al que normalmente acudía para encontrar soluciones, pero esta vez no fue igual, allí encontró lo contrario. Lourdes, quien aún atiende allí, le proporcionó la prueba. Estaba nerviosa, pero aún así la hizo. Salió positiva, estaba embarazada. Sentada, sin alguien a su lado y sin apartar la vista de la prueba, rompió en llanto. “¿Ahora qué hago?, ¿Qué le voy a decir a mi mamá?”, pensó.  

Lo primero que hizo fue ir a donde su amiga del colegio: Marlen. Ella le dijo que no se podía hacer nada, que le tocaba tener al bebé. El aborto nunca fue una opción. Nubia tenía pensado no contarle nada a su mamá, Celmira, hasta que fuera evidente; no obstante, después de pensarlo, decidió decirle al día siguiente. Su madre la regañó, pero después de un tiempo se tranquilizó. Su hermano Armando le reprochó que era muy joven, que apenas había terminado de estudiar, que “se había dañado la vida por ser mamá a temprana edad”.  

Celmira fue madre a los 15 años, por ello tomó con tranquilidad la inesperada noticia. Ahora tiene cinco hijas y un hijo, Nubia es la menor de los seis hermanos. Según la ENDS, en familias en las que la progenitora tiene más de cuatro hijos, como la madre de Nubia, se encuentran unos de los mayores niveles de embarazo adolescente.  

William Suárez, el padre de Estiben, en ese entonces de 21 años, no se encontraba en el pueblo en el momento en que ella se enteró, por lo que decidió llamarlo y contarle la noticia. Primero negó que el hijo fuera suyo, no quería responsabilizarse porque, según él, “era muy joven”. Después, le dijo que en un mes volvería y mirarían cómo solucionarlo. Cuando llegó, se dirigió a la casa de Nubia, habló con Celmira, y se hizo cargo de los gastos. No obstante, nunca le contó la verdad a su familia, inventó que Nubia había quedado embarazada de un amigo y se lavó las manos de todo posible reproche. 

Su embarazo fue complicado, durante los 9 meses, cuando intentaba comer algo, se le devolvía, vomitaba a diario y su peso bajó en picada. Cuando trataba de pararse de su cama, el peso le ganaba. Ya no lucía igual, no se sentía igual. Junto a Celmira fueron al Hospital San Francisco en Villa de Leyva. La hospitalizaron ocho días y le ordenaron mantener absoluto reposo. Según la nota estadística del DANE y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) “Nacimientos en niñas y adolescentes en Colombia”, de enero del 2022, las madres adolescentes tienen mayor tendencia a dar a luz antes de 37 semanas completas de gestación, esto se correlaciona con el hecho de que sus hijos se encuentren en los menores promedios de peso al nacer. Ya en casa, William solo ayudaba económicamente, desde lejos, Celmira era quien la cuidaba. “Y así ha sido toda la vida”, menciona Nubia.  

Estiben, según cuenta Nubia, quería mucho a su papá. Sus ojos estaban cegados por una venda de convicciones agrandadas de lo que se supone representa una figura paterna. No tenía presente el hecho de que lo ve dos veces al año, cuando, forzado por un acuerdo establecido en la comisaría de familia, se ve obligado a brindarle ropa. Sin embargo, ahora ve el panorama completo. Estiben pasó una semana con él y, después de verlo con su nuevo hijo, entendió todo. Su amado padre lo había dejado atrás para comenzar una nueva familia. Para él, William ya no es más una figura idealizada, ni siquiera llega a considerarlo un padre.  

Nubia quedó embarazada apenas se graduó del bachillerato. Mientras cursaba once, en el colegio Luis Carlos Galán, comenta que 5 de las 12 mujeres de su salón quedaron embarazadas. Según el informe “Determinantes del embarazo en adolescentes en Colombia”, del 2018, por cada adolescente que ha tenido un embarazo y continúa asistiendo a una institución educativa, hay nueve que abandonan la escuela y, por cada adolescente que ha tenido un embarazo y ha aprobado algún año de educación superior, hay 11 que no acudieron a una institución educativa. Niñas y adolescentes deben dejar sus estudios para trabajar y mantener a sus hijos, como Anahidé Reyes Suárez, una de las hermanas de Nubia. 

Anahidé tiene 38 años y es madre de 3. Su piel es blanca, sus ojos marrones y su cabello negro y lacio. Creció en el campo, junto a su familia, en una casa antigua que sus dueños, unos hombres de Bogotá, remodelaron. Allí tenían a su disposición dos cuartos, un baño y una cocina compartida. Quedó embarazada a los 16 años. “A esa edad uno no sabe qué es un embarazo”, comenta. Su mamá, Celmira, fue quien se dio cuenta.  

— Jmm, ¿cómo que fue a embarrarla?-le dijo Celmira un día en su casa.  

Anahidé, confundida, se quedó mirándola y le preguntó: “¿embarrarla?, ¿cómo de qué?”. No sabía de lo que su madre le estaba hablando. 

 — ¿No será que está embarazada?- respondió Celmira. 

 — Jmm, ni idea- contestó Anahidé, relajada.  

Celmira le dijo que mejor visitaran un médico, que ella la acompañaría. Fueron al Hospital San Francisco, le hicieron una prueba de embarazo y salió positiva. Celmira estuvo a su lado cuando escuchó el resultado. Al principio se puso brava, después se calmó y le dijo: “Ya qué, toca seguir adelante, no hay nada que hacer”. La doctora que las atendió, al ver a Anahidé confundida, le explicó lo que significaba un embarazo. “Miraba a todo el mundo y pensaba ¿de qué hablan? No entendía muy bien lo que pasaba”, cuenta.  

Para ellas, la sexualidad y los métodos anticonceptivos son como mencionar al diablo en una iglesia. Ambas hermanas comentan que nunca les brindaron educación sexual en su colegio y que el tema nunca se tocó en su casa. “La sexualidad es un tema que no se sabe abordar, no solo desde el punto de la prevención, sino de la sexualidad misma”, dice María Isabela Santos Espinosa, abogada especializada en familia y experta en resolución de conflictos. Es necesario cumplir con el principio de la corresponsabilidad, implementar estos temas en la educación y eliminar los tabúes.  

Cuando Anahidé le comentó al padre, Pedro Sáenz Suárez, en ese entonces de 21 años, que estaba embarazada de Felipe, él le respondió “pues ir al médico y cuidarse mucho”. Ella pensó que podría tener un apoyo de su parte. No obstante, no fue así. Pasaron 2 meses y él ya no volvió a aparecer.  

Ella estudió hasta quinto de primaria. La escuela, en ese entonces, no tenía bachillerato. Después de un año lo inauguraron; no obstante, ya era demasiado tarde. Anahidé ya había quedado embarazada. Tuvo que dejar sus estudios para trabajar. “Lógico que ya, con un hijo, uno ya quiere trabajar y sacar el bebé adelante”, dice. Desyerbaba maíz, sacaba papas o realizaba labores por el estilo para salir adelante.  

“Yo sí quería estudiar, pero llegó mi hijo y ni modo”. Sus hijas le dicen que retome los estudios. Le gustaría obtener su bachillerato, está esperando que su última hija, Ángela, se gradúe para poder intentarlo. Mientras, trabaja en la misma finca donde vive, del día a día, “de lo que salga”. Felipe, su hijo de 21 años, acabó el bachillerato, ahora vive en Soacha y trabaja en construcciones en Bogotá. Migró en busca de oportunidades, aquellas que no tuvo producto de la herencia carente de estas mismas. Aquellas que lo obligaron a enfrentarse a un país sin expectativas al futuro. 


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