Facultad de Comunicación Social - Periodismo

La protesta de Eva

La capacidad para valorar la belleza de un cuerpo femenino es una expresión artística de libertad que pocos han tenido el deleite de experimentar

Crónica realizada para la clase de Taller de Géneros Periodísticos (cuarto semestre, 2019-2), con el profesor Fernando Cárdenas. 

La sociedad ha llenado los vacíos de la curiosidad por el desnudo femenino con estigmas, miedos y escándalos.

Los trazos de lápiz o carboncillo delinean a la perfección la perspectiva del artista que interpreta la sensualidad del cuerpo de la modelo que posa en un escenario. El silencio hace parte del respeto y la admiración por cada minuto que transcurre. El momento es fascinante. No hay tensiones, no hay vergüenza, el aire fluye al tiempo que la música clásica suena. La modelo abre por momentos sus ojos, observa la delicadeza de las miradas fijadas en su cuerpo; sonríe, tal vez la situación sea agradable, tal vez sea por lo extraordinario que es aceptar las cualidades y defectos de su cuerpo y que nadie tenga el poder de calificarlo o encasillarlo.

La escena sucede en un taller de arte ubicado en Bogotá. Y es el resultado de una relación sincera entre lo corporal, lo sensitivo y lo mental que está mediada por la desnudez. Es una realidad que permite la aprobación personal y de otros, donde la mujer es cosificada por la sociedad de acuerdo con lo que debe ser y hacer, y su desnudez está cargada con significados de erotismo y sexualidad.

La psicóloga especialista en terapia sexual y de pareja, Elsy Vargas Vergara explica este concepto: “la desnudez masculina o femenina está determinada por el juicio del observador y su sentido ético, estético, cultural o social entre otros. No necesariamente la desnudez se da por un sentido erótico o sensual, puede darse para descanso y comodidad o para expresar insatisfacción”. De esta manera se entiende que el estigma de la piel expuesta y a lo que ésta alude es netamente una construcción social, ya que se diferencia un cuerpo vestido de uno desnudo, lo que da la oportunidad de excusarse y justificar cualquier acto que vulnere la integridad de una persona.

Es por eso que alrededor del mundo se han manifestado las mujeres que han sido víctimas de acoso o violación a sus derechos. El caso más representativo fue la creación de la “Marcha de las Putas”, nacida en Toronto, Canadá, en el año 2011 y que tuvo lugar por primera vez en Bogotá en el 2012, liderada por la activista de derechos humanos con énfasis en mujeres y niños e ideóloga del Movimiento del Feminismo Artesanal, Mar Candela Castilla.

Ella se refiere al feminismo como la vía transversal a toda realidad social, política, cultural y antropológica. Y una de sus banderas para la marcha fue opacar el protagonismo de una palabra ofensiva: “quitarle el poder denigrante de la palabra puta, porque la dignidad de una mujer no está en el medio de sus piernas”. El discurso de Mar Candela está enfatizado en la aceptación y naturalización del cuerpo para trabajar por sus derechos, contrarrestar la desigualdad de género y crear un empoderamiento. “No se trata de tener poder sobre el mundo y sobre otros, sino sobre nosotras”, aclara Mar Candela.

El impacto que tuvo la protesta feminista fue extraordinario, debido a que trajo a consideración este tema en la agenda pública colombiana a través de debates en el congreso, las iglesias y en la sociedad civil. Pese a que no se ha vuelto a realizar una marcha de este carácter, Mar Candela hace otras dinámicas con los mismos enfoques, pero con otro lenguaje. Mediante su grupo interdisciplinario de Feminismo Artesanal se ha transformado y ha generado nuevas prácticas pedagógicas según las necesidades actuales, como cursos y charlas a personas en situaciones vulnerables.

Según varios expertos en el tema de la apropiación del desnudo, la autoestima se refleja en la base de los valores aprendidos en el hogar y el colegio, para que de esta manera sea un elemento fundamental para asumir la corporalidad y el arte desde un punto de vista profesional. Así lo proyecta la caleña Diana Lucía Benítez Ávila, quien a sus 34 años se desempeña como comunicadora social, periodista, modelo y actriz. Si bien no hace parte de ningún movimiento ideológico de género, conoce perfectamente la diferencia entre el irrespeto y la debilidad humana, ya que considera que por naturaleza existen deseos, pero estos se deben controlar.

Desde los 14 años se ha desempeñado como modelo de desnudo artístico con el apoyo de su familia. Ella sabe que el cuerpo humano es la herramienta para mostrar la estética en lo natural. “Las mujeres son creación divina, hay que confiar en lo que se tiene. Aprendí a amar lo que soy y a decirme frente al espejo: ¡Oiga, esta flaquita sí está buena!”, dice Diana en tono jocoso. Debido a su formación y personalidad, ha comprendido que la belleza de la desnudez es universal y tiene un propósito, “¿Para qué vas a utilizar tu desnudez? Está entre el sensacionalismo o el mensaje de fondo, es por eso que criticamos el arte del desnudo, porque no somos capaces de comprender su trascendencia”, afirma.

En sus ratos libres, Diana es modelo en el Taller Libre Dibuje Modelo, un espacio que se creó hace nueve años basado en la desnudez de la figura humana y sus facetas artísticas. El Taller brinda asesoramiento en conjunto, tanto de los coordinadores, profesores y participantes, se especializa en técnicas de pintura, dibujo o fotografía. Angela María Oviedo y Raúl Vargas son pareja hace 24 años y los fundadores del Taller. De acuerdo a su formación profesional, como artistas plásticos, vieron la necesidad de crear un lugar que permitiera vivir experiencias mediante la inspiración del cuerpo humano.

Desde que es profesor de fotografía del Taller, John Sánchez ha comprendido la razón cultural de comercializar y agregar conceptos materiales al cuerpo femenino, pero su perspectiva ha cambiado debido al trabajo mental de la manifestación artística del desnudo sin morbo. También está Leonardo Parra, quién participa en esta actividad y critica los estereotipos: “es la oportunidad de quitar todo concepto previo sobre el cuerpo perfecto”, gracias a la comprensión de cada parte del cuerpo del modelo como si fuera la suya, mediante el ejercicio de “ojo, mente y mano”.

El mensaje que difunde este lugar es la esencia de la piel como respuesta a la libertad natural, sin restar importancia a la vestimenta como protección de factores externos. La sensibilidad y la expresión del cuerpo es el acceso a la realidad humana. Sus creadores sostienen que la desnudez de cada cuerpo es distinta, pero sin dudar es una obra de arte que será incomprensible para muchos, pero para otros es prueba de admiración de la existencia.

La mujer como el hombre son piezas fundamentales para la creación de vida, de la apropiación natural, de la educación del cuerpo y su papel en la sociedad. Por eso, tanto el artista que está haciendo trazos como la mujer que posa desnuda para él en el Taller, no es más que una visión pura del mundo, muy alejada de sus conceptos prestablecidos de lo correcto.

 

La Marcha de las Putas

Todo surgió cuando el policía canadiense Michael Sanguinetti, durante la conferencia sobre Sociedad Civil en la escuela de leyes Osgoode Hall, dio unas declaraciones para que las mujeres no fueran víctimas de acoso sexual. Ante las cámaras él dijo una frase que no pasaría inadvertida: “las mujeres deben evitar vestirse como ‘putas’”. Esto ocasionó que más de 3.000 personas, la gran mayoría mujeres, marcharán en las calles el 3 de abril del 2011. De esta manera, buscaron reivindicar la dignidad de sus derechos a la libertad sexual y de expresión. Las disculpas no fueron suficientes para Sanguinetti, ya que recibió un correctivo disciplinario de parte de la institución policial.

Esta iniciativa ha tomado gran valor en la resignificación de los conceptos usados para denigrar a las personas, especialmente a las mujeres. Se tiene registrado una importante cooperación en colectivos feministas en los contenidos europeos y en la actualidad, América Latina se involucra en la participación de una sociedad igualitaria.

 


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