Facultad de Comunicación Social - Periodismo

“El periodismo prende la luz de un cuarto oscuro”, María Paulina Baena

Su carácter la ha llevado a donde está hoy. No tiene filtro al señalar las injustas, sea quien sea el implicado o su procedencia. Es fiel a la transparencia y a trabajar en pro de la igualdad y la equidad. Con su pelo crespo, gafas rojas y carisma característica, María Paulina Baena cuenta la historia detrás del éxito de La Pulla, la necesidad de la crisis para renacer y conducir las riendas del periodismo y no dar el brazo a torcer entorno a resignificar los espacios para las mujeres.

Entrevista realizada para la práctica profesional en Conexión Externado (noveno semestre, 2022-1), con la profesora Mónica Parada Llanes.

Desde el primer momento, Baena no dudó en estudiar periodismo. Antes de sus años universitarios tenía certeza de su gusto por ese oficio: “el hecho de entrevistar gente, empaparme de las historias” la llamaba y también lo que ofrecía para el mundo, inspirador y llamativo al ejercerlo. Tomó la decisión rápidamente y se arriesgó con éxito.

No contemplaba estar todo el tiempo como oficinista al frente de una pantalla; Baena se veía preguntando, indagando y produciendo en caliente, estando al lado de los protagonistas de las historias. El vínculo forjado entre ella y el oficio la llevó, tras haber cruzado las puertas de la Universidad, a hacer parte de uno de los referentes del periodismo colombiano, El Espectador.

Los primeros pasos de La Pulla

La sala de redacción construyó los primeros cimientos de su carrera profesional. Ella cubría Medio Ambiente, aunque socializaba con colegas de otras áreas. De conversación en conversación conoció a Juan Carlos Rincón y la idea de La Pulla se empezó a cocinar. Tanto Baena como él consumían YouTube para estar al tanto de las noticias, pero vieron un potencial innovador en la plataforma.

Las video columnas estaban siendo propuestas entretenidas, por lo que no era descabellado emplear ese formato para el periódico. El voz a voz se fue esparciendo, llegando a los oídos de la coordinación de opinión, departamento mano derecha de Fidel Cano, director del periódico. Más que buena, la respuesta fue esperanzadora. Sin embargo, la reacción positiva iba ligada a las dudas. Baena cuenta que, sobre todo los de prensa, estaban preguntándose cómo empezar a incursionar en video; la duración, el formato, el lenguaje, entre otras preguntas.

Teniendo el aval, las incógnitas se resolverían al ejecutar el proyecto. La Pulla no necesariamente contendría la misma línea editorial de El Espectador. Cano apoyó la idea de ser sinceros en su contenido. Baena y Rincón eran dos mentes yendo al mismo camino, pero era necesario más personal. Contactaron a los amigos de redacción y escribieron el primer guion.

“Yo lo leí y me encantó”, recuerda. Además, Baena encontró en La Pulla un sitio para poner en marcha otra de sus pasiones, el teatro. Desde pequeña había tenido afinidad con ese arte y ser la imagen del programa era la oportunidad perfecta.

Personificar le pareció divertido e interesante, dado que nunca lo había hecho. A pesar de que ella no quiso enfocarse en la presentación para televisión, tampoco cuestionó ser la voz del programa. Sumado a esto, participar activamente en la construcción de guion le daba fortaleza para pararse al frente del lente. El primer video lo grabaron, editaron y presentaron. ¿El resultado?, en palabras de Baena, “se volvió viral la idea de cinco periodistas amigos que estábamos aburridos”.

El hecho de que los jóvenes no estuviesen al tanto de los debates cercanos a la política colombiana era un tema constante en su cabeza. Por eso, la línea editorial del programa se enfocó en visibilizar al detalle los vínculos, nexos, acciones e historial de los personajes dominantes. Para atraer a la audiencia juvenil, emplearon un lenguaje coloquial capaz de hacer que el público se identificara y confiara.

El éxito llegó en poco tiempo. La video columna titulada “dejen que los homosexuales adopten” llevó a La Pulla a ganar el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar a menos de un año del primer episodio. “Creo que era raro que periodistas de un periódico de más de 130 años salieran con un producto youtuber”, siente Baena al ver en retrospectiva la fama instantánea del programa. Sin embargo, había un sector escéptico, quienes pensaban que la marca de El Espectador la estaban dañando y una “niñita” gritando en internet no era la forma de hacer periodismo.

Ser virales se logró por la curiosidad de ver una propuesta innovadora pero arriesgada. Inclusive, La Pulla rompía con el estereotipo de los roles convencionales de la mujer en la sociedad. En un escenario machista como el periodismo, una mujer haciendo crítica sin filtro frente a las cabezas del país era un elemento que inspiraba a quienes tenían miedo de romper paradigmas y tener un espacio para expresarse.

Ya han realizado más de 200 videocolumnas, y de ellas, las siguientes han sido las más complejas para Baena:

  • La pulla al Fiscal: Por destapar casos de corrupción efectuadas por Néstor Humberto Martínez; tuvieron presiones por parte de grupos económicos pautadores de El Espectador. Baena explica: “ahí supe y sentí una presión para hacerlo, también sentí una especie de censura. Finalmente salió y no se terminó colgando”.
  • La pulla contra las bebidas azucaradas: Similar al capítulo anterior, hablar de las consecuencias de las gaseosas sin regulación generó la sensación de perder la pauta por parte de importantes accionistas al periódico. El video se publicó y no ocurrió nada de esa índole.
  • Las elecciones presidenciales 2018: Para la segunda vuelta, los candidatos fueron Iván Duque y Gustavo Petro, por lo que el equipo destinó un capítulo para hacer perfiles de ambos. Al ser un tema en tendencia y pasional para ciertos sectores, la reacción por parte de la audiencia fue un matoneo.
  • La pulla entorno a la situación fronteriza y social de Venezuela: Al ser una coyuntura externa de Colombia, el acceso a la información era más complejo. Las fuentes no se sentían seguras al hablar, entonces fue una video columna tediosa, pero con éxito rotundo.

El diálogo entre los periodistas de la “vieja guardia” y ellos es de las mejores cosas que hay para Baena al interior del periódico. “Hay una ventaja que tenemos y es que Fidel Cano, nuestro jefe, es que es muy abierto a todas estas nuevas ideas”; nunca le ha puesto barreras a sus capítulos, puede que no sea afín a la postura, pero opta por la autonomía de ellos. Esa es la mayor enseñanza para Baena acerca del periodismo independiente y sin mordazas. Cano les dice que, si el tema está investigado y contextualizado correctamente, con las fuentes apropiadas y un guion pulido, no hay ningún problema para publicarla. Eso sí, Baena enfatiza en conservar y respetar los principios de El Espectador.

El rol del periodismo

La resignificación de los espacios para las mujeres es un elemento clave para Baena, y más en el periodismo. El espacio incluyente para ellas ha sido lento y en menor medida, debido a que no es constante verlas en la dirección y demás cargos altos en los medios. Todavía hay un desbalance de género en las salas de redacción. El hecho de sostener que una mujer es algo fuera de lo común sigue siendo una perspectiva machista.

No debe ser algo insólito, sino algo frecuente. Además, es la misma situación con la población LGBTIQ+, comunidades afro, etnias raciales y otros grupos. “Es diferente la aproximación a las fuentes si lo hacen mujeres u hombres”, explica Baena desde su experiencia en trabajo de campo. En términos coloquiales, ella siente que Colombia está “biche” en temas de igualdad y equidad, tanto en periodismo como en general.

Otro problema agudizado por la pandemia es la denominada “crisis de los medios”, la cual Baena siente como una realidad inminente. Los medios llevan tiempo quebrados, por lo que la resignificación y resurgir son fundamentales para evitar la desaparición. El tema financiero debe perder la dependencia con la publicidad e ir enfocado en suscripciones y cobro por contenido. Dos años de confinamiento cerraron salas de redacción y despidieron a periodistas en masa. “Cada vez más los periodistas estamos menos”, concluye Baena.

Asimismo, el hacer periodismo es una señal predecible de peligro. Un oficio sin garantías, pero necesario en la sociedad. Es injusto, explica Baena, que la información de calidad, investigativa y buena no tenga garantías, por el simple hecho de no ser del gusto de los políticos “mañosos” y corruptos. El debate público tiene derecho a conocer lo que hay detrás de quienes manejan los hilos del país.

Esa falta de protección es la causal para prolongar la brecha entre los gobiernos y la gente. Las demandas del pueblo no son contempladas, debido a que entre ambos actores no hay comunicación. El canal para ambos es el periodismo, el informar con veracidad los “trapitos al sol” de lo que Baena denomina “una cañería podrida”. “El periodismo no condena, puede señalar, pero sobre todo prende la luz de un cuarto oscuro”, resume Baena entorno al potencial del oficio.

En un escenario de estallido social, en el cual hay perdida de legitimidad por parte de las entidades públicas, es vital el periodismo. Es una crisis visible, aunque necesaria para mostrar por qué el periodismo es fundamental en el día a día.

La crisis de los medios ha articulado otra resignificación con respecto a la credibilidad. En el pasado, era certeza la información de cierto periódico en concreto; hoy el panorama difracta esa idea. Baena afirma que ella “confía en los periodistas, no me importa casi que el medio sino quien haya escrito”. La veracidad radica en quienes redactan las primicias, los creadores de contenido, las manos detrás de la noticia. El sello y la firma lo están marcando las personas, no los medios.

La marca personal y los métodos vistosos empleados están siendo los elementos otorgantes de credibilidad para los periodistas. Sea cual sea el periódico, si su trabajo es pulcro y profundo, quedará una buena impresión en la audiencia.

El santo grial: el guion

Para pensar la idea y trazar el plan de investigación para un episodio, el equipo de La Pulla se reúne en un consejo de redacción, llamado por Baena como “agenda lunática”. Las seis personas proponen temas, sin la obligación de ser tendencias; es decir, los temas no van atados a la coyuntura.

Al definir el tópico, limitan el número y tipo de fuentes, acorde al propósito de la videocolumna. En ese punto, distribuyen roles en la investigación y documentación. Completando eso, el equipo se vuelve a reunir en conjunto para, en palabras de Baena, “vomitar” la información para estructurar argumentos y tesis, acompañados de chistes o pullas para darle dinamismo.

El paso a paso concluye en la construcción del guion. A partir de ahí viene la parte más divertida para Baena durante la producción, la grabación. No faltan las risas entre ellos al repetir sinfín de veces las tomas.

El futuro de La Pulla

“Me angustia cuando me hacen la pregunta, porque yo no sé si tengamos futuro, o sea, me remite a algo más existencial, entonces no sé si mañana me resbale en la ducha”, reflexiona Baena entorno a la incertidumbre de la continuidad de La Pulla. Ella siente que cada día puede ocurrir cualquier cosa, sea positiva o negativa; nadie contemplaba pandemia mundial y una semana bastó para confinarnos dos años.

Lo único en lo que se puede contemplar a corto plazo son los propósitos para 2022. Por ser un año electoral, el objetivo es informar a la población sobre los candidatos, para que el ejercicio de votación sea transparente. “Que la gente vote de manera informada, que sepa lo que está pasando en su país, que sepa cuáles son los candidatos y no se dejen meter los dedos en la boca otra vez”, concluye Baena al hacer énfasis en la relevancia de la opinión en el rumbo electoral. Para cambiar el sistema es necesario hacerlo dentro del mismo y un método es el derecho al voto.

A modo de primicia, ella comenta acerca del producto especial destinado para la coyuntura. La Pulla está planeando una obra de teatro para instruir con un tono coloquial y cercano a las personas sobre los candidatos, de cara a los próximos meses, cruciales para los cuatro años subsiguientes. Tanto Baena como el equipo han vivido anualmente en el limbo de la duda durante seis años, porque La Pulla no es -ni será- un producto terminado, siempre se acoge a los cambios y se acopla al ambiente.

El rol del periodismo debe ir encaminado a ser más protagónico. No en darle prioridad al periodista, sino que su oficio tenga las garantías e importancia merecidas. La variedad de formatos creativos (podcast, video, multimedia, entre otros) junto con el valor investigativo, son los dos ingredientes para nutrir a la población -y al mundo- acerca de lo que ocurre en el entorno y darle sentido a la toma de decisiones; ser sujetos activos, los cuales confronten, interpelen y se “hagan sentir” contra los poderosos.

“Soy mala consejera”, inicia diciendo Baena al pensar qué consejo darle a quienes deciden estudiar periodismo. Más allá de ser una recomendación profesional, es para la vida. Ella explica que no hay motivo para rendirle cuentas a nadie, ser fiel a sus coherencias y principios, no traicionar y cumplir activamente con la denuncia de injusticias.

La trayectoria de María Paulina Baena y su mayor acierto (La Pulla) son muestra de los alcances al ejercer periodismo crítico y sin tapujos. No es error pellizcar a políticos, empresarios y demás actores; al contrario, es de las mejores cosas en este oficio y en especial en la sociedad. A su vez, el trecho para resignificar los espacios de la sociedad con inclusión es complejo y lejano, pero ella es una voz esperanzadora para lograrlo.


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