Facultad de Comunicación Social - Periodismo

Los senderos ocultos

Bogotá, como exponente turístico, tiene una atractivo que no ha recibido el mérito suficiente: los caminos ecológicos de los cerros orientales.

Reportaje escrito realizado para la clase de Taller de Géneros Periodísticos (cuarto semestre, 2022-1), con el profesor Fernando Cárdenas.

Son las siete de la mañana y junto a mi padre esperamos la ruta 120 del SITP para llegar hasta la Avenida Circunvalar. Desde el barrio Galán, en Puente Aranda, nos espera un recorrido de 40 minutos. Atravesamos diferentes partes de la ciudad: la zona industrial, San Andresito de la 38, la calle 19 desde el extinto centro comercial Calima hasta el barrio Las Nieves. Tomamos la Circunvalar por La Macarena y pasamos sobre la calle 26, retomamos el camino de la montaña hasta lograr bajarnos en el paradero de Monserrate.

Caminando apenas unos cuantos metros llegamos a la entrada del Sendero Ecológico San Francisco – Vicachá. Nuestro aliento refleja el frío de la mañana y ante nosotros se encuentran las imponentes montañas de la ciudad, verdes, refrescantes y llenas de vida e historia. Ya adentro iniciamos la aventura de recorrer las venas desde las que nació la capital colombiana.

Bogotá es una ciudad a 2.600 m.s.n.m. sobre la cadena montañosa de la cordillera de los Andes. Al ser construida sobre una sabana es delimitada por las montañas que la rodean y esto hace de sus alrededores un atractivo visual tanto para locales como visitantes. Y aprovechar esa particularidad de la ciudad es un proyecto que no se ha considerado y podría traer una nueva oportunidad de inversión, desarrollo y turismo para la ciudad y sus ciudadanos.

Antes de hablar sobre el potencial turístico de los cerros de la ciudad, hay que entenderlo desde el contexto actual. Donde si bien ha habido cambios y acciones importantes para su conservación y protección. Situaciones como la aprobación de licitaciones para la construcción en zonas protegidas y la inseguridad que se ha desarrollado en el imaginario público son problemáticas que se deben atender si se quiere transformar su función.

–  Hoy por hoy los cerros como estructura ecológica principal de Bogotá están aislados y no se les reconoce la importancia vital que tienen – explica Daniel Ramírez, arquitecto y Magíster en planificación urbana y regional -. Es un ecosistema muy frágil y en materia ambiental las administraciones pasadas no le han dado el suficiente valor primordial.

Visitar estos espacios tiene su encanto. Son territorios característicos donde se puede disfrutar de ecosistemas como el bosque alto andino y el páramo. En el caso del sendero San Francisco -Vicachá, durante el recorrido de escaleras interminables que se complican cada vez más por la falta de oxígeno a causa de la altura. Se escucha constantemente la caída de agua del icónico río San Francisco, el cual permitió desde hace siglos la manutención de grupos indígenas y la formación de los primeros poblados que más tarde se convertirían en Santa Fe de Bogotá.

Por lo que el papel que cumplen los senderos ha sido elemental a la hora de restablecer ese valor a los cerros de Bogotá, lo que ha permitido atraer la atención de quienes visitan estos espacios –algo que menciona Daniel Ramírez – ya que, durante la última década, la visita a estos lugares ha ido creciendo. Un claro ejemplo es la quebrada La Vieja, donde se desarrolló un fenómeno de sobrepoblación de la actividad turística. Al punto que las entidades tuvieron que intervenir y desarrollar estudios técnicos para saber cómo poder abordar el turismo sin perjudicar el ecosistema, agrega.

“El aporte de los senderos a los cerros de la ciudad es muy importante ya que son espacios de esparcimiento y conexión con la naturaleza, algo necesario en una ciudad con ocho millones de habitantes y donde hay pocos espacios para este tipo de prácticas”, destaca Fernando Portela, biólogo y educador ambiental del Jardín Botánico. Esto resalta una vez más la importancia de estas áreas para la ciudad y cómo el interés de los visitantes ha venido creciendo últimamente. Recorridos que pueden atraer diversos nichos turísticos pero la poca promoción que poseen impide que esto ocurra.

-La conciencia ambiental que forman los visitantes hace que puedan compartir la experiencia voz a voz.

Para lograr esto es importante la apropiación de estos espacios en la identidad bogotana. Si se reconocen estos senderos como referentes para la ciudad, la atención, concientización y cuidado que haya sobre ellos sentará las bases para convertirlo en un punto turístico.

“Los cerros son parte de Bogotá y no debemos alejarnos de ellos. Debemos sensibilizarnos alrededor de su cuidado”, resalta Ivonne Acero, licenciada de biología. Como hija de la Candelaria y amante de los cerros trabaja constantemente en hacer seguros estos lugares para los visitantes. “Entre el Jardín Botánico y el acueducto de Bogotá se hizo un convenio para crear caminos seguros para que la gente pueda recorrerlos, disfrutar de la naturaleza y recordar que somos parte de ella”, agrega ella.

Juana Palacios, una campesina que vive en los cerros de Bogotá es una de las muchas beneficiadas de este tipo de proyectos gracias a los permisos recibidos por parte de la alcaldía. Ella junto a su hijo ha podido vender a los turistas y locales que llegan al sendero Francisco – Vicachá los alimentos que produce en su finca: leche, cuajada, queso, frutas, postres y mucho más. “Poder vender en estos senderos hermosos productos del campo ha sido una bendición”.

Poder llevar a cabo un proyecto donde pueda hacerse de estos senderos ecológicos un fuerte atractivo turístico para la ciudad efectivamente traerá grandes beneficios sociales, culturales y ecológicos (con total responsabilidad ambiental). Ejemplo de esto son los malecones de ciudades costeras, algo que lleva a preguntarse por qué Bogotá no puede tener un fuerte sistema de senderos integrados que trabajen con las comunidades a lo largo de sus cerros. Algo que traerá un gran desarrollo para la ciudad, generará empleos, fortalecerá la seguridad y promoverá la conciencia ambiental. Pero precisamente como menciona Daniel Ramírez: “es un proyecto que requiere de mucha voluntad”.


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