Facultad de Comunicación Social - Periodismo

Diccionario de la pandemia: Educación

La vida cambió rotundamente en 2020. Nuestras formas de estudiar y aprender también se han transformado en los últimos meses.

Diccionario realizado para la clase de Lenguaje Escrito II (2020-1, segundo semestre), con el profesor Juan Sebastián Jiménez. 

Esta semana llega la tercera entrega del diccionario que los y las estudiantes de Lenguaje Escrito II construyeron a partir de la redefinición de diversos conceptos a la luz de la coyuntura actual.

Esta vez, las reflexiones giran entorno a la educación, cómo cambió, cómo se ha adaptado, qué demanda de estudiantes y profesores, las inequidades que ha evidenciado y las necesidades latentes a las que nos enfrentamos, entre otras.

Si se perdió alguna de las entregas anteriores: vea aquí la definición del amor; y aquí, la de familia. Espere cada semana una nueva entrada de este diccionario.

El privilegio de estudiar

Por Daniela Valentina Velandia Puerto

El estudio es uno de los aspectos más importantes actualmente, desde niños nos inculcan que si queremos ser “alguien” en la vida debemos esforzarnos estudiando desde pequeños. A la corta de edad de cuatro años, los niños entran a jardines donde aprenden a escribir y leer, los colores, algunos números, cosas básicas pero necesarias para el colegio, donde una persona pasa aproximadamente once años, llenándose de conocimiento. En el hipotético caso que se tenga la oportunidad de estudiar, se debe ser consciente de que alrededor del mundo, muchos niños y adolescentes no tienen dicha oportunidad, que a pesar de ser un derecho se convierte en privilegio.

Estudiar en Colombia es un privilegio. Alrededor de 1.5 millones de niños, niñas y adolescentes entre 5 y 16 años no estudian por diferentes razones, afirmó Unicef. Ana María Rodríguez, una especialista de educación de Unicef en un artículo de Guía Académica del Tiempo Casa Editorial, afirma que a pesar de las unidades de educación gratuitas en el país, las familias no tienen para acceder a uniformes o útiles escolares, adicionalmente, en algunas regiones, una gran parte de colombianos subestiman el valor del estudio, lo que conlleva que los niños no le encuentren el valor a aprender.

Datos de Unicef revelan que de cada cien estudiantes que entran a primer grado, solo 46 personas llegan a último grado sin repetir o abandonar algún año. De los estudiantes que completan sus estudios y presentan el ICFES, solo el 54% de jóvenes de educación pública sacan puntajes mínimos de cada competencia.

Aun así, otra gran parte de colombianos de bajos recursos acceden a esta educación pública, con dificultades; sin embargo, los niños son educados por profesores de calidad, donde cada colegio les ofrece almuerzo a sus estudiantes; son bastantes los niños que asisten diariamente al colegio.

Ahora teniendo en cuenta la situación por la cual millones de niños colombianos pasan día a día en condiciones “normales”, actualmente con la pandemia que está viviendo el mundo, se dificulta este aprendizaje; la opción más viable que el gobierno colombiano ha impulsado es la educación virtual. A pesar de que se conocen las condiciones en que viven, muchos de ellos no tienen las capacidades de acceder a un computador o alguna red de wifi. Muchas de las familias son trabajadores que viven del trabajo informal o el del día a día; con la situación en la que nos encontramos las probabilidades de que estas personas puedan acceder a esta educación es muy baja.

La desigualdad es romantizada por los medios, los niños no están estudiando y no tienen forma de hacerlo, apenas tienen para subsistir a diario, muchos no tienen un techo fijo, y por la situación es trabajar complicado.

El estudio, ahora más que nunca, es más que un privilegio. Los medios muestran a los niños creando computadores de cartón o madera y la población se enternece ante tal situación de pobreza. ¿Dónde está el Estado y sus ayudas? ¿Dónde están los impuestos de los bogotanos? El estudio debe ser para todos y el gobierno, como derecho fundamental, debe garantizarlo. El estudio no es para unos pocos, es para todos los niños y jóvenes. La futura Colombia depende de las próximas generaciones, de personas que deben conocer las realidades que pasa la población menos privilegiada, no los colombianos sesgados que desde niños lo tuvieron todo. Los próximos colombianos deben estar educados.

 

Una crítica a los estudiantes en cuarentena

Por Laura Esperanza Rodríguez Mendoza

Definición: educación es un aspecto esencial del ser humano que puede ser aplicado a cualquier situación o aspecto de la vida, formándonos con habilidades y capacidades que luego podemos aplicar en la vida cotidiana.

La educación, que palabra tan difícil de describir, ya que puede ser tomada por muchos ámbitos, desde muchas perspectivas. Sobre todo, en el colegio, la educación de cada persona a lo largo de su vida ha sido diferente, dependiendo de la institución, el nivel económico, y por supuesto, los maestros que haya tenido. No obstante, la vida académica cambia cuando entramos a la universidad, una de las mejores etapas de la vida. Pasamos de ser niños a convertirnos en jóvenes responsables, maduros académicamente, que saben por qué y para qué están estudiando lo que decidieron estudiar, bueno, se supone que debería ser así.

Nos cambia la vida, nos hace verla de una manera distinta porque en nuestras clases vamos a encontrar puntos de vista y estudiantes completamente distintos a nosotros. Ahora nos toca decidir autónomamente si queremos entrar a clase, si queremos prestar atención o si simplemente estamos malgastando nuestro dinero, porque no vamos a negar que, sí, la educación superior cuesta, y mucho. Nos hace madurar, pues tenemos una nueva etapa de la vida, nuevos métodos de estudio, menos copiar y pegar y más análisis de la situación real de los contenidos y del país. Nos acomodamos a un método de estudio más exigente, de un ritmo más fuerte, y sobre todo, más autónomo. Nos acostumbramos a una vida en la universidad y a lo que esto conlleva, hasta que llegó la contingencia mundial con la COVID-19 y nos hizo trasladar la universidad a nuestros hogares, ¿cómo estamos llevando el estudio en nuestras casas?

La cuarentena nos ha dado la misma perspectiva, es un nuevo modelo de vida. No solamente para los estudiantes sino para los profesores, niños y todas las personas que nos rodean. La cuarentena nos ha dado nuevas responsabilidades y pues, una nueva adaptación a lo que conocíamos como nuestro método de estudio. Se pausaron los salones llenos de personas, los profesores escribiendo en un tablero, estudiantes que dormían en las clases y hasta la copia en algún examen con el compañero de al lado. El confinamiento nos puso sobre la mesa el estudio y la formación académica individual, es decir, el profesor, el tema de la clase y el alumno. La autonomía, las ganas, el empeño y la madurez que tengamos para afrontarlo salen a la luz y se convierte en una decisión netamente nuestra. Nadie nos va a decir en la mitad de la clase que dejemos de estar en el celular o que dejemos de hablar con el compañero, sino que nos toca a nosotros mismos como estudiantes ser lo suficiente autónomos y maduros para saber si aprendemos, si estamos ganando algo, pero que, si pasan las semanas y por nuestra culpa y actuar no aprendemos nada, somos nosotros los que estamos perdiendo.

Existen muchos tipos de estudiante, pero es en esta cuarentena en donde cada uno saca a relucir qué tipo de estudiante es. No podemos negar que muchos estudiantes no tienen ni idea de cuánto están pagando por su semestre y que no les interesa saberlo, y también sabemos que hay algunos que no tienen los recursos para recibir bien sus clases. Claramente no ha sido fácil para nadie, sabemos que es una situación complicada y que tanto para los profesores, como para los estudiantes, el enseñar y aprender de esta manera no es el ideal. Sin embargo, ¿cuántos de nosotros realmente éramos lo suficiente maduros y autónomos en una clase presencial? O ¿hacíamos lo que hacíamos por el profesor, por los papás o por nosotros mismos?, y puede sonar cliché y frase de mamá, pero ¿éramos conscientes de que lo que hagamos hoy se verá reflejado en un trabajo o en un ingreso de dinero en el futuro?

Cada uno tiene una vida completamente diferente, espacios diferentes, personas a su lado diferentes. Cada estudiante tiene su personalidad y lo que esté sucediendo en su vida y en su casa afecta directamente su parte académica, eso no lo podemos negar y es de vital importancia. Pero, lo ideal en estos momentos es ser conscientes y no conchudos. Suena un poco fuerte, pero así lo es. Si realmente nos gusta lo que estamos estudiando, no deberíamos estar perdiendo tiempo y dinero cuando podemos mirarle un lado positivo en este momento de crisis y realmente ser un estudiante, no una persona más que se sienta en un salón de clase o en estos casos frente a un computador. No podemos pedirle a un profesor que haga un cambio de 180 grados en su clase si no vamos a corresponderle; no podemos decir que nos da igual que otros compañeros no puedan recibir las clases mientras nosotros tenemos cuatro computadores, una tablet y un celular de última gama en la casa; pero sobre todo, no es lo suficientemente maduro decir que no entendemos nada, que nos sentimos agobiados y que no nacimos para una clase así, cuando estamos 7 de las 8 horas de clase del día, pegados al celular sin siquiera prestar atención.

No es momento de juzgar, pues como lo dije antes, cada vida es diferente. Pero sí es el momento de tomar decisiones propias que probablemente no parezcan importantes ahora, pues “no importa, es solamente una clase, mejor me voy a dormir”, pero luego nos vamos a estrellar contra la realidad de que el tiempo pasó y lo desaprovechamos. Cada uno decide. La cuarentena nos ha cambiado la vida en diferentes aspectos y la educación es uno de los principales. Cada uno toma la decisión si seguir siendo parte de los que solo se quejan y creen que son “maduros y autónomos” por estar en una educación superior, los que aún creen que están haciendo las cosas por los padres o por que el profesor los vio y los va a regañar, o en los que realmente están haciendo un esfuerzo por aprender, sea de la manera que sea, y le sacan provecho a esta educación, que en nuestro país, no todos tienen la posibilidad de acceder a ella.

 

La educación en tiempos de Coronavirus

Por Andrés Felipe Ruano Castillo

La educación es el pilar de una sociedad, sin ella países, e incluso continentes enteros, no podrían jactarse de lo que son ahora y es que la educación ha jugado un rol básico e importante en el crecimiento de los aspectos sociales, culturales, políticos y económicos de una nación. En la mayoría de las ocasiones es la educación la que define el potencial y el alcance de un grupo social, es por eso que más y más gobiernos alrededor del mundo buscan mejorar la educación para obtener un mejor desarrollo de sus habitantes.

La pandemia del Coronavirus ha atacado con mucha fuerza a todo el planeta tierra y de una forma muy inesperada, de tal forma que los gobiernos y las instituciones académicas de todos los niveles tuvieron que improvisar y dar una respuesta casi de inmediato para mantener sus actividades académicas y al mismo tiempo preservar la salud y el bienestar de los estudiantes de dichas universidades, colegios, etc. Una gran ventaja que poseen los establecimientos académicos es el gran desarrollo tecnológico que se encuentra en la actualidad; esta tecnología es de fácil alcance y puede llegar a los lugares más recónditos del mundo; es por eso que la solución a las dificultades académicas que se podían presentar en estos tiempos tan difíciles era obvia, las clases y cursos de educación de todo tipo debían ser por internet y a través de la tecnología.

Las clases en línea se llevan desarrollando desde hace ya varios años, universidades de países como España, Estados Unidos, Francia y demás ofrecen cursos de posgrado y otros tipos de cursos a través de internet para que personas de todo el mundo pueden desarrollar estos curos y obtener dichos títulos; incluso en Colombia universidades como Externado, Andes y Javeriana, ofrecen cursos de posgrado y maestría para interesados no solo fuera del país, pero también dentro de los departamentos de Colombia que sientan algún tipo de atención a estos títulos, pero no tengan la posibilidad económica de viajar a la ciudad.

Existen opiniones divididas frente a la eficacia de las clases en línea. Hay personas que están a favor de esta modalidad ya que creen que las clases pueden llegar a ser más dinámicas e interesantes para los estudiantes y que se hace más fácil el aprovechamiento de recursos como blogs, videos, páginas de internet, etc. en los cuales la gran parte de jóvenes y niños se encuentran interesados. Por otro lado, están las personas que creen que las clases virtuales realmente no han aportado nada y sienten que más bien ha empeorado su proceso académico. Mala conexión, dispositivos de baja calidad, falta de compromiso tanto estudiantil como docente e incluso personas que no llegan a tener el acceso a internet por una u otra razón, son algunas de las desventajas que presentan llevar clases en línea y que imposibilita al estudiante llevar una óptima carrera académica como lo hacía de forma más específica cuando se podían llevar clases presenciales.

Profesores, estudiantes, padres de familia, gobiernos, instituciones han presentado las ventajas y desventajas que conllevan las clases por internet.  Como todo el cambio que se ha presentado durante la pandemia por la COVID-19, no ha sido fácil adaptarse y a pesar de la velocidad que ahora niños y jóvenes tienen para manejar la tecnología que los rodea; no es sencillo adaptarse a un cambio tan drástico y sobre todo inesperado.

Solo el tiempo dirá qué tan acertado fue tomar esta opción ya que lleva poco tiempo en marcha a un nivel de uso tan masivo como el que se le está dando ahora. Se debe estudiar cuál es la mejor opción, si seguir con clases en línea el tiempo que sea necesario y que la pandemia lo amerite o cambiar y buscar una nueva opción para que todas las personas que estén involucradas en el mundo académico se vean beneficiadas; por ahora lo mejor para la educación, como todo en tiempos de pandemia, es una incertidumbre.

 

Clases virtuales: el futuro de la educación

Por Jenny Lorena Villalba García

Definición: zoom es un puente que permite transmitir el conocimiento y unir las relaciones humanas, por medio de una pantalla.

Antes, se pensaba que la forma con la que se educaba en los colegios, universidades, etc., tenía que ser de forma presencial, puesto que el sistema había establecido esta forma de educación, sin embargo, a causa de las nuevas generaciones y de problemas que se salen de las manos de la educación, cada día es más común ver a un niño tomando clases desde la comodidad sus hogares, utilizando plataformas virtuales.

Para muchos, la educación tiene que plantearse de forma presencial, ya que se cree que para el estudiante es realmente importante la interacción que este tiene con sus profesores y compañeros, por esto la idea de una educación, por así decirlo, a distancia no era algo que se veía posible, pero esto ya no es así.

Ahora, la educación virtual ha tomado fuerza gracias a que los niños y familias tienen necesidades diferentes, por lo que necesitan servicios que se adecúen a sus necesidades; esta es la gran diferencia entre la educación virtual y la educación personal. En la educación virtual se preocupan más por las necesidades de sus usuarios, ya que estos pueden ofrecer horarios más flexibles, plataformas más accesibles como Zoom, Google Classroom, etc. y con esto enseñar con más tranquilidad.

En los últimos años, la educación virtual ha logrado superar la brecha entre educación virtual y presencial, pues, según datos recientes del Ministerio de Educación Nacional, “el número de matrículas de educación superior, modalidad virtual, ha evidenciado una tasa de crecimiento desde el 2011 (13,6 %) hasta el 2014 (9%). Aunque en 2015 la tasa de crecimiento de las matrículas se moderó, en 2016 volvió a repuntar hasta llegar a 98,9%”, esto demuestra que las nuevas generaciones tienen una nueva perspectiva de la sociedad.

Con todo lo anterior, es importante aclarar que no porque muchos estudiantes estén prefiriendo la educación virtual significa que la educación presencial termine, puesto que, aunque muchos niños logren adaptarse a esta plataforma, no quiere decir que todos los niños tengan la misma concentración, los mismos equipos y no requieran de la misma atención que un entorno estudiantil les brinde.

Sin embargo, se tiene que destacar que no es lo mismo tener siempre clases virtuales a que por alguna razón sea necesario utilizar esta plataforma de la nada, ya que ni los estudiantes ni los niños están acostumbrados a esta, por lo que no saben cómo manejarlo, pues como lo comentó una madre de una niña estudiante de quinto grado, en una entrevista al periódico El Tiempo, “lo que hace la profesora es dejar trabajos por WhatsApp. Es decir, no hay clases. Esto es un problema porque dudo que esté aprendiendo por hacer sopas de letras, colorear y llenar crucigramas. Ella está ya en segundo de primaria y hay temas que debería estar aprendiendo y no lo hace”.

A causa de lo anterior, es fácil ver que las familias de los niños estudiantes se sienten con más carga académica estudiando desde sus casas, por esto la idea de esta forma de aprendizaje sigue siendo rechazada por la población, puesto que es necesario que los niños se esfuercen más y esto no es algo que les agrade a estas familias.

Para concluir, como lo hemos visto, la educación virtual tiene sus ventajas y desventajas, por lo que el uso de esta no se puede generalizar; siempre va a haber niños que no logren tener la suficiente concentración para poder rendir de la mejor manera en esta plataforma, puesto que para ellos es más fácil estudiar con ayuda de un entorno escolar, todo esto sin demeritar la extraordinaria labor que ha logrado la educación virtual con muchos de sus estudiantes.

 

La educación en cuarentena

Por Felipe Marulanda Torres

Habitualmente tildamos la educación en Colombia como un tema delicado, pues no se considera buena ni efectiva; en el primer juicio ya se omiten los aspectos desde los que se juzga nuestra educación y empezamos a hacer parte de lo colectivo y poco objetivo, aquello que es el resultado de repetir lo que otros dicen, ignorando lo que en realidad sentimos y perdiendo la posibilidad de analizar a fondo nuestro sistema educativo.

Para poder realizar este análisis, deberíamos tener factores claros, como lo son el modo de evaluación y las distinciones que existen en el país, de esta forma puede ser un análisis coherente y congruente con lo que esperamos de la educación, así mismo evaluar una generalidad de lo que en realidad significa la educación y el propósito que tiene con nosotros y con todos aquellos que tienen el privilegio de estudiar, y aunque no debería ser un privilegio, recordemos que, en Colombia, no todas las personas tienen acceso a esta, es por esto que se debe entender la educación como un factor común de quienes acceden a ella, con esto se pueden clasificar las distintas clases de educación que se brindan en el país y la manera en la que los estudiantes corresponden a ellas.

De esta forma podemos iniciar entendiendo que, al estudiar, se hace un pacto de parte y parte en el que se espera, pero también se brinda, y para nadie es un secreto que en Colombia los estudiantes no son conscientes de esto, no se percibe tal compromiso con el estudio y de esta forma se incumple el pacto.

Para muchas personas el estudiar es una obligación y no una ilusión, la duda intelectual es un tema que no se promueve en los más jóvenes y como resultado de esto, se ven personas faltas de ganas de aprender. Si bien esto afecta directamente a la educación, también afecta a los maestros, pues se pierde parte de la motivación de impartir correctamente la información y el conocimiento.

Ahora, es un hecho que la pandemia ha afectado a todos los estudiantes de una u otra forma y así mismo se ha visto perjudicada directamente de una forma nunca vista.

Lo que algunos llaman “virtualización”, hace referencia a un tipo de enseñanza remoto y que no se había practicado antes. Los colegios y universidades no estaban preparados para un cambio drástico y tan repentino, de esta forma se pueden observar innumerables fallos en este proceso de transición en el cual no se habían contemplado los obstáculos que pueden tener los estudiantes para poder tener una educación óptima.

Colombia es un país en el que existe mayor porcentaje de pobreza que de buenas condiciones para quienes trabajan en diferentes sectores y carecen de oportunidades. Es por esto por lo que los inconvenientes para acceder a internet, tener un computador, tener un espacio indicado para aprender desde casa, y otras muchas cosas, se ven perjudicados en muchas familias, es por esto que el cambio ha sido bastante complicado, incluso en muchas personas que deben compartir estos implementos con los miembros de su hogar.

Es por esto que no se puede ejercer un juicio tan drástico al juzgar la educación del país, pero sí se debe iniciar un proceso de cambio en la mentalidad para futuras generaciones y en el que se exija y se siembre aquella duda intelectual que se verá reflejada en todos los aspectos educativos tan necesarios para todos. Empezar a cumplir el acuerdo que se genera como estudiante y que la responsabilidad se siembre en todos.

Es así como la educación puede empezar a mejorar y cumplir con los requisitos de todos y en los que se pueda tener estudiantes integrales que sean unos grandes profesionales y que estén dispuestos a aprender por voluntad y no por obligación.

 

Educación en tiempos de pandemia

Por Estefanía Arteaga Guerrero

Para nadie es un secreto que el coronavirus, también llamado Covid-19, ha traído cambios en la vida de todos, pero uno de ellos y de los más significativos ha sido el sistema educativo, ya sea colegio o universidad, puesto que ahora el lugar de estudio y el hogar se han vuelto el mismo. Lo que antes para muchos era salir de casa, tomar un respiro, cambiar de ambiente, casi que de un momento a otro cambió y es simplemente lo mismo todos los días.

El pasado 6 de marzo llegó el famoso Coronavirus a mi país, Colombia, lo que me permitió tener una semana más de clases presenciales, es decir, pude asistir normalmente hasta el 13 de marzo, esa semana no se sabía qué iba a pasar, este virus era tema de conversación en todo lado. Después de que las autoridades dictaran cuarentena obligatoria ya era seguro que el semestre terminaría de manera virtual, por lo tanto, la semana del 16 al 20 fue para que todos aprendiéramos a manejar la plataforma “Zoom” por la cual íbamos a continuar nuestras clases.

Mi primera clase virtual fue a las 7 de la mañana, me levanté una hora antes para tener tiempo de arreglarme, desayunar, tender la cama y esas cosas. La clase fue de cierta manera divertida, ya que la mayoría prendimos la cámara, participamos, mejor dicho fue una clase didáctica a pesar de la distancia; así fueron por mucho las dos primeras semanas, pero a medida que fue pasando el tiempo cada vez tenía menos ganas de entrar a clase, ya no me levantaba una hora antes sino 10 minutos, ya nadie participaba, solo para decir “hola, profe”, “sí, si se escucha” y “hasta luego, profe”. En su momento llegué a pensar si aplazar el semestre era la mejor opción, pues ya no era tema de si era virtual o no, era simplemente que no estaba aprendiendo.

Sin embargo, honestamente creo que ese es el verdadero problema, el desinterés por parte de nosotros los estudiantes, y sí, digo nosotros porque no soy la única que se queja y se queja que no está aprendiendo nada, pero tampoco hace algo para mejorar,  así mismo de parte de los profesores (no todos) que no se preocupan por si realmente estamos entendiendo algo de lo que dicen, o de si eso que nos están “enseñando” nos servirá para el día de mañana.

Sin duda este ha sido el cambio más difícil para todos, pero somos los que decidimos adaptarnos de la mejor manera a este, de entender que es algo nuevo para todos, pero que al final somos nosotros, los estudiantes, los que permitimos y normalizamos una educación mediocre, porque si no hablamos y expresamos nuestras inconformidades, si solo nos quedamos con esas pequeñas cosas que nos brindan los profesores y no vamos más allá,  nadie más lo hará y básicamente todo seguirá igual, pero lo peor es que los que profesores piensen que no pasa nada o puede que tal vez lo sepan pero esperen a que nosotros actuemos para tomar decisiones.

Finalmente nadie sabe  en qué terminará este sistema educativo por el que estamos pasando, pero sí espero que sea otro, que este cambio sirva para reflexionar sobre el ritmo, no solo académico que llevábamos, sino en general, el que nos tenía pasmados, sin creatividad alguna, haciendo cosas por cumplir y no por disfrutar de las mismas,  para empezar a valorar el esfuerzo que hacen los profesores para dictar una buena clase (vuelvo y repito: no todos), que esta crisis que estamos atravesando sea para construir algo mejor empezando por la educación ya que esta es la base del buen funcionamiento de la sociedad.

 

Estudiar para generar dinero, el gran mito

Por Natalia Andrea Carvajal Rodríguez

Estudiar se ha vuelto en la sociedad una forma de tener poder y una jerarquía ante las demás personas; sin embargo, en mi opinión eso ha ido cambiando a lo largo de la historia. Por ejemplo, mi hermano prefirió no estudiar en la universidad y el dinero lo destinó para invertir en un negocio, le ha ido muy bien, y en sus planes a futuro está estudiar para tener una educación.

Se planteó por mucho tiempo que estudiar era sinónimo de ganar dinero, pero eso ha cambiado y para generarlo no es necesario estudiar, acá pongo otro ejemplo, mi abuela, ella llegó a cursar hasta tercero de primaria y sin ayuda de sus padres, ya que a sus ocho años de edad quedó huérfana, y eso la obligó a trabajar para tener qué comer y dónde dormir. Hoy en día, cuenta con una empresa de taxis, tiene propiedades en seis ciudades de Colombia y ha viajado por todo el continente europeo y americano; ella sí que ha sabido administrar, disfrutar e invertir su dinero sin un estudio previo.

Sin embargo, hay otras personas como yo, que creemos que el estudio sí es indispensable para la vida. Yo creo que el estudio, aparte de dar un título para poder trabajar en el ámbito de preferencia, nos educa y nos enseña a sabernos comportar en una sociedad. Además, me gusta no sólo por lo que vaya a conseguir a futuro graduándome, sino por  disfrutar cada etapa de mi vida, por ejemplo, la universidad es una muy importante en donde además de aprender, consigues amigos y sales de fiesta.

En esta, a diferencia del colegio, se tiene la oportunidad de estudiar lo que se desea. Recuerdo que a mí me encantaba ver la clase de español, además de que era muy buena y  el profesor me quería por mi participación, pero, odiaba la de matemáticas y no tenía más remedio que verla, estudiar hasta con las uñas (como se diría coloquialmente) y cumplir con los trabajos para pasar el año; además, no sé si les pasa a ustedes, mis queridos lectores, pero los profesores son extremadamente aburridos y sociópatas, creo que esta es mi mejor definición para ellos. Era frustrante estudiar algo que no quería y que a la final sabía que lo olvidaría, como la famosa álgebra de Baldor y sus binomios cuadrados perfectos.

Esto para decir que hoy en día no tengo que preocuparme por ver algo que no me guste, desde que yo era pequeña supe lo que quería estudiar y cuando lo hice, reafirmé que esto es lo mío: el periodismo. No todos en mi familia tuvieron esta misma ventaja, mi otro hermano, el mayor, cambió tres veces de carrera hasta que encontró su pasión, hoy en día es un gran piloto comercial y esto lo satisface realmente, claro está, sin olvidar que su indecisión temporal causó un gran estrés en él y en nuestros padres.

Estudiar lo que apasiona es una gran oportunidad que hay que aprovechar y que no todos tienen la posibilidad de hacer, por diferentes factores como la economía o la tradición cultural de las familias que prohíben ciertas conductas. Por eso, mi invitación es para todo aquel estudiante que va a clases por cumplir una normativa, llegar a tener un título universitario para ejercer su carrera y seguir el círculo de la vida: nacer, estudiar, trabajar, reproducirse y morir.

No, no nos permitamos seguir con lo que nos disgusta, disfrutemos cada etapa, arriesgarse en la vida y generar cambios es parte de saber vivirla y disfrutarla. Hoy me despido con la frase de Sylvester Stallone, “si vas a ser un fracaso, al menos sé uno en algo que disfrutes”.

 

Tecnológicamente incapaces

Por Juanita Gómez Garzón

Definición: educación es formar, enseñar o instruir a alguien sobre un tema en específico. La vida es un camino diseñado para la educación, cada día se tiene la oportunidad de aprender algo nuevo. Cuando un país está bien educado sus ciudadanos tienen la capacidad de actuar correctamente y construir un mejor futuro.

La educación ha sido uno de los problemas que durante años han intentado ocultarse en Colombia, sin duda alguna el sistema de educación no es el mejor. Los recursos que el Gobierno Nacional invierte en universidades públicas no son los suficientes para la cantidad de estudiantes que buscan acceder a este servicio, y por llenar un vacío, se abre otro y la consecuencia de esto es el mal estado en el que se encuentran las instituciones educativas.

El coronavirus fue la gota que rebasó la copa para la educación en Colombia, la llegada de la pandemia ha obligado a estudiantes, tanto de colegio como de universidad, a cambiar su cotidiana educación presencial por una virtual; tras este cambio se han hecho visibles las innumerables problemáticas que tiene Colombia en el ámbito educativo. En primer lugar, la virtualidad ha sido impedimento para que los estudiantes de estratos bajos continúen educándose, a razón de que muchos de ellos no cuentan con las herramientas tecnológicas necesarias para ello, como lo son conexión a red Wifi y un computador. Si bien, en años anteriores el Ministerio de las TIC ha trabajado por ampliar la banda ancha y según sus propias estadísticas 6 de cada 10 colombianos pueden conectarse tecnológicamente, también es necesario continuar trabando para poder llevar conexión a los lugares restante.

Nos hemos acostumbrado a analizar las estadísticas desde el privilegio, dejando de lado a las minorías que buscan incansablemente ser escuchados por el gobierno. De igual forma es importante resaltar que tras la virtualización el gobierno ha intentado enviar computadores e internet a familias de estudiantes de bajos recursos para que continúen con sus estudios durante la pandemia, por medio de una iniciativa de subsidios llevada de la mano con MinTic.

Otra problemática gira en entorno a aquellas familias que solo cuentan con un computador en casa y que por obvias razones no es suficiente para todos. El ejemplo más claro es una familia promedio, estrato 2-3, que usualmente se conforma por los padres y por dos hijos que acceden a la educación, lo cual significa que por causa de la coyuntura actual deben acoplarse a la educación a distancia, pero ¿Cómo estudian los dos si solo cuentan con un dispositivo para hacerlo?

Es claro que Colombia tiene un sistema educativo mediocre e incapaz de ayudar a sus estudiantes a adaptarse a la virtualidad. Pero mucho antes de la llegada del virus ya era así; universidades y colegios se han encargado de educar a personas que hagan parte de la media, que no sobre salen por nada, estudiantes que buscan lo más fácil; este es el propósito de los dirigentes, crear ciudadanos que no cuestionen lo que sucede; por el contrario, que se adapten con facilidad y como solemos decir: “que coma callado”. Los estudiantes facilistas son el resultado de un sistema de educación con la misma característica.

A las nuevas generaciones nos han vendido la idea de que traemos la tecnología incorporada en el ADN, pero hoy es evidente que somos tecnológicamente incapaces. Sin embargo, no somos incapaces únicamente en eso, somos incapaces mentalmente. Como estudiante puedo entender lo difícil que es adaptarse a el estudio virtual cuando durante muchos años ha sido presencial, pero el primer paso siempre es querer… el querer es poder y muchos se han rendido aún sin intentarlo.  Según el doctor Maxwell Maltz en su libro “Psycho Cybernetics”, después de 21 días de estar realizando la misma acción esta se convierte en hábito, es decir, es mucho más fácil continuar y adaptarse a hacerlo; no pienso que el estudio virtual sea la excepción.

Es clave resaltar que el estudio a distancia aumentará la deserción y evitar esto es un trabajo conjunto entre todos; desde la familia de los estudiantes, como los docentes, quienes de igual manera deben adaptar sus metodologías de las clases para hacer que nosotros los estudiantes realmente veamos que la inversión que hacemos en educarnos vale la pena.

Es obvio que el deseo de todos es que esta pandemia termine y no solo en Colombia, sino en el mundo entero, pero mientras luchamos por lograrlo, los estudiantes también debemos luchar por no darnos por vencidos y seguir construyendo, en primer lugar, a nosotros como ciudadanos de bien y así mismo como profesionales. Nosotros somos el futuro del país y estamos haciendo lo mismo que por años hemos criticado, estamos siendo parte del problema y no de la solución.

Entre las cosas que me arrebató la COVID-19, y extraño, sin duda alguna, está la universidad, pero no por las clases, sino por la vida social. Al fin y al cabo, tengo el privilegio de continuar con mi educación y las clases son 100% iguales a las que tomaba en un salón de clases, pero ahora tengo más distracciones, puedo asegurar que esta es la posición de muchos estudiantes… Vivimos en “Locombia”, no nos pueden pedir que pongamos en primer lugar las clases que los amigos.

 

Virtualidad, un mal necesario

Por Juanita Murillo Gómez

Definición: estudiar es un acto voluntario de adquirir conocimiento en un tema que no necesariamente tiene que ser en un salón de clases.

Odié el colegio, el hecho de tener que usar uniforme, no poder tener las uñas del color que quisiera o no poder usar maquillaje era como estar en una cárcel; ser obligada a asistir a misa y tener que ser parte de una religión cuyas reglas no entendía fue ilógico e innecesario, soy de las pocas de mi promoción en no salir del colegio siendo atea. Estoy convencida que cualquier persona que diga que disfrutó el colegio al 100% es una psicópata. Además, entiendo que se deban enseñar materias base, pero no entiendo por qué todos los estudiantes deben soportar ver materias que no van a utilizar. A los que les gusten las humanidades deberían solo enseñarles matemáticas básicas y a los que les gusten las ciencias no deberían obligarlos a estudiar filosofía. Por mi parte, las matemáticas del colegio son como un recuerdo traumático, borroso, que mi cerebro prefirió eliminar y no con mucho orgullo puedo decir que ya ni puedo dividir números largos.

Cuando me gradué, no tenía ni idea de qué iba a estudiar, la presión de pagar un semestre tan caro para luego arrepentirme me llevó a posponer mis estudios universitarios y empezar a trabajar, pero no dejé de aprender, gracias a ese tiempo me di cuenta en qué soy buena y en qué no, me di cuenta de lo que quiero hacer en mi vida y el sentido de responsabilidad que me faltaba.

La universidad para mí es en realidad el lugar donde uno aprende por primera vez. A diferencia del colegio y sus reglas donde todos éramos robots uniformados, la universidad es un espacio para poder crecer como persona, y donde se paga para aprender lo que a uno le gusta. Yo en ningún momento desde que empecé mi carrera he dudado de mi decisión de estudiar comunicación, amo el lugar donde estudio y con quien estudio. Estaba feliz de poder vivir mi experiencia universitaria al máximo, y luego llegó la desgracia. La cuarentena me obligó a solo hacer una cosa: estudiar. Y no es que no lo estuviera haciendo antes, pero era una experiencia completa. En la cuarentena no puedo experimentar la adrenalina de hacer kahoots mientras insulto a mis amigos porque dijeron la respuesta que no era, tampoco puedo ver a mi amiga al otro lado salón sufriendo y rezándole a todos los dioses para que Pacho no la llame a leer su quiz, tampoco puedo verle la cara de decepción a Gabriel cuando ve que estoy intentando cuadrar la cámara con la tapa del lente aún puesta. Todo lo anterior hacía parte de mi aprendizaje, puede ser ilógico, pero era así, ahora simplemente no es lo mismo.

No puedo evitar sentirme ruin y desagradecida cuando sé que los profesores en su mayoría están haciendo un esfuerzo para poder enseñar, que muchos también odian la virtualidad y odian hablar y sentirse cómo Dora la exploradora, sin recibir ninguna respuesta. Me pongo en su posición y sé que solo están intentando hacer su trabajo de la mejor manera y debe ser una total tragedia saber que sus trabajos dependen de un montón de jóvenes indecisos que no ponen de su parte.

La verdad, la virtualidad no hace feliz a nadie, siempre buscamos a quien culpar, nos quejamos del profesor, de la universidad y de los estudiantes, pero en realidad nadie tiene la culpa, si vamos a culpar a alguien es al tarado que se le ocurrió comer sopa de murciélago.

No quiero desperdiciar tiempo, pero tampoco quiero desperdiciar dinero, así que ya tomada la decisión de continuar el otro semestre virtualmente, si quiero estudiar, ahí están las herramientas, puede que no sea la mejor manera de hacerlo, preferiría mil veces estar en salón de clases, pero debo reconocer mi privilegio. Los estudiantes durante la segunda guerra mundial tuvieron que estudiar a escondidas o dejar la escuela para ir a las filas, en Colombia siempre vemos en los programas del domingo el típico niño que tiene que cruzar cuatro puentes mal hechos y arriesgar su vida para llegar a la escuela, la Nobel de la Paz de 2014, Malala Yousafzai, recibió tres disparos debido a su lucha para que jóvenes mujeres pudieran acceder a educación en Pakistán, así que quedarme en mi casa con wifi y clases en línea no suena como un gran sacrificio, solo es un cambio. Si quiero recibir educación de calidad debo ser una estudiante merecedora de ésta.

 

Más que una crisis mundial, es una crisis interna 

Por Nicolás David Tovar Sánchez

La educación se ha convertido en un aspecto fundamental para toda la humanidad, a comparación de hace unos tiempos, para ser exacto, en el siglo XIX y parte del XX, cuando la educación era casi un privilegio que solo podían darse los descendientes de las familias con buenos recursos.

Actualmente, hay algunos países que, al ser un estado social de derecho, deben garantizar el acceso a la educación de todos los niños y jóvenes, pero hay casos, como lo es el de Colombia, que pueda que tenga colegios públicos para garantizar el aprendizaje de la primaria y secundaria, pero a la hora de acceder a la educación superior hay que esforzarse para poder conseguir una de las becas de “Generación E” o “Ser pilo paga”, pero si no se sale beneficiado con alguno de los programas mencionados, hay dos opciones: si se tiene dinero, pagar la privada; o pasar los exámenes para entrar a la pública, que como es de esperarse, iguala y sobre pasa el nivel de la privadas, pero la infraestructura en ocasiones es impedimento para llevar acabo buenos semestres con naturalidad.

Pero ahora quiero contar mi situación, pues resulta que en mi familia no somos ricos, aunque vivimos bien y con algunas comodidades que nos ponen en la clase media – baja, mis papás han ahorrado un dinero que cubriría la educación superior de mi hermana y la mía; sin embargo, el presupuesto para los dos es limitado, pues si se junta todo el dinero cubriría bien la carrera completa de alguno de los dos, pero en eso no habría igualdad y, como es de esperarse, tenemos para cubrir nuestro aprendizaje en los 5 primeros semestres y eso si no le suben mucho a las matrículas, no obstante, los otros semestres son inciertos y, por esta razón, trabajo para llenar mi fondo monetario y poder pagar otros semestres, aunque no me afano porque tal vez el Coronavirus y todos los peligros que se han desencadenado nos maten a todos, pero guardo la esperanza de poder terminar bien mi pregrado y posiblemente acceder a un posgrado sin tener la necesidad de un sugar daddy.

Ahora hablaré un poco de la educación en la cuarentena. Siento que el Coronavirus nos ha dejado muy claro a la humanidad lo dañados que estábamos antes y cómo cambió todo cuando la mayoría de los países entraron en cuarentena. Por fin nos dimos cuenta de lo grandioso que puede llegar a ser el internet y la tecnología puestos en campos como el aprendizaje y el desarrollo cognitivo, aunque, por otro lado, también creo que el virus sacó lo peor de los seres humanos: la envidia, los estereotipos, la poca capacidad de reconocer nuestros errores, la competencia por quién es mejor y a su vez creo que si los países se unieran para encontrar una vacuna para atacar el virus en estos momentos, ya se estaría acercando una vacuna definitiva.

Para esta parte sí me voy a centrar en la educación, teniendo en cuenta que soy un pésimo alumno para las clases virtuales. Este tipo de educación es y seguirá siendo un reto muy grande porque en Colombia no muchas Universidades estaban listas para lo que estaba por venir. Siento yo que se estaba en el conformismo de que las metodologías de aprendizaje por medios presenciales han sido un posible éxito durante tiempos de calma, pero al llegar este momento en el que la Tierra nos dice, y creo que nos pide a gritos, que nos replanteemos como seres humanos, nos puso en un lío grande porque en cuestión de días, administrativos, docentes, estudiantes, y todos los miembros que conforman una institución, tuvieron que buscar los mecanismos para poderle seguir dando curso al semestre o año escolar, a lo que yo lo llamaría una imitación un poco barata de lo que son las clases presenciales.

Respetando el esfuerzo y empeño que se ha puesto en esta educación, en mí veo uno que otro vacío en mi aprendizaje, empezando porque no todo fue claro y en mi caso aún sigo viendo qué depara el tiempo sobre lo que pasará el otro semestre, pero al no tener una adaptación rápida a las situaciones, me ha costado ser resiliente con las clases, sin mencionar la pereza y la irresponsabilidad que me ha dominado (siendo un poco dramático), lo que ha jugado un papel muy malo para mi atención en las clases.

En ocasiones, con el ánimo un poco bajo, procrastino en lugar de hacer los trabajos y las cosas que debo entregar, y me pongo bajo mucha presión para hacer todo bajo reloj, pasando noches sin dormir, no teniendo buenos hábitos a la hora de mi educación. Y es verdad que en mis pensamientos matutinos como, por ejemplo, cuando me baño, pienso en cambiar todo lo que estoy haciendo mal, pero mantener una estabilidad emocional es difícil cuando nunca nos enseñaron a manejarla y creo que es una falla muy grande porque no somos capaces de darnos cuenta de nuestros problemas y dar soluciones.

Por esto me arrepiento por lo que llegué a hacer en un tiempo de entrar a las clases y no participar, dormirme durante las clases, no hacer los trabajos con tiempo y tener que correr después, de cierto modo me dolía lo que le estaba haciendo a mis papás, porque llegaba a pensar lo feo que es ser una carga y que yo no sea agradecido con lo que ellos me brindan. En cuarentena mi relación con ellos mejoró un montón y eso hace que me duela más, y en ocasiones lloro porque me siento impotente de lo que deba hacer, pero el no querer mezclar los diferentes aspectos de mi vida hace que deje cosas para después, que no soluciono, y eso posiblemente más adelante explote, por decirlo así.

Y así como lo dije en algún texto, el hecho de cómo nos vemos y nos tratamos en nuestro interior definirá muchos aspectos del cómo tomamos las cosas en nuestras vidas, pero no me condeno porque soy un humano y no me escondo bajo esta premisa, reconozco mis errores y les doy la cara para arreglarlos, pero lo que más me molesta es que siempre esperamos a que nos estrellemos y todo salga mal para tomar decisiones, y esas decisiones no son buenas en todos los casos, porque no pasan por el filtro de la razón.

Realmente siento que durante esta cuarentena he vivido en modo piloto – sobrevivencia; sin embargo, espero que las situaciones por las que estoy pasando me lleven a replantear lo que soy, mantenerme fiel a mí mismo y mejorando para que en lo que venga posiblemente esté preparado y no me toque volver a pasar por esto, aunque no lo descarto del todo porque, por más perfecto que cada uno de nosotros se crea, tiene algún cabo suelto.

Fue desagradable darme cuenta de que desperdicié la oportunidad de obtener conocimientos como se debe, literalmente me siento como cuando uno termina definitivamente con el tóxico y se da cuenta lo que se perdió, pero me di cuenta de que yo mismo estaba llevando una relación tóxica en mi interior, no obstante, todo es un aprendizaje y pues mejor tarde que nunca.

Para el próximo semestre siento que las cosas serán diferentes, posiblemente con metodologías nuevas, disposiciones nuevas y atenciones a la parte emocional nuevas, y de verdad guiadas a la protección interior.

 

Problemas Virtuales

Por Karen Dahiana Cardona Tique

Definición: estudio es un proceso que se lleva a cabo para aprender y adquirir conocimiento nuevo.

Desde que comenzó la emergencia sanitaria por la pandemia que azota el mundo, muchas

universidades han tomado como medida preventiva para los estudiantes y docentes, tomar las clases de una manera virtual y mediante plataformas que se ofrecen para ese servicio. Aunque por medio de esta medida se intentan retomar las clases de una manera normal, se han descubierto distintos problemas que padecen varios de los estudiantes y uno de ellos son los recursos económicos, además de la tecnología.

Muchos de los estudiantes carecen de buena conexión a internet o de un computador y, si lo tienen, no está en buenas condiciones, ya que se les dañó la cámara o incluso el micrófono para hablar; esto ocurre en varias universidades, además, las clases virtuales no son iguales a las presenciales ya que la metodología cambia y está ocasionando varios problemas en algunos estudiantes e instituciones universitarias.

Los estudiantes prefieren trabajar de manera individual, ya que realizar los trabajos o actividades en grupo que involucran varias personas se ha convertido en una situación difícil para estar de acuerdo en cuanto al tiempo o tema para elegir, pues no todos cuentan con una conexión buena de internet ni con la tecnología apta para reunirse.

Algunos de los estudiantes han manifestado problemas psicológicos, además de tener frustraciones por trabajos y la falta de tiempo; estas son causas que llevan al estudiante a desertar de las clases en línea, incluyendo en este semestre, pues adaptarse a esta nueva metodología no ha sido fácil y muchos de los estudiantes manifiestan que no están aprendiendo nada en clases, ya que su disposición es afectada por no entender, por la pereza de tomar la clase o incluso porque la distracción de tomar su clase en la casa y no en los espacios o aulas de la universidad es muy alta. Lastimosamente, la pandemia nos ha demostrado que la educación en Colombia no está preparada para esta situación u otra similar debido a la ineficiencia de las clases en línea.

Otro aspector de la educación que se muestra afectado es la ineficiencia de las clases virtuales para algunas carreras, las cuales necesitan ser de manera presencial ya que constan de prácticas en los edificios de su universidad, como estudios fotográficos en comunicación, o medicina, también cualquier carrera que conste de hacer laboratorios y, por último, las especializaciones, todas estas se han visto afectadas y hacen que su carrera no sea la misma o que sus estudiantes estén desmotivados.

Aunque es un desafío tanto para estudiantes como docentes, muchos profesores han tomado capacitaciones y han preparado de una mejor manera sus clases para adaptarse a esta nueva forma de educación, pero para ellos también es agotador y difícil.

Los problemas abundan en las zonas rurales donde viven los estudiantes, pero han logrado superar algunos obstáculos. Tal es el ejemplo de un estudiante de ingeniería de sistemas, Tomás Gutiérrez, de 18 años de edad, en el Piñón, Magdalena, que sin internet, computador ni celular para recibir su clase, se subía a un árbol con un celular prestado de su prima, para tener una mejor señal, y poder, ante cualquier circunstancia, tomar su clase. Desde un árbol, estudiante de ingeniería de sistemas recibe clase virtual. (2020). El Heraldo. Recuperado de https://www.elheraldo.co/magdalena/desde-un-arbol-estudiante-de-ingenieria-de-sistemas-recibe-clase-virtual-720611

Éste es un ejemplo en el que la actitud y las ganas son importantes en las clases virtuales, pues, aunque muchos no cuentan con los recursos, intentan de cualquier manera llevar bien esta situación, al igual que los profesores intentan adaptarse y prepararse.

 

Estudiar en plena virtualidad (más complicado de lo que parece)

Por María Fernanda Silva Rangel

Definición: educación es una forma de adquirir conocimiento en función de necesidades futuras (porque uno nunca sabe cuándo necesitará saberse todas las capitales del mundo).

A todos nos queda más que claro que el sistema de educación no estaba preparado para algo de esta magnitud, ¿se hace lo que se puede? Sí. ¿Los profesores se esfuerzan para que todo se parezca a lo que estábamos acostumbrados? A veces. ¿Eso será suficiente para llenar los vacíos que nos deja la virtualidad? Por supuesto que no.

No digo que todo lo que se haya hecho hasta ahora sea en vano, pero seamos honestos, falta mucho para que una clase virtual reemplace una presencial. Estudiar a través de una pantalla no es lo mismo que hacerlo frente a un tablero. ¿Se imaginan unas clases de anatomía virtual para los médicos en formación? Bastante complicado. ¿O unas clases de artes plásticas? Poco exóticas. Y son casos que pasan y conozco: mi mejor amiga tuvo que enyesarse en su casa para poder hacer una escultura y terminó con un regaño por parte de su compañero por poner patas arriba la habitación, ¿pero qué culpa tiene ella? No tiene otra forma de trabajar, simplemente no hay manera.

Y la cosa no para aquí, mientras tendemos a lamentarnos, cuando no es una situación difícil solo para nosotros como estudiantes, el profesor tiene que esforzarse mucho más e incluso sin los resultados a los que ellos están acostumbrados: silencios incómodos, no saber usar la plataforma virtual, mal internet, no saber qué trabajos poner.

Para ser sincera, no creo que la situación haya mejorado, simplemente nos acostumbramos a vivir así -o en mi caso, me acostumbré a quejarme de lo mal que me hace sentir esto-. Hay gente que le funciona, hay gente que en el fondo lo disfruta: disfrutan estar en su casa, disfrutan estar rodeados de su familia, preparan mejor sus exámenes, pero yo no. Como muchas otras personas, yo no funciono de esta manera.

Es por esto por lo que una vez senté a mi mamá y le comenté que no quería seguir así, que aplazaría el siguiente semestre, que no me veía capaz de dar mi 100% de esta forma. Al principio lo comprendió y me apoyó; sin embargo, luego trató de convencerme de que las clases virtuales no eran tan malas. Ella vivió algo similar -toda su carrera universitaria fue online-, ella sabe lo que es vivir en la virtualidad; por lo tanto, hacerla entender que yo no quiero seguir es algo complicado porque no entenderá completamente lo que estoy sufriendo con esta situación, ella no entenderá que no estoy aprendiendo nada y que si no voy a dar todo de mí entonces no vale la pena seguir. Hay algo claro en esta situación y es que las clases que se suponen deben ser en línea tienen métodos diferentes para tener un buen aprendizaje y un mejor trabajo por parte de los estudiantes.

En plena pandemia (sin saber cuánto puede durar) deberíamos aprender de ellos, investigar sus formas de trabajo y apoyarnos en ellas. Esto no involucra que las medidas sean malas, pero siempre podemos mejorar tanto el profesor como el estudiante.

 

El estudio en tiempos del coronavirus

Por Valentina Torres Ortíz

Definición: estudio es recibir educación por medio de Zoom o diferentes plataformas que ofrece la entidad educativa a la cual está usted sujeto.

Es evidente que muchas cosas han cambiado desde que esta pandemia tomó protagonismo en todo el mundo, entre ellas, el estudio. Tanto en colegios como universidades se vieron obligados a implementar un modelo de educación al cual no estaban acostumbrados; y tanto docentes como estudiantes empezaron a descubrir nuevas plataformas virtuales para poder recibir la educación correspondiente.

Al implementar este nuevo modelo educativo, no se tuvo en cuenta cómo las familias de bajos recursos que no contaran con un dispositivo electrónico iban a acceder al nuevo modelo de educación. En muchas ocasiones estas familias se ven afectadas por los nuevos cambios sociales que empezaron a ocurrir desde la llegada del COVID-19.

La mayoría de los estudiantes pudieron acceder a las clases virtuales, pero esto no quiere decir que así se asista, se aprenda. Hay variedad de factores que ponen en tela de juicio si vale la pena o no seguir estudiando de manera virtual, entre ellos están: la mala conexión con la que sufren día a día los estudiantes y los focos de distracción que pueden generar desconcentración, entre otras.

Una de las preguntas que se hacen la mayoría de los estudiantes universitarios, como ya lo había mencionado anteriormente, es si vale la pena o no seguir con la carrera universitaria de manera virtual. Pese a las circunstancias por las que estamos pasando, lo más probable es que el segundo semestre del año en curso, las universidades opten por seguir llevando a cabo las clases de manera virtual para prevenir la expansión de este virus.

Un semestre en una universidad está aproximadamente en 8.000.000 sin sumar el costo de la matrícula y otros, pero para nadie es un secreto que parte de ese dinero se usaba para costear el cuidado de la universidad y otros gastos con los que cuenta dicha entidad estudiantil; evidentemente si el segundo semestre se realizará de manera virtual, muchas personas decidirán aplazar o cancelar el semestre debido al alto costo; además de esto, muchos padres de familia quedaron desempleados y para ellos es casi imposible pagar dicha suma.

Aunque esta pandemia llegó de sorpresa, tanto colegios como universidades supieron salir adelante sin tener ningún tipo de experiencias en el campo, en este caso; la virtualidad. Fue un reto que afrontaron con responsabilidad y orden.

Muchos estudiantes están exigiendo que se le disminuya cierto porcentaje al costo del semestre para poder seguir estudiando, y aunque algunas instituciones decidieron disminuir hasta un 30%, para muchos estudiantes no fue suficiente. En otras, disminuían siempre y cuando se evidenciara la necesidad de requerir dicho descuento.

Los profesores han sabido llevar esto a un punto en el que muchos se sientan cómodos recibiendo las clases desde sus hogares, cosa que no ocurría en las clases presenciales, y aunque muchas personas están inconformes con el nuevo modelo educativo, otras están conformes y ven esta situación como un cambio que necesitaba la sociedad para aprender y valorar diferentes aspectos, entre ellos, apreciar el trabajo y el esmero que cada profesor tiene para poder realizar la clase de manera dinámica y que la mayoría de los estudiantes se sientan cómodos en ella.

A pesar de las circunstancias por las que está pasando el mundo actualmente, se debe tener en cuenta que, gracias a esta pandemia, muchas personas han sabido disfrutar y valorar las pequeñas cosas que les brinda la vida, es un descanso que estaba pidiendo el planeta hace mucho tiempo y debemos tomarlo de la mejor manera, pese a las dificultades. Lo que debemos hacer es tener paciencia para poder llevar esta situación a buen término.

 

Aprender o no aprender, esa es la cuestión

Por Paula Andrea Galvis Guzmán

Definición: educación es una que se da a través de los colegios y universidades para que los profesores le brinden la información que poseen a los estudiantes que, por la pandemia, se ha dado mediante plataformas virtuales como Meet y Zoom, entre otras.

Si la educación presencial era difícil, ahora es peor. Toda la angustia, el estrés y los regaños que conllevan los trabajos y exámenes en la universidad, de manera presencial, no se comparan con la preocupación, los problemas y la desesperación que conlleva tener clases virtuales con sus mismos parámetros de evaluación que, para muchos, no ha sido fácil de manejar debido a las diferentes circunstancias que afrontan. Por ejemplo, esto puede ser causado, en lo académico, por las metodologías de los profesores o la desconcentración por parte de los estudiantes.

Por una parte, la educación superior no es algo fácil de adquirir ni de dar, e independientemente de la facilidad con la que los docentes manejan las herramientas virtuales, deben cambiar, en muchos casos, su forma de enseñar, así como lo menciona Dustin Tahisin Gómez en un artículo de Las dos Orillas: “la enseñanza no es una plataforma, es una construcción y deconstrucción del conocimiento que necesita experticia, pues virtualizar no es solo poner lecturas y videos como mucho de nosotros hicimos”, si de verdad ellos quieren que sus estudiantes adquieran la información por la cual les están pagando, deben pensar en cómo cambiar o mejorar sus formas de enseñanza para que tengan una mejor dinámica e intentar tener una buena calidad de educación.

Pero por otro lado, algunos profesores, que consideran que su clase era la única importante en todo el semestre, se dieron el lujo de aumentar la carga académica porque, según ellos, los estudiantes no tenían la necesidad de salir ni transportarse desde sus casas a la universidad y viceversa, lo cual, “les da más tiempo” para poder concentrarse en sus estudios, así como también hay profesores que siguen utilizando su misma metodología catedrática de enseñanza, que puede que para las clases presenciales funcionara, pero para las virtuales no es igual y sin importar las necesidades de los estudiantes siguen utilizando los lineamientos pedagógicos que siempre han utilizado para llegar, en ciertas ocasiones, a demeritar el esfuerzo de ellos por querer aprender y entender sus clases, pues no aprenden con la misma fluidez  que antes de la cuarentena.

Además, por parte de los estudiantes, de manera individual, existe una cierta dificultad en el tema de la concentración que puede ser debido a diferentes factores que influyen. Esto puede ser causado por diferentes acciones u objetos que constantemente tienen a la mano, como el celular, la cama, el televisor o simplemente el hecho de divagar en sus pensamientos, y esto les impide poder enfocarse en un solo ejercicio, lo cual aumenta la procrastinación y al mismo tiempo el estrés por no rendir académicamente. Teniendo en cuenta que esto también se puede dar por no estar en un ambiente adecuado para estudiar, ya que algunos se concentran más dentro de las universidades o en espacios diferentes a su casa.

Pero no todos los estudiantes son así. Hay algunos que son conformistas con las cosas que hacen y que tienen, por lo que este tipo de estudiante no pone atención a las clases, prefiere quedarse dormido en vez de asistir y no quiere esforzarse mucho por sacar buenas notas, y, aunque ya existían estos estudiantes antes de la cuarentena, ahora se puede identificar más fácil debido a la necesidad de interacción entre estudiante y profesor, la cual no tienen, por el poco interés que le ponen a la clase y al mismo tiempo por la irrelevancia que le dan a las clases virtuales.

Esta confluencia de factores demuestra que las clases virtuales deben mejorar tanto por parte de los estudiantes como por parte de los profesores, para seguir mitigando esos momentos de crisis con el fin de que todos aprendan y al mismo tiempo se mejoren en su gran mayoría los problemas para tener una mejor calidad de educación académica.

 

No nací para las clases virtuales

Por Karen Sofía Hernández Tiusaba

Definición: educación es ser feliz en una clase presencial, aprendiendo algo nuevo cada día.

Las clases virtuales, lo peor para cualquier estudiante que va de manera presencial a la universidad. Antes de la Covid-19 todo era emocionante y divertido, la mayoría de los estudiantes levantándose con ganas de comerse al mundo de un solo bocado, pero ahora, no sé si soy la única, las clases virtuales no me dan ganas ni de arreglarme, como máximo me baño la cara y los dientes, me cambio la ropa de dormir por un buzo y lista para la clase por Zoom o Google Meet.

Aunque al pasar los días la perspectiva cambia, sigue siendo un asco ver clases por internet, pero tratamos de llevar las cosas más allá y con calma, como prestando atención, haciendo los trabajos, que por cierto son bastantes -pareciera que los profesores se vengan de los estudiantes-; en este momento, no puedo afirmarlo pero tampoco negarlo, aprendemos a sobre llevar muchas cosas en nuestros hombros, algo que también influye bastante es vivir con personas, sea un núcleo familiar o alguien conocido, convivir todo el tiempo con las mismas personas es algo tedioso, aburridor y estresante.

Por lo anterior, odiamos tener clases virtuales, amamos a nuestras familias, pero la violencia intrafamiliar en Colombia es algo complejo; también algo importante es el internet, la única herramienta para entrar a las clases por el pc, cuando es algo lento vuelve loco a cualquier persona, ya que, al momento de explicar, expresar y/o hablar, se pone como un caracol, es decir, se sale de la sesión o se escucha entrecortado, por eso, muchos estudiantes se quejan y algunos profesores no entienden que el internet no es bueno para todo el mundo; sin embargo, la mayoría de los docentes comprenden la situación de muchos jóvenes. Esto por parte de las universidades.

Tengo una prima de doce años y en los colegios las cosas son caso aparte, los licenciados son mucho más exigentes que antes, la he ayudado en varios trabajos que necesitan los programas de Adobe, y muchos de los maestros solo le dejan videos de cómo aprender a usar los diferentes programas, lastimosamente mi prima no cuenta con un buen computador para descargar los programas y el profesor no lo entiende, por lo tanto, yo la ayudo para que no pierda alguna materia o mi tía la rompe.

Otro punto para ver son lo perezosos que se vuelven los estudiantes por no estar enfocados un 100% en las clases. Considero que el ámbito psicológico de una persona es verdaderamente importante en estos casos, y más si sufren algún problema de ansiedad o depresión, ya que el hecho de estar encerrados en un solo espacio puede generarle más estrés del que están acostumbrados, y por consiguiente sufrir un episodio de ansiedad o llegar al suicidio en casos realmente extremos.

No olvidemos a las alumnas fastidiosas y participativas, que quieren toda la maldita atención del profesor toda la clase, normalmente la mayoría de las clases duran dos horas, y ese tiempo es muy breve, ya que al final del corte son muchos temas, pero lastimosamente estas personas no pueden vivir felices sino le joden la clase al resto del curso, haciendo anotaciones que la mayoría de los casos no sirven para nada, pues solamente repiten la información que da el profesor.

Para finalizar, quiero aclarar que odio las clases virtuales y a las preguntonas del salón, de tal manera que en chat no les puedo decir con todo el respeto que se callen sus hermosas bocas y dejen dictar al profesor su clase, ya que prefiero hacerlo en persona.

 

Me cagan las clases virtuales

Por Jorge Luis Sierra García

Definición: estudiar es adquirir conocimiento, desarrollar habilidades, aptitudes y destrezas, lo hacemos una gran parte de nuestra vida e incluso nunca dejamos de aprender cosas nuevas, es un medio por el cual podemos alcanzar una posible estabilidad económica y hasta la posible felicidad.

La universidad, sin duda alguna, ha sido de mis mejores experiencias, crecí en un ambiente muy conservador y estricto, casi siempre hacía las cosas medio obligado y estaba muy acostumbrado a que alguien me estuviera mandando y recordando permanentemente qué tenía que hacer y qué debía mejorar cada vez más, de hecho, el lema de mi colegio es “cada vez más, cada vez mejor”.

Para mi familia siempre ha sido muy importante el “éxito”, todos siempre tratan de resaltar todo lo bueno que han hecho, cuánto han ganado, cuánto han logrado y en cierta manera hace un tiempo me sentí muy presionado a ser alguien que no era. La última generación de mi familia no ha estudiado en Colombia, a excepción de mi hermano y yo, ya que mis padres quieren que nosotros de cierta manera crezcamos y aprendamos más del contexto en el que vivimos los colombianos, según ellos, no podemos huir del país y ya, ellos quieren que después de haber estudiado acá tomemos la decisión de irnos o quedarnos, hasta el momento la estrategia de amarrarnos a este país ya les funcionó con mi hermano, conmigo no mucho, apenas salí del colegio estaba muy seguro que no quería estudiar acá, pero no fui lo suficientemente valiente para enfrentarme a ellos y decirles que no quería, al final terminé estudiando Biología en la Javeriana, una decisión no muy acertada.

Cuando apenas entré a la Universidad Javeriana, mi panorama cambió por completo, allí nadie me decía qué hacer, cómo hacerlo, si tenía que mejorar o no, nadie me obligaba a entrar a las clases, simplemente hacía lo que yo quería, conocí gente espectacular que me abrió a nuevos mundo y nuevas posibilidades, allí no me sentía tan mal aunque seguía con ese pequeño resentimiento de no estar en el lugar que yo quería y además no estaba estudiando algo que me gustaba, aunque no puedo decir que la pasé mal en la Javeriana, de hecho fue un semestre lleno de experiencias geniales.

Cuando por fin tuve los huevos para por lo menos estudiar algo que me gustara, así no fuera en el país que yo quisiera, me cambié a Comunicación Social–Periodismo en la Universidad Externado de Colombia, ya que era el único pénsum que medio me gustaba de las universidades en Colombia, así termine acá. Por lo menos mi primer semestre fue genial, aprendí un montón de cosas que en verdad me gustaban, conocí gente espectacular. A este punto ya me resigné que por lo menos mi pregrado lo tengo que terminar en Colombia así que decidí disfrutarlo al máximo. Soy de las personas que nunca se niegan a ningún plan, obvio sin dejar de lado mis responsabilidades académicas, para mí debe existir un balance entre mi vida social y mi vida académica, si alguna de las dos está en riesgo comienzo a colapsar, y así ha sido mi vida universitaria hasta el momento, llena de cenas, salidas a caminar, visitar museos, un poco de viajes, compras y obvio muchas fiestas. Por lo menos así era hasta que a un asiático se le ocurrió la maravillosa idea de hacer sopa de murciélago y mandar a la verga todo el mundo con una pandemia.

En serio extraño mi vida pre-pandemia, siento que estaba en uno de mis mejores momentos, estaba súper bien académicamente, mi vida social estaba genial, estaba en una relación seria, nuca había estado tan bien con mi familia. Ahora todo se fue literalmente a la mierda, en especial mi vida académica, aunque no me esté yendo mal no siento que esté aprendiendo mayor cosa, para empezar soy una persona súper distraída, y si me distraía en clases presenciales ahora es el triple, además no tengo la disciplina para estar casi 8 horas al día frente a un computador solo poniendo atención a las clases, sumándole a todo esto el hecho de que mi casa solo la usaba como lugar de descanso, acá literalmente solo dormía y eso, siento que mi cuerpo no se acostumbra aún a que en este lugar también tengo que trabajar y eso hace que todo el tiempo tenga sueño y muchas veces no tenga la mejor disposición para las clases.

En todo caso, me tengo que acostumbrar de alguna u otra manera; inevitablemente, la mayor parte del siguiente semestre será virtual y mis papás me están presionando a que no aplace, y aunque les expresé que no me parecía pagar tanto por un semestre virtual no me hacen mucho caso, igual ellos son los que pagan, así que estoy tratando de prepararme mentalmente para otro semestre de virtualidad de mierda.

 


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