Facultad de Comunicación Social - Periodismo

El sueño silenciado de una nación renaciente

Sebastián Sabogal nos cuenta la manera en la que su padre vivió el llamado "baile rojo", operación que acabó con la Unión Patriótica.

Crónica realizada para Taller de géneros periodísticos (cuarto semestre, 2020-2), con el profesor David Mayorga.

Don Carlos Sabogal, coleccionista de recuerdos con fotografías, siempre está al paso de la marcha, de los gritos de la libertad y la desigualdad; también es espectador del silencio cubierto de sangre de las voces de todo un pueblo. Sebastián, su hijo, aprendiz de sus ideas, guarda la voz y en estas letras la alza.

Canal Trece lo retrató así: “cerca de 5.000 personas pertenecientes a la Unión Patriótica fueron asesinadas, torturadas y desaparecidas como una muestra del silenciamiento de alternativas políticas”, a partir incluso del documental que se hizo de todo esto, llamado El baile rojo.

Mi papá vivió en el campo hasta los 22 años, en Ubaque, trabajando la tierra desde muy pequeño al lado de mi abuela. Allí nunca vivieron la violencia guerrillera. Las noticias no llegaban a la vereda porque ni carretera había para bajar al pueblo: “Lo primero que recuerdo del M-19 fue que mataron a un viejo político importante que dejaron amarrado en un parque, José Raquel Mercado, se llamaba, era Ministro de Trabajo”, me dijo él. Cuando le empezó a ir bien con los cultivos de la tierra, ganaba dinero que le sirvió para irse a vivir a Bogotá a sus 20 años.

Después de un tiempo, mi mamá y mi papá se conocen en la EDIS (Empresa Distrital de Servicios Públicos), donde él la conquista a ella y empiezan a salir por algunos años. Ella queda embarazada de mi hermana Laura, eso fue en medio de la tragedia del asesinato de Jaime Pardo Leal, en 1987. Bueno, en realidad fue un día antes, pero cuando ella salió del hospital, había una revuelta por eso.

“¿Quién mató a Pardo Leal?”, aparecía en el periódico El Bogotano. “¡Vandalismo!, ira, llanto y odio”, las personas estaban en el desastre. Mi papá lo que hizo fue ir a recoger a mi mamá al hospital y se dedicó a grabar todas las noticias en la grabadora, porque a él le gustaba guardar esos recuerdos. La fotografía también, por ejemplo, toda nuestra vida crecimos con cámaras alrededor, porque a él le gustaba tomar fotos, siempre ha tenido esa costumbre de guardar recuerdos, como si fuera un museo.

Él cuenta que en esa época mataban mucha gente. En las noticias mostraban las desapariciones y asesinatos en la puerta de las casas. Mis papás asistían siempre a las marchas de la Unión Patriótica; era un buen partido, fue el primer intento de crear paz entre guerrilla y Gobierno en Colombia. Los procesos de paz comenzaron en La Uribe con las FARC, de ahí nace la UP en el 85, ellos se hacen fuertes, empiezan las elecciones, las marchas, ya eran parte de la política, pero los empezaron a matar.

En medio de eso, estaban en fulgor todas las enseñanzas que recibían los militares en la Escuela de la Américas. Les decían que básicamente había una lucha contra el comunismo que debía seguir, todo lo que oliera a comunismo debía ser eliminado, de hecho, mi papá cuenta que el esposo de una prima de mi abuela se fue a estudiar a Cuba, y cuando volvió lo único que hacían era vigilarlo. Se inicia el llamado Plan Cóndor para liberar a los pueblos de la izquierda política en Sudamérica; acá en Colombia se le denomina El Baile Rojo, que es precisamente el asesinato de la Unión Patriótica. A pesar de haber realizado acuerdos, son quienes más sufren daños en todo esto. Canal Trece lo retrató así: “cerca de 5.000 personas pertenecientes a la Unión Patriótica fueron asesinadas, torturadas y desaparecidas como una muestra del silenciamiento de alternativas políticas”, a partir incluso del documental que se hizo de todo esto, llamado El baile rojo.

Mi papá conoció a Pardo Leal: estaba en el mismo pueblo que él, venía de una familia renombrada, pero en la política lo recuerda porque era secretario de un gobernador. Empezó su lucha por los trabajadores, por aquellos que sufrían mucho laboralmente y después se ratifica como socialista. Él dice que Pardo tenía mucha cercanía con el pueblo y en sus discursos siempre convencía del cambio, pero eso ya lo hacía peligroso para el Gobierno, ser aclamado por la gente, por eso se sabía que lo iban a matar. En esas marchas de la UP siempre desaparecían personas o solo disparaban y mataban al que fuera solo por apoyar el movimiento. En las reuniones a las que él asistía se infiltraban policías para así llegar más rápido a la gente que lideraba todo eso. Al Gobierno no le gustaba que la guerrilla tuviera valor social, se sentían arrinconados porque tenían ganados a los campesinos.

Ahora, ¡imagínate!, que por ese tiempo también fue la toma del Palacio de Justicia en 1985. Mi mamá estaba en Seguros Tequendama y mi papá en la Gobernación de Cundinamarca, cuando se escucharon la cantidad de disparos y estallidos por todo lo que estaba pasando. Era una temporada fuerte, el M-19 era una guerrilla poderosa, pero el ejército no iba a permitir que atentaran contra la ciudad, aunque igual fueron ellos los que terminaron haciendo más caos. Mi mamá salió de trabajar muy rápido, lo bueno es que no tenía que pasar exacto por ahí, si no hasta la hubieran matado…, estaban pasando por encima de quien fuera.

Al mismo tiempo, mi papá asistía siempre a reuniones y marchas. Él creó un partido político pequeño con algunos compañeros que llamaron MAPO (Movimiento de Acción Popular Obrera). Eso fue cuando empezaron las elecciones de Turbay Ayala. Era un partido independiente, querían conseguir puestos, curules, pero al final solo obtuvieron una elección, después se aburrieron y abandonaron el sueño. Así que ir a todo lo que era de la Unión Patriótica, para él, era algo bueno, porque siempre fue muy de izquierda.

Hacia el 89, mi papá se va a vivir con mi mamá, quien vivía en el barrio La Esperanza, en la casa que ella había construido. Ellos me cuentan que mi papá siempre vivió junto a mi abuela, incluso acá en la ciudad, porque ella tenía un problema de demencia senil. Lo que pasa es que ella se volvió loca cuando le robaron un baúl que tenía con cosas de plata, era como la encargada de hacer recepciones en el pueblo para la gente importante; tenía manteles, ollas de plata, y un poco de cosas para atender a la gente. Pero entonces le roban eso, fue antes de que mi papá naciera, pero de ese tiempo para acá se empezó a volver loca. Un familiar decidió llevarse a mi abuela a vivir con ellos, ahí fue cuando mi papá aprovechó para irse a vivir con mi mamá, pero después de un tiempo, ella vuelve y le dice que ya no puede cuidar más a mi abuela, entonces otra vez vive con ella en la casa. Pero era más complicado para mi mamá, porque era difícil de cuidar, ya que esa enfermedad hace que se vuelvan violentos. Es sorprendente cómo puedes llegar a ese punto, después de pensar que esas cosas materiales no te permiten ayudar a otros más importantes que tú.

Yo nazco en 1992, por esa época mi papá saca un préstamo de vivienda y nos vamos para Candelaria la nueva. A él le gustaba mucho jugar con nosotros, nos grababa cantando; mi mamá, en cambio, era más seca, nos ayudaba era a estudiar y aprendía todo leyendo libros para ayudarnos a hacer tareas, era porque ella nuca tuvo infancia, desde pequeña lo único que hizo fue trabajar. Él, al contrario, jugaba a inventarse cosas en el campo, él me enseñó a jugar básquetbol porque de pequeño él jugaba eso. Pero hay algo que mi papá nos inculcó desde siempre, y fueron las cátedras políticas: en mi casa solo se veía el canal del Senado. Por eso siempre tuve un interés político claro. Me cuenta que en su juventud se tomaron un terreno para construir un jardín infantil porque a él le gustaba ayudar a la comunidad. Nunca buscaba nada a cambio, lo hacía porque quería.

Los días más importantes en familia, incluso más que la misma Navidad, eran las elecciones. Las votaciones eran sagradas, nos reuníamos a ver los resultados y hablar de política. El Día del Trabajo era igual de importante. Ir a protestar y marchar siempre, me acuerdo de que cuando estábamos más pequeños íbamos y nos daban camisetas y gorras del sindicato los primero de mayo, y esos trapos nos quedaban grandísimos. Yo tendría unos cinco años entonces, empecé a conocer gente del Partido Comunista y a conocer más del Che Guevara.

Me acuerdo de una vez que mi papá estaba en una marcha y le dispararon a Fernando Lombana, líder del Tolima, entre toda la multitud. También en algún momento estuvimos en una protesta, la Policía disparaba gases y lo único que mi papá me decía era que abriera la boca; porque cuando sonaban las papas, si no lo hacía, quedaba sordo. Mi hermana y yo crecimos en ese ambiente, mi papá nos enseñaba que había que ayudar a la gente, también a trabajar en equipo porque en el campo uno no saca un cultivo adelante solo, necesita de los demás; como ellos de uno.

Creo que la ideología de izquierda siempre estuvo ahí, por eso, él tuvo que vivir una vida de durezas y sacrificios también, conoció qué es ser campesino y qué es ser obrero. Por eso entendía y se arraigaba al comunismo finalmente. Nos rodeó siempre de eso a todos. Me acuerdo ahora de Gustavo, el esposo de una de mis hermanas, él era economista de la Universidad Nacional, tenía una droguería; mi hermana fue por algo por lo que le había pasado en la pierna y ellos dos se enamoraron. Él era una persona políticamente muy radical, extrema izquierda, porque, claro, fue formado en la Nacional en la época de los 70 donde todo estaba más en el auge de las guerrillas. El pénsum era absolutamente marxista, él comía libros de esos, de comunismo; asistía a las luchas estudiantiles, los paros de esos días. Cuando él iba a la casa siempre nos hablaba de todo eso, era un personaje muy particular en la vida de nosotros, era crespo, flaco, alto y de gafas redondas, era como Trotsky.

Parecía ser el perfecto intelectual, no decía groserías, era un tipo muy letrado, las conversaciones con él eran muy bacanas, a veces decía que teníamos que organizar el barrio y tomarnos el poder. Era muy radical, tanto que; los comandantes de las FARC lo llamaron para el proceso de paz de La Habana. A él en un momento tocó sacarlo del país; porque empezaron a perseguirlo, pues, como había dicho, estaban eliminando todo lo que oliera a comunismo. Me dejó varios libros de izquierda; porque no se podía llevar eso.

¡LO IBAN A MATAR!

Aquellas épocas eran más valientes, había corazones más liberales. De un tiempo para acá, la gente cree menos, somos más individualistas, por eso las luchas no funcionan como antes, porque se ha perdido la unión. Se perdió la Unión Patriótica. Cada vez es más complejo, por más radical que suene. Ninguna guerra tiene un lado completamente bueno, pero siempre está abierto más allá de una avalancha de sangre, es una de impunidad y encarcelamiento social. A la gente aún le hace falta abrir la mente, actuar de nuevo sobre eso y mi familia siempre me ha enseñado ese pensamiento, el que todos deberíamos tener. Mi papá fue el guía del conocimiento de mis necesidades y derechos que todos tenemos. Hace falta ese tipo de padres, que recuerden y no dejen morir por completo a aquellos que quisieron ver una nación renaciente; y hombres nuevos.

Han pasado ya 28 años desde aquellos momentos en que mi padre jugaba conmigo, sin embargo, cada vez más confirmó el rol que han jugado sus ideas en la realidad; la sociedad cada vez más desigual requiere una mirada crítica, una rebelión, aquella misma que mi padre impulsó siguiendo a la izquierda. Pues bien, tal vez hoy puedo decir que soy el resultado de esa infructuosa tarea revolucionaria y no pude terminar de otra manera, soy docente de ciencias sociales, egresado de una universidad pública, y día a día, intento trascender los ideales de mi padre, llevar nuevas miradas al aula, ideas críticas un sentido de la realidad que va más allá de la ilusoria democracia en la que creemos vivir.   


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