Facultad de Comunicación Social - Periodismo

El colchón de la salvación

La Operación Orión, que buscaba erradicar la violencia dentro de la Comuna 13 de Medellín, dio como resultado la desaparición y asesinato de civiles inocentes.

Perfil realizado para la clase de Taller de géneros periodísticos (cuarto semestre, 2022-1), con el profesor Fernando Cárdenas.

En la Comuna 13 de Medellín se lidiaba con la violencia y los grupos ilegales se disputaban el poder. El gobierno intervino con una operación militar llamada Orión, que dejó  la desaparición y el asesinato de civiles inocentes. 

Una fuerte explosión sonó en la madrugada del 16 de octubre del 2002, la luz se esfumó. Hombres armados estallaron los transformadores de energía eléctrica e irrumpieron en los estrechos callejones de la Comuna 13.

– Abran esas puertas hijueputas- gritaban hombres furiosos.

– Vamos a entrar que aquí están.

– ¡Salgan pues!

Ingresaron en varias casas y sacaban a las mujeres arrastradas del pelo y a los hombres de sus camisas, amenazándolos con sus rifles. Ellos decían:

– ¿Dónde están los otros guerrilleros?

María Cano escuchaba gritos y balas que provenían de las calles.

– ¡Eso corran!- gritaban los hombres armados mientras disparaban.

– Ayuda, déjeme entrar- escuchaba María.

En los cielos volaban dos helicópteros Black Hawk que baleaban arbitrariamente a cualquier persona que pasaba por las pequeñas calles transformadas en trincheras. Tanquetas subieron las empinadas montañas y hombres encapuchados, con uniformes del ejército, señalaban casas y personas a quienes los esperaba una visita inevitable con la muerte.

– Eso le daban bala al que vieran- comenta María Auxiliadora-, en cada esquina había alguien muerto.

Estaba en el hogar de su sobrina y los disparos penetraron las paredes y techos de la pobre vivienda en la que se resguardaban. Quitaron un colchón maltrecho y lo usaron como escudo en la puerta. Las niñas, quienes eran más pequeñas, se escondieron debajo de las tablas de la cama. Ella y su prima se apegaron al piso acurrucadas mientras rezaban múltiples veces el Ave María.  

Sus hijas se encontraban en una casa más abajo, donde se disputaba un fuerte enfrentamiento entre hombres armados irreconocibles, pues usaban uniformes camuflados que podían ser de las FARC, ELN, CAP o el ejército, quienes fueron apoyados por los paramilitares.

Varios de sus vecinos desaparecieron o murieron acusados de ser guerrilleros. Pensó que las próximas podrían ser ellas. Las dos menores lloraban por los fuertes ruidos que provenían de afuera. Cuando sentía la presencia de hombres armados cerca de su vivienda, ella escondía a las niñas en los cajones de la cocina. Esperaba lo peor, que irrumpieran en la casa, la desaparecieran y sus hijas no volvieran a saber más de su madre.  

Muchas personas morían dentro de sus casas. Con sábanas, pañuelos e incluso ropa interior blanca pedían desesperadamente un cese al fuego. 

Rosa y María Auxiliadora tuvieron la suerte de volver a ver a toda su familia, caso contrario de María Cano. Durante la toma del barrio dos de sus hermanos y sobrinos fueron asesinados y su hijo, a la fecha, no ha aparecido. 

Auxiliadora escuchó los rumores de que en La Escombrera, una zona de desechos ubicada en Altos de San Juan, se estaban llevando las bajas guerrilleras para enterrarlos en fosas comunes. Juan Carlos Villa, alias “Móvil 8”, uno de los fundadores del Bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), testificó para El Colombiano, que ellos obligaban a los jóvenes a cavar sus propias tumbas para luego asesinarlos.

Este lugar se convirtió en la fosa común urbana más grande de Colombia, donde hasta el momento no se ha realizado un proceso decente de exhumación, el cual les permita a las víctimas realizar un sepelio a sus fallecidos.

Luego de las mortíferas horas que vivió la población, el gobernador de ese entonces, Luis Pérez, comunicó ante la radio comercial:

– Orión sirvió para pacificar la Comuna 13.

Las paredes perforadas por balas, las calles manchadas de sangre y la cancha comunal llena de cuerpos exhibían otra cosa.

– Empezaron a subir hombres armados al barrio y escribían en las paredes AUC -comenta Rosa-. Ahora teníamos que lidiar con los paramilitares.

Luego de varios años y de otras intervenciones estatales, se logró extirpar temporalmente el fenómeno de las milicias armadas. Sin embargo, ahora la población lidiaba con pequeñas bandas de crimen organizado. El primer paso que llevó al cambio a la comuna fue la donación de la compañía japonesa, Fujitec, de un articulado de escaleras eléctricas. Lo demás lo hicieron los habitantes que, a través del arte, encontraron una forma de sacar adelante el barrio.

– No, eso ahora es muy bueno- le dice María Cano a una turista-. Hay trabajo y ya no hay más guerra.

– ¿Es que antes por acá era muy feo?- le pregunta la mujer.

– ¡Sí!, eso no se podía salir. ¿Qué más don Julio?- le responde a la mujer mientras saluda a un hombre que va en moto.

– Ahora tú ves a los pelados madrugar a las 6 para ir al colegio- finaliza María.

Auxiliadora vive feliz del cambio que presentó el barrio. Ella comenta:

– Es la maravilla, lo mejor que hemos tenido, saber que acabó todo. 

Un hermoso mural relata la historia que vivieron. Una mano que lanza unos dados, que representa un juego al azar con la comuna, una mujer que llora simbolizando a las madres y un colibrí y elefante disfrazados de armamento militar. La pintura inmortaliza el recuerdo de los habitantes que en las paredes de sus casas y en vallas acomodan letreros que dicen: “Nunca más Operación Orión”. 


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