Facultad de Comunicación Social - Periodismo

Lucille Dupin, Caleidoscópica

Las integrantes de su banda la describen como el mar, algo que contrasta con su imagen de una fusión entre bruja y estrella de rock.

Editado por: Fernando Cárdenas

Perfil realizado para la clase de Taller de géneros periodísticos (cuarto semestre, 2022-1), con la profesora Laila Abu Shihab Vergara. 

Yo le di mi amor al viento, 

Sin morir en el intento, 

Aunque el miedo me ahogue el corazón 

Y a mucho orgullo y valor. 

El sábado 2 de abril de este año, en la librería-café Santo y Seña situada en Chapinero Alto, Lucille Dupin cantó cinco de sus canciones: ‘Mujeres’, ‘Escapistas’, ‘Buen Viento y Buena Mar’, ‘Bojour Tristesse’ y ‘May Sun’. Fue su segundo show allí. “Yo hablo en femenino genérico”, dijo antes de cantar. Las personas cercanas a ella rieron al escuchar el comentario, “muy de ella”. Cuando interpretó la tercera, cerró sus ojos oscuros mientras sonreía y arrugaba su nariz respingada; las pequeñas líneas bajo sus ojeras la enmarcaban como una especie de antifaz incompleto, particularmente en las notas largas. Su cabello, pintado de rojo -pues solía ser rubio-, lo llevaba hacia atrás, en son de despejar su rostro, con la intención de contagiar al público con sus sensaciones. Es algo que disfruta.

En una pequeña tarima como escenario que contaba con enredaderas verdes sobre dos paredes blancas en los costados y bombillos amarillos colgados del techo en zigzag, sus brazos se abrieron al compás de las melodías y de su voz, ejemplificando lo que sus canciones decían. Las luces frías, de color azul y morado, reflejaban en las piedras de colores grises del suelo y en su atuendo, una chaqueta de cuero negra sobre la camisa manga larga de mallas, que se pegaba al cuerpo. A su lado derecho, Alejandro Vivas la acompañó como bajista y al izquierdo, Salomé Petersson, como corista.  

Las integrantes de su banda la describen como el mar, algo que contrasta con su imagen de una fusión entre bruja y estrella de rock. Su serenidad y la libertad que inspira. Solo en su voz, de un tono suave al hablar, la cantautora destila todas esas sensaciones: dulzura, calidez y tranquilidad. “Así como canta, es”, dijo Petersson. También la describen como una mujer sincera y contundente. Lo demostró ese mismo día dando un discurso de apoyo a las mujeres víctimas de violencia machista en la industria musical, enfatizando en las recientes denuncias de agresión sexual contra integrantes de la banda bogotana Electric Mistakes.  

Desde pequeña mostró fascinación por las letras, el lenguaje, los idiomas y la literatura. Nació el 19 de julio de 1994 en Bogotá, “comía” libros desde los 11 años. De allí su profesión. “Solía leer muchos libros cuando estaba pequeña, pero más grande una lee como más lento”. Es políglota, habla español, italiano, francés e inglés. También entiende lenguas antiguas como la griega y la romana. Su pareja y manager “representante” en ese momento, Tatiana Solano, la califica como una nerd. “Estoy enamorada de su cerebro, siempre está leyendo e investigando”. Lucille escribe todas sus canciones, es bastante creativa. “Nosotras creemos que tiene notas que ella se inventa y crea, es increíble. No sabemos cómo lo hace”, dijo Petersson. El manejo del tempo y de sus variaciones, por ejemplo. “Es rarísimo, los cambios del tempo los altera”, dijo Vivas. Prefiere componer sola, para ella es una forma de desahogarse. Pero siempre está abierta a los cambios sugeridos por la banda. 

Tenía seis años la primera vez que se subió a un escenario. Fue para un recital de ballet en el Teatro Colón, interpretaría “El Cascanueces” con el papel de una de las chicas chinas. En ese momento supo que deseaba ser artista, pero nunca pensó que iba a ser por medio de la música. De hecho, empuñó un instrumento por primera vez a los 18 años. “Me gustaba cantar, desde siempre. Pero era un ejercicio para mí misma”. Estudiaba Filología Clásica en la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, cuando compró su primer ukelele. Lo hizo con el primer sueldo que ganó trabajando en una librería. “No era muy bueno, pero cumplió con su propósito”. Con su ukelele, encontró la forma de canalizar su pasión por la música y la escritura para transmitir lo que quería: un cúmulo de emociones atrapadas dentro de su ser junto con sus posturas sociopolíticas. Es perfeccionista y exigente, desde que comenzó a tocar, pasaba horas encerrada en su habitación tratando de sacar canciones exactamente iguales, tanto vocal como instrumentalmente. Y no salía hasta que eso sucediera. La terquedad y la impaciencia pueden llegar a hacer parte de su temperamento. “Me encerraba como cuatro horas”. Practicaba mucho con la canción “Mayonaise” de The Smashing Pumpkins.   

Lucille fue la encargada de abrir el comeback “regreso” del Festival Estéreo Picnic (FEP) tras haber sido cancelado desde el 2019 por la llegada del COVID-19. Es la primera mujer en hacerlo. El FEP es el festival musical alternativo más importante en Colombia, y uno de los más influyentes del continente. “Recuerdo que estaba viviendo en Santa Marta, en pandemia”. Se encontraba con Julieta, su hija, en un centro comercial comprando unos Frisnacks para almorzar. En ese momento le llegó un mensaje de WhatsApp de uno de los organizadores del evento, en el cual la invitaban a cantar en el festival como primera artista. Lloró y gritó aún anonadada, mientras llamaba a su pareja para contarle. Lucille aceptó luego de procesarlo, esa había sido una gran sorpresa en medio de un mal momento para ella.  

El ukelele se convirtió en un complemento detalle para ella y su música, sin embargo, dejó en claro que, así como no cree en encasillarse en ningún tipo de género -ni social ni musical-, tampoco quiere ser ‘la del ukelele’. “Tengo luna en sagitario, siempre estoy pensando en expansión”. Aun así, atesora al ukelele como su compañero y defiende que no sea considerado un juguete, como lo muestran en las películas. Tiene mucho que agradecerle, pues este levantó su carrera con cuatro cuerdas, cual Silvana Estrada.

Ha tenido cuatro en toda su carrera. Al tercero, de color café roble, lo llamó Chopin y fue el que la acompañó desde la composición de su primer disco y a sus primeros viajes. Chopin murió en el Estéreo Picnic. Después de su presentación, Lucille, en su vestuario negro de bruja, recitó un discurso, escrito por ella, contra la violencia machista en la industria y en el mundo. Tomó a Chopin y lo estrelló contra la tarima. Lo hizo como un acto simbólico en el que cierra un ciclo. Actualmente tiene uno nuevo, es una “ella”. Todavía no tiene nombre.  

En el momento de escoger su nombre como artista, Lucía Agudelo (Lucille) buscó dentro de todas sus influencias en la literatura, y en la música; desde Nick Drake y The Cure hasta Regina Spektor y Britney Spears. Finalmente, decidió adoptar parte del nombre de la varonesa y novelista francesa del romanticismo, Amantine Aurore Lucile Dupin, conocida en sus obras con el pseudónimo de George Sand. Fue una figura importante en el siglo XIX. A este le agregó la “ll” del nombre de la guitarra (Lucille) de B.B. King y de la canción, que cuenta con el mismo nombre, para una distinción. “Esa canción una la escucha y casi pareciera que dice ‘Lucía’”, comentó sonriendo y achinando los ojos, luego se rio. Es un homenaje a la novelista francesa, quien no pudo usar su nombre por las limitaciones para las mujeres de la época. Lucille y Lucía son, para ella, dos personalidades diferentes que se complementan. Ambas hacen parte de su esencia. Lucía encontró un canal en Lucille para combatir su timidez. La describió como una “bruja superpoderosa”, un plus para su lado introvertido. Ahora su carrera musical y su documento de identidad le recordarán que siempre será Lucille.  

El feminismo llegó a Lucille desde muy pequeña. “Mi madre me crió con un enfoque feminista”. Su madre solía pelear con sus abuelos cuando estos querían regalarle juguetes que reafirmaban esos roles impuestos. De esta manera comenzó a teorizar. Primero por el feminismo de la igualdad, luego el de la diferencia y finalmente, decidió cuestionar desde la raíz: se radicalizó. Dentro del feminismo radical, encontró el lesbofeminismo con autoras como Anna Prats, corriente desde la cual milita hoy en día. El feminismo viene impregnado como categoría, tanto en ella como mujer, como en su música. “Mis influencias como mujer vienen de todas las que me rodean”. La admiración y el amor por las mujeres saldrían de los poros de sus canciones, si estas los tuvieran. “Soy muy política, reconozco que todo lo es”. Tras haber llevado a la práctica la teoría feminista haciendo parte de colectivas, comprendió que podía llevar su discurso desde donde se desempeña: la música.  

Es amante de la astrología, las energías y la naturaleza, toques que le agrega a su música. Como buena curiosa, también investigó y leyó sobre esos temas. La magia viene de sus antepasados. Lucille es tarotista y bruja, herencia de su tía abuela, quien le leía las cartas desde niña. También de su bisabuelo, que era curandero. Su abuela, hija de él, la apoyó en el tema y le regaló unas runas. Lucille lee cartas del tarot y hace rituales. Derivado de todo esto, pensó en el nombre para su primer y único disco -hasta ahora-, SIBILA, que hace referencia al nombre de la primera bruja, que también era vidente. Se demoró bastante escogiéndolo, para ella resume un poco lo que quería liberar a través de él. “La intención de querer ir hasta el fondo, hasta la raíz, como lo que quiere hacer el feminismo radical”.  

SIBILA es una recopilación de las etapas de su proceso de reconstrucción y sanación, principalmente psicológico. Duró cinco años grabándolo. Entre esos años atravesó por el proceso penal contra su agresor, y en ellos adaptó y cambió ciertas partes de las letras para contar su historia. Lucille es sobreviviente de una tentativa de feminicidio. ‘Escapistas’, la primera canción que grabó, es un testimonio de ello. “En la parte que dice ‘nosotras pudimos escapar…’ me refería a mí y a mi hija, que escapamos. Pero pues es bonito que la gente piense que el ‘nosotras’ es por todas las mujeres. A la larga sí es así”. En 2022 se registraron 178 casos de feminicidio en grado de tentativa en el país, según el Observatorio Colombiano de Feminicidios. 

El disco consta de 9 canciones: ‘Escapistas’, ‘Mujeres’, ‘Buen Viento y Buena Mar’, ‘May Sun’, ‘Jeux D’ Enfants’, ‘Sublimar’, ‘Julieta’, ‘Montage of Noise’ y ‘Bonjour Tristesse’. Estas fueron escogidas entre casi treinta que tenía en mente. Recordó cómo escribió ‘Mujeres’ en 2016, fue la única que no cambió de letra. Salió en cuarenta y cinco minutos, quizás en media hora, mientras desayunaba en la casa de su prima en Quito, después de haber ido un fin de semana a la Amazonía. Comía cornflakes solo en compañía de un gato llamado Anís, comenzó a jugar con el ukelele y a garabatear. Quería atesorar los recuerdos de ese fin de semana en una canción: estar rodeada de la selva, cobijada por los cielos despejados. Estaba junto a un río que tenía una alta pared verde, llena de vegetación, de la que salían pájaros. “Despertó muchas cosas en mí”. De esa manera nació la canción, que inicialmente era un tramo de treinta segundos. ‘Sublimar’ es su canción favorita del disco por el momento, al ser la última que escribió, representa para ella un cierre de todas las emociones que sintió en el proceso. 

Su voz es soprano ligera, la más aguda de la clasificación en mujeres. “Es dulce y auténtica, tiene una muy buena narrativa que atrapa al oído”, explicó Juan Diego Moreno, profesor de canto y quien la ayudó a preparase para el Festival Estéreo Picnic. Moreno dijo que a pesar de que son muchos géneros en los que Lucille se mueve, tiene un sello propio, lo que lo motivó desde un principio para trabajar con ella. “Cuando una escucha a Lucille, sólo la escucha a ella. No hay manera de confundirla”, agregó Petersson.  

Sus canciones se componen para que cada vez que se escuchen, se abran puertas nuevas en la percepción musical. Y con esa sensación se escuchan. “Es imposible meter lo que hago en un solo género porque hay cosas que están y no hacen parte”, explicó Lucille. Su música evoca tintes de géneros musicales como el ‘shoegaze’, ‘dream pop’ e ‘indie’, sin serlo propiamente, a lo que le agrega lo astral, brujístico y feminista, como ella y como lo calificó la revista Shock en su entrevista en febrero de 2021. Esa es precisamente su intención: mostrar un universo que varía. Lucille logra hacer una distinción original y propia al juntarlo todo, aún con el auge del momento de géneros como el ‘shoegaze’ en las agendas musicales alternativas en Colombia. “Más que el género en específico es ver cómo ella pasa por varios de ellos y consigue sonar bien”, señaló Vivas. Como cuando el cerebro recoge sonidos diferentes y los reúne para una nueva sensación cada vez que se escucha. Al ponerle atención a los componentes de la música de Lucille, así es: caleidoscópica. 

Deja que el latido de tu corazón 

Marque el ritmo al andar, 

Siente con tu cuerpo cada vibración 

El dolor también es vital, 

Respirar 

Y volar. 


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