Facultad de Comunicación Social - Periodismo

El as de las boletas

Crónica realizada por Valentina Cuéllar Mossos para el Taller de géneros periodísticos (cuarto semestre), con la profesora Laila Abu Shihab.

El día de Ricardo Puyo Becerra nunca termina, siempre está en constante movimiento, pues si no está con un cliente en una cita entregándole alguna boleta, está en los alrededores del Estadio Nemesio Camacho El Campín, ubicado en la zona centrooccidental de Bogotá, intentando vender las boletas de una final de fútbol, o con sus botas de caña a las afueras de la capital en eventos como el Baum Festival o el Estéreo Picnic, o cerca del concierto de Shakira en el Parque Simón Bolívar.

La reventa de boletas es un fenómeno universal y es una práctica ilegal y penalizada. En Colombia, si una persona es detectada vendiendo boletas de un espectáculo público a un precio por encima del autorizado, la Policía puede decomisarlas, como lo contempla el artículo 213, numeral 2, del Código de Policía. También pueden ser judicializados. No obstante, Ricardo Puyo Becerra está dispuesto a asumir el riesgo. Él y todos sus colegas que se paran afuera del Campín o del Movistar Arena -antes Coliseo El Campín- cada vez que hay partido o un evento especial y se dedican durante horas a la compra y venta de boletas.

Se reconocen a simple vista por llevar un bolso terciado o un morral cargado al hombro y un fajo ostentoso de boletas como si fueran billetes de alta denominación, que a veces cargan en sus bolsillos o maletines para no llamar mucho la atención. Ricardo Puyo es uno de esos personajes. Luce algunas canas, bastante barriga, viste pantalones negros, camiseta tipo polo y está cerca de cumplir los 50 años, pero aún tiene la energía de un muchacho de 23 años que alguna vez comenzó con el negocio de la reventa de boletas.

Puyo vive de la pasión, el fanatismo y el fervor que las personas sienten por un equipo de fútbol o por un artista o un protagonista del mundo del espectáculo. Cuando es día de partido o de concierto es común ver todas las calles cercanas al evento llenas de camisetas, banderas, estaciones de Transmilenio colapsadas, vendedores ambulantes que comercian con pañoletas, botones y hasta calcomanías con la cara del artista. Puyo suele ubicarse en la bajada de los puentes de Transmilenio pues, según él, es el mejor lugar para abordar a los primeros clientes. “Compro boletas que sobren y vendo”, es una de las frases que repite constantemente.

Si el día esta flojo usa la técnica que él denominó “anclaje”, la cual consiste en elevar los precios de las boletas lo que más se pueda, para que luego el cliente pida rebaja y piense que se le está haciendo un muy buen descuento, aunque en realidad se le esté dejando la boleta en el precio ya fijado con anterioridad, que es bastante bueno para el que vende.

Cuando hay partido de noche se comienzan a ver hinchas con camisetas alusivas a los equipos desde el mediodía, por eso para Puyo esa es la hora perfecta para llegar al estadio. En las cercanías del Campín siempre se observan grupos de barristas en busca de boletas para entrar a última hora y ver a su equipo jugar.

-¿Cuántas boletas necesita?

-¿Precio?

-Deme 50 palos.

-¡No pá’! Muy cara.

-40 pa’que se la lleve.

Así es como Puyo cierra una buena venta faltando una hora para al partido, pues después de haber iniciado, él se ve obligado a bajarles los precios a las boletas según el flujo de gente que vea en los alrededores de donde se realiza el evento. Entre más personas ronden la zona y más cantidad de vendedores ambulantes con camisetas, ponchos, cigarrillos y minutos haya, mejor pinta el día para él, porque es cuando se agotan las boletas en los principales puntos de venta autorizados.

En ese momento aparecen los revendedores que hacen aparecer boletas de donde no las hay, como por arte de magia, para complacer a sus clientes. Puyo afirma haber nacido para este oficio, y aunque reconoce que es una práctica ilegal y clandestina, afirma que muchas veces es fundamental dentro de la dinámica de los grandes espectáculos y eventos en Bogotá, porque la gente no siempre tiene oportunidad de conseguir entradas en las primeras etapas de venta de boletería. Desde hace varios años, las boletas para los grandes eventos se venden por etapas y en las primeras solo pueden comprar algunos privilegiados y cuando se abre la venta al público general muchas veces ya la gente no encuentra la ubicación que quiere. Ahí aparecen los revendedores como una salvación.

Incluso para muchos habitantes del sector ya es normal encontrar cientos de revendedores a las afueras del Campín o del Coliseo, y los policías bachilleres que rondan la zona han optado por no acercarse a los revendedores, aunque sean testigos de esta práctica ilegal.

Desde muy pequeño, Puyo aprendió a vender. Su mamá es quien dice haberle enseñado los trucos, pues todas las mañanas se lo llevaba a trabajar en las calles mientras vendía. María Elvira Becerra trabajó vendiendo de todo, incluidos minutos, sim cards, productos Avon y hasta tarjetas de crédito. Cuando Puyo cumplió 23 años decidió dedicarse a las ventas como su mamá y se paró frente al Centro Comercial Galerías, a unas calles del estadio, con un carrito cargado de sombrillas.

Durante algunos meses el negocio le funcionó, pero Puyo descubrió pronto que en el barrio Galerías lo que más se movían eran los espectáculos, eventos de todo tipo -incluidos conciertos masivos de música cristiana y partidos de fútbol-, por su cercanía con el estadio, el Movistar Arena, el Parque Simón Bolívar e incluso Corferias.

En medio de su curiosidad, un día de partido decidió pararse frente al estadio, conseguir un revendedor y convencerlo de que lo metiera a trabajar en eso, y así fue como con pocas boletas empezó a pararse todos los fines de semana frente al estadio, a venderlas a como diera lugar.

Era un novato, no tenía toda la cancha de los dueños del negocio, pero bastó menos de 1 año para que Puyo se diera a conocer en la zona, creara una gran red de contactos y hasta organizara bloques con otros revendedores para trabajar en grupo.

Los revendedores son acusados de ser una mafia que se apropia de todas las boletas a la venta para un evento, e incluso son castigados al ser arrestados y perseguidos por largas cuadras para ser subidos en los automóviles de la policía.

Lo que pocos saben es que Puyo hace fila como cualquier cliente en busca de boletas. Se programa días antes para madrugar y hacer fila en el punto de venta y muchas veces cuando los que atienden el punto se niegan a vender más de 10 boletas, Puyo debe pedirle el favor a su mamá o a algunos amigos para que las compren por él.

Ser revendedor se convierte en una travesía para Puyo, pues ha vivido toda su vida en Bosa-Porvenir, en el extremo sur de la ciudad, y casi a diario debe movilizarse a la zona de Galerías, gastando más de 2 horas por trayecto. Por tal razón, ya no siempre está en El Campín vendiendo y ahora prefiere vender a través de grupos de Facebook y WhatsApp, en donde publica casi a diario; solo si el evento es de un artista de talla mundial, él se anima a vender boletas en los alrededores del lugar donde se realiza.

Puyo revisa más de 5 veces al día las cuentas en Twitter de Ocesa Colombia (la compañía de producción de espectáculos más grande del país), Tu Boleta y el Movistar Arena, es miembro de 40 grupos en Facebook de reventa de boletas e incluso adquirió las tarjetas de crédito del Grupo Aval para acceder a los descuentos en boletas que casi siempre se dan para los bancos de ese grupo y ser el primero en enterarse. Realiza un estudio previo meses o días antes del evento, y mide la cantidad de boletas que está dispuesto a comprar según el interés que demuestre la gente.

Lo primero es buscar clientes en grupos de Facebook. Por día asigna por lo menos 1 o 2 citas para encontrarse con clientes y entregarles sus boletas, carga una luz infrarroja de llavero para corroborar sellos de las boletas, lleva dos celulares, ya que uno es personal y otro es el de trabajo y prefiere no dar su verdadero teléfono y menos su nombre. A sus clientes les ofrece tomarse un café con él, les entrega su tarjeta profesional, se va arreglado, con loción y trata de proyectar la mayor seguridad, pues la calificación que sus clientes le den luego en Internet juega un papel muy importante para sus próximas ventas.

Muchos de sus clientes lo llaman “el doctor”, pues suele ir bien vestido, con traje o pantalón de paño, es de los únicos revendedores de la zona que da la garantía de pagar las boletas hasta después de entrar al estadio o al espectáculo.

Para él, su oficio significa jugarle a la lotería, pues muchas veces se puede ganar el doble o el triple de lo que le costó la boleta, pero algunas veces toca ganarle solo 10.000 pesos por no perder todo lo que pagó inicialmente.

No todas las boletas se pueden vender al doble y eso es lo más difícil del trabajo de revendedor para Puyo. Los días previos a la venta oficial de boletas son fundamentales, como en el caso del Baum Festival, uno de los festivales de música electrónica más reconocidos del país, llevado a cabo el 18 de mayo de 2019. Las boletas se acabaron muy pronto y entre más rápido suceda, mejor para él, pues a las personas que se quedaron sin boleta no les queda otra que acudir a los revendedores.

Los precios varían según la cara del cliente, y la mayoría de los revendedores coinciden que entre más plata ostente la persona, más tiene las de perder y, aunque lleguen pidiendo el precio oficial de los puntos de venta, por mucho se les termina bajando solo 30 mil pesos de la oferta inicial.

Puyo afirma que si se trata de una final de fútbol se puede llegar a vender una boleta de 500 mil pesos en 1,8 millones a través de páginas de fútbol, donde se meten personas que no conocen mucho tema. En el estadio El Campín, por ejemplo, el precio máximo de una boleta en tribuna sur es de 90 mil pesos, oriental de 120 mil y occidental, 300 mil pesos. Si llegan preguntando inicialmente por la localidad occidental, Puyo eleva el precio inicial, pues intuye que son personas que buscan lo mejor y están dispuestos a pagar cualquier precio y tiene más poder adquisitivo.

Lo mismo pasa con eventos como el Baum Festival, pues como las boletas se acaban muy rápido los precios se pueden duplicar y triplicar sin problema alguno, dejando una boleta general de 110 mil pesos en 280 mil o hasta 320 mil pesos.

Curiosamente, los peores eventos en los que Puyo ha llegado a invertir han sido conciertos sueltos de Djs de música electrónica, pues ha gastado más de 2 millones de pesos en boletas y, por no ser un género musical masivo, las boletas terminan vendiéndose por menos de la mitad, ya que no se agotan en puntos de Tu Boleta.

De este tipo de conciertos a Puyo y su mejor amigo y colega solo les quedan buenos anécdotas para contar. Su mejor amigo recuerda cuando Puyo lo invitó por primera vez a Aguapanelas Internacional, en Chía (Cundinamarca). El viaje hasta allá les costó más de lo que pensaban dejar una boleta que no pudieron vender, pero de aquellas experiencias solo han adquirido enseñanzas y pescado resfriados, dicen, pues Puyo no olvida la cantidad de veces que ha tenido que vender bajo la lluvia o comprar botas para caminar donde no se meten otros revendedores, entre el barro mezclado con el pasto después de que ha llovido la noche anterior del concierto.

Lo máximo que Puyo ha llegado a ganar han sido 5 millones de pesos en un día. Esto fue en el concierto de One Direction hace 5 años, una banda de música pop británico-irlandesa formada en 2010. Miles de adolescentes buscaban desesperadamente una boleta para ver a su banda favorita en el primer concierto programado en Colombia y que tendría lugar en el Estadio El Campín el 25 de abril de 2014, en el marco de la gira “We Where Are Tour”, y a su favor jugó el hecho de que el mayor aforo lo tenía cancha preferencial; es decir, la mayoría de boletas no estaban numeradas, lo cual aceleraba su venta.

Lo cierto es que Puyo ha tenido que hacer magia para conseguir boletas.  Aunque él no las tenga o se hayan agotado, con un par de llamadas a colegas encuentra la boleta que necesite el cliente. Se ha hecho un nombre en el negocio del rebusque, y entre trucos y un alto poder de convencimiento ha llegado a ser considerado “el as de las boletas”.

Muchos clientes ya lo tienen como vendedor fijo y acuden a él para cualquier evento. Y aunque se piense que los revendedores son una mafia que roba a las personas, Puyo en numerosas ocasiones también ha terminado robado por sus clientes, quienes se muestran desconfiados y prometen pagar solo después de que la boleta es verificada en la entrada del evento, pero en un acto de mala fe no se la pagan después de ingresar. Por eso, Puyo insiste en que el negocio de la reventa de boletas es como jugar a la lotería, muchas veces se gana lo del trabajo de todo un año en un día y otras veces se pierde. Y mucho.

 

 


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