Facultad de Comunicación Social - Periodismo

“Mi día es hoy, mañana no se sabe”

La actriz Marta Liliana Ruiz habla sobre su experiencia como sobreviviente del cáncer.

Entrevista realizada para la clase de Introducción al lenguaje Periodístico (tercer semestre, 2022-1), con la profesora Laila Abu Shihab.

Según ella tiene un acento afrancesado por la dificultad de pronunciar la R después de su cirugía de lengua, pero no es necesario hacer ningún tipo de esfuerzo para entender lo que dice.

Después de haber hecho una pausa en su carrera, Marta Liliana Ruiz habla sobre su experiencia no solo como actriz, sino como sobreviviente del cáncer y cómo cambió su vida después de su diagnóstico.

Marta Liliana Ruíz Orduz nació el 17 de julio de 1964 en Bucaramanga, Santander. Tiene un título en Realización y Producción de Cine y Televisión, fue Señorita Santander en 1982 y a los 19 años empezó a actuar. Se ha destacado como actriz en las películas y telenovelas Caín (1984), La Alternativa del Escorpión (1992) y Siete Veces Amada (2002); como productora del cortometraje Quién es la Bestia y la miniserie Círculo Vicioso, y como escritora de las obras de teatro Las Ejecutivas, Sin Reglas y Caliente, Caliente. Por eso, muchos la consideran una de las actrices más versátiles de Colombia. 

En julio de 2021 anunció públicamente su diagnóstico de cáncer de lengua en el programa La Red. Aunque al principio creyó que era una enfermedad en la superficie interna de la boca, después de unas pequeñas molestias, se enteró de que tenía cáncer. A pesar de ser un cáncer muy poco común y de baja peligrosidad según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 17 de agosto de 2021 tuvo que someterse a una intervención quirúrgica de la que, se suponía, saldría sin habla y tras la cual, como ella lo afirma, ha tenido una recuperación milagrosa. 

Lanzado el 9 de enero de 2022, su libro Conviviendo con Ackerman relata el difícil camino que tuvo que recorrer y cómo lo enfrentó. “Comienza un proceso de recuperación donde deja ver el verdadero significado de la palabra resiliencia”, se lee en la presentación del libro, publicado por Gold Editorial. 

Esta entrevista fue realizada a través de Zoom debido a su apretada agenda de ensayos. Marta Liliana no solo aceptó encantada la entrevista, sino que la adelantó para tener un poco más de tiempo conmigo. Durante la charla me dejó claro lo abierta y despreocupada que es al hablar de su carrera, la pausa que tuvo que hacer y la “milagrosa” recuperación que ha tenido tras el cáncer.

¿Cómo fue su transición de los certámenes de belleza a la actuación? 

Pues mira, en realidad el reinado de belleza fue el trampolín que me dio la posibilidad de desarrollar la carrera. En una entrevista del reinado yo dije “a mí me encantaría ser actriz”. Nací y viví toda la vida en Bucaramanga. Pensé en ser actriz, pero no había ni un grupo de teatro. Entonces tenía que hacer algo que ya estuviera digamos al alcance y empecé a estudiar arquitectura.  En el reinado, el director de cine Gustavo Nieto Roa estaba buscando a la protagonista de su película (Caín, 1984). Me vio y dijo “esta es la niña que yo necesito”, y me llamó. Dije que sí, y una vez llegamos al acuerdo fue cuando empecé a actuar. Gracias a Dios tomé la decisión porque no sé si haciendo otra cosa me habría sentido como me he sentido actuando. 

¿Cree que sin haber estudiado Realización y Producción de Cine y Televisión habría tenido el éxito que tuvo en la industria?  

No, definitivamente no. En algún momento me dije a mí misma: “yo quiero como algo más, no quiero quedarme ahí para cuando me llamen”, y fue cuando decidí estudiar Realización y Producción de Cine y Televisión con el TPB (Teatro Popular de Bogotá) y empecé, inicialmente, a producir. Siempre me ha gustado escribir. Empecé a tomar talleres con Mauricio Navas, me lancé y dije “yo voy a escribir una obra que diga lo que yo quiera decir”, esa fue Las Ejecutivas, luego vinieron muchas otras, como Caliente, Caliente y bueno, vamos en Conviviendo con Ackerman, que es el libro que saqué el año pasado. 

¿Qué tal la diferencia entre escribir obras de teatro y escribir un libro? 

Es complejo. Además, porque yo escribo humor y lo que menos tenía mi proceso era humor [risas], aunque el día que leas el libro te vas a dar cuenta de que no puedo evitarlo, tengo sentido del humor. En las madrugadas lloraba y lloraba. La gente dice que el libro mueve muchos sentimientos, la idea era que la gente entendiera lo que pasa un paciente con cáncer, porque todos dicen “tranquila” pero ¡lo que menos está uno es tranquilo! y en mi caso significaba que debería buscar a qué dedicarme porque iba a dejar de trabajar y yo como “bueno, qué hago, me muero [risas] o qué”. 

¿Cuál fue su primer pensamiento al recibir la noticia de su cáncer de lengua? 

Me voy a morir [risas]. Porque yo soy de una generación a la que le decían que el cáncer no tiene cura. He tenido en mi vida muchas muertes por cáncer (tía, abuela, papá), ahora me toca a mí. Pero luego pensé, “bueno yo creo que puedo salir de esta porque necesito salir de esta”. Tengo una hija en una edad en la que necesita a su mamá y yo creo que ella fue el ancla a la vida. “Lo que haya que hacer, pero Maggie necesita a su mamá”, y me aferré. Ella sabe que fue mi motor en todo este proceso. Ella se volvió muy rebelde con el proceso porque enfrentar la posibilidad de perder a su mamá a los quince años no es fácil para nadie. 

¿Qué cambió en usted después del cáncer? 

Mi recuperación comenzó en agosto de 2021 y todo cambió. Yo siempre iba a las carreras tratando de ser la mejor productora, encontrar mi puesto como escritora e intentar mantenerme como actriz; iba tan rápido que no me di cuenta de lo importante que es el camino en busca de la meta y a veces, la meta no es tan linda como lo es el camino. Ahora voy más despacio. Soy acumuladora total y tenía un montón de vestidos ahí guardados para ponérmelos en un día especial y dije: “¿y si me muero?”. Nunca me estrené los vestidos. Ahora digo “la ocasión especial es hoy”. Ahora me los pongo, saco la vajilla más linda, me tomo un trago delicioso, uso las joyas bonitas y uso el perfume rico. Mi día es hoy, mañana no se sabe. 

Estas son el tipo de experiencias que no tiene cualquier persona… 

Sí. Yo opté por entregarme a Dios y que él me dejara hablando como él quisiera. No acepté la reconstrucción (de lengua) y los médicos me trataron de loca porque creían que, si lograba hablar, escasa y difícilmente mi familia me iba a entender. Con lo que quedó de mi lengua aprendí nuevamente a comer y ni hablar del habla [risas]. Poco a poco fui como venciendo todo, pero nunca me sentí en discapacidad. Al empezar a hablar, lo hacía rarísimo, más que ahora. Pero me decía a mi misma que tenía que hablar más claro para hacerme entender, nunca como una discapacidad del habla.

¿A qué le atribuye el hecho de tener una recuperación tan satisfactoria?  Porque hasta sorprendió a los médicos… 

Sorprendió a los médicos y a todo el mundo. Siempre estuve entregada a Dios, iba a hablar como él quisiera y me iba a recuperar a la velocidad que él quisiera. Salí de la clínica a las doce del mediodía y a las dos de la tarde estaba trabajando en una reunión de producción porque simplemente no quería sentirme enferma.  Cuando me relajé, asumí que estaba enferma y era algo que tenía que asumir porque son los procesos de cada uno. Cada día supero un poco más el trance de la enfermedad porque nunca peleé con Dios, sabía que debía aprender algo de la experiencia y así poder pasar página un poco más rápido. 

Usted le puso pausa a su carrera después de la noticia del cáncer, pero hubo un lapso entre 2015 y 2019 en el que se alejó de la televisión… 

¿Por qué fue? No tenía tiempo de hacer televisión. En 2015 estrenamos la obra Caliente, Caliente. Era una obra que iba inicialmente por tres meses y se convirtió en un éxito en taquilla. Empezamos gira nacional, gira internacional y yo digo que es una bendición. Tuve que preferir el teatro a la televisión y no me arrepiento de haber tomado esa decisión. Caliente, Caliente es mágica y hoy la disfruto más que el primer día. 

Mucho se ha hablado sobre la desventaja de la edad de las mujeres en la industria del cine y la televisión, ¿qué opina sobre esto?   

Ese fue el origen de Caliente, Caliente. Porqué será que cuando uno tiene más experiencia, que cuando uno es más maduro, empiezan a buscar a niñas jóvenes; se pintan arrugas y canas y no. Era como si en la televisión uno no tuviera derecho a envejecer, desde ahí dije “voy a escribir una obra en la que las protagonistas sean mujeres adultas, viejas, gordas y cansonas”. 

¿Y tiene alguna anécdota que recuerde de Caliente, Caliente? 

Creo que viví 6 años en compañía de mis compañeras y fue maravilloso porque nos volvimos familia. Las anécdotas que más recuerdo son en los aviones, porque todas somos unas flojas para viajar y hemos tenido que viajar muchísimo. Cada vez que nos vamos a montar un avión, alguna aparece con una nueva pastilla milagrosa que nunca funciona. Nos vamos pasando la camándula y nos avergonzamos por ser tan gallinas. 

En retrospectiva, describa su carrera en una palabra… 

Ha sido gratificante. Mi carrera ha sido todo lo que yo esperé que fuera. Ha sido una carrera respetable, generosa conmigo y me ha permitido crecer. He podido hacer todos los personajes que yo he querido y los que no, me los escribo yo. 

¿Qué hay en el futuro para Marta Liliana? 

Ahora vuelvo al teatro y quiero seguir escribiendo. Sin embargo, tengo claro que el trabajo es el trabajo y se tiene que desarrollar en un horario establecido: ocho horas de trabajo, ocho horas de diversión y ocho horas de descanso. Todos necesitamos un balance. 


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