Facultad de Comunicación Social - Periodismo

El binomio periodismo y literatura, más necesario que nunca

Más que alejados, la literatura y el periodismo son más cercanos de lo que parecen. La primera cuenta con herramientas y alcances ilimitados en la escritura, los cuales enriquecen al periodismo al momento de construir historias. Son opuestos en la base, uno es realidad y la otra es ficción, pero son capaces de complementarse.

Artículo realizado para la práctica profesional en Conexión Externado (noveno semestre, 2022-1), con la profesora Mónica Parada Llanes.

Los periodistas y escritores argentinos Néstor Fenoglio y Raúl Acosta reflexionaron en el Festival Internacional de Poseía en Bogotá sobre el periodismo, concretamente sobre la forma de potenciar la escritura (de la realidad) a partir de la literatura.

Fenoglio considera que la escritura es una habilidad en decadencia. “Está en decadencia porque se lee menos, se lee distinto, se lee de a raticos, se lee un poco menos, creo yo”, sostiene. Ambos consideran, con la experiencia en medios que los cobija, que la pasión por la lectura ha disminuido, tanto en general de la población como en los periodistas. 

Esa disminución de la lectura afecta al periodismo, porque cierra posibilidades en la escritura; sin embargo, la clave o el camino para encontrarse nuevamente con la lectura, según los autores argentinos, es por medio de la literatura. 

Acosta y Fenoglio explican que la literatura y periodismo tienen una relación cercana, complementaria en cierto punto. Ambas “se tratan de conocer el funcionamiento del idioma y cómo generar un texto que me represente a mí y que digan “ché, esto está chévere, como dicen ustedes (los colombianos)””. 

Al estar ligado al lenguaje, el periodismo exige escribir con fundamento. Acosta sostiene que “no se puede escribir sin saber leer”. El potencial que hay en la lectura, permite al periodista entender el mundo desde las letras; por lo tanto, consideran que la lectura de literatura es el camino para el ejercicio de leer y así contar con los recursos para saber relatar algo.

Palpar la literatura

Fenoglio recuerda que una obra literaria que leyó un tiempo atrás, el cuento corto ‘Las aguas fuertes’, tenía todas las características para estar publicado en un diario y ser un contenido periodístico. “Nadie describió a Buenos Aires como este tipo, con estas pinceladas”, rememora con agrado. Al ser un cuento corto, tenía la extensión requerida para estar publicado en un diario. 

Además, considera que leer “entre paréntesis”, sobre los incisos plasmados en la literatura, uno como lector empieza a descubrir cosas, entender un estilo, descubrir los detalles; lo que él denomina “palpar la lectura”. 

Otro caso que plantea fue su acercamiento con un poema, el cual lo llevó a no poder leerlo sentado, tenía que estar de pie para saber leerlo. ¿Por qué hacía esto? Fenoglio lo leía de esta manera para comprarle la historia al escritor, para caer conscientemente en su juego, dejándose engañar por el relato y los detalles y así entender el sentido de quien lo hizo. 

No se trata sólo de leerlo por encima, para él debe ser similar a quien desarma un reloj para ver las piezas y volverlo a armar. El sentido va destinado a leer, pero asimilando las formas, herramientas, tonos, estilos y cualquier elemento oculto. Caer en lo que pretenda el autor es la mejor forma, porque es pensar como él y sentir lo que busca con el relato. 

Cuando se realiza este ejercicio al sentarse de frente con el contenido de la obra, los resultados son enriquecedores para quien agarrar el papel y la hoja. Acosta dice que “esto multiplica la posibilidad de contar algo que a mí me interesa”. Ese rol de deconstruir y desmenuzar las obras es lo que ambos escritores argentinos denominan “robarle a la literatura”. 

“Robarle a la literatura”

No hablan de robar como un delito, sino que emplean el concepto como una metáfora. “Robar bien” consiste en asimilar elementos que perciben en la lectura para fortalecer sus propios textos. Fenoglio dice que “vos tenés que salir a construir tus historias y tu cómo. Salir a armar tu cómo”. Es en esa reflexión en la que aparece el periodismo nuevamente. 

Como se mencionó al inicio, el periodismo exige escribir. Además, el ejercicio pretende que las historias contadas sean llamativas, atraigan a las personas, sean innovadoras en el enfoque que planteen y en los temas que cubran. 

Para lograr eso, hace falta más que aplicar lo que describen Acosta y Fenoglio: “robarle bien a la literatura”. El llamado se dirige a que los periodistas pueden encontrar las herramientas necesarias en la lectura literaria constante: “cuanta más lectura tenés, van a ser infinitas las posibilidades de contarlo mejor, con más argumentos”, explica Fenoglio. 

No se equivocaban los escritores al mencionar que el periodismo actual se nutre también de elementos de la literatura para mostrar un estilo más personal, sin descuido de informar y orientar. No obstante, Acosta aclara que no es transformar al periodismo en literatura ni viceversa, sino filtrar qué aspectos funcionan en el periodismo provenientes de la literatura. 

Los catedráticos en periodismo y comunicación, Jorge Cortés Montalvo y José Antonio García, en el texto “Relaciones entre periodismo y literatura: fusión sin confusión”, explican que el periodismo y la literatura son disciplinas humanísticas, con un amplio pasado, enriquecedora actualidad y contemporáneas con los cambios; teniendo evoluciones y transformaciones constantes. Estar a la par del cambio hace que siempre estén en búsqueda de nuevas maneras de expresar las cosas. Por lo tanto, la literatura entra -y ha entrado- como el camino para nutrir de herramientas al ejercicio periodístico. 

Por ejemplo, Fenoglio explica que si se necesita dar un acontecimiento histórico del humano, la descripción de su vestimenta es un componente clave en el relato, por lo que entra la técnica estilista del lenguaje literario, similar a Las Aguas Fuertes con Buenos Aires.

Esta postura se retrata en la similitud entre la crónica y un texto literario. Acosta plantea que ambos comparten por obviedad la materia prima: el lenguaje, pero ambas deben saber cómo convencer a quien lea en las primeras líneas para reposar al lector en el resto del relato. Acertaba el ensayista Julio César Goyes Narváez en señalar que “si el mundo del periodismo fue en sus orígenes la literatura, hoy muchos escritores intentan encontrar estilo en el periodismo”. 

De ese “amor filial” entre ambos oficios, como lo denominan Cortés Monsalvo y García Pérez, la humanidad ha tenido el placer de conocer grandes escritores, tanto en literatura como en periodismo: Tom Wolfe, Truman Capote, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Elena Poniatowska, entre otros. Estos autores se alimentaron de la literatura, fueron escritores, pero también dejaron textos que con el tiempo han sido referentes en las cátedras de periodismo.

Lograr esto responde a lo que demanda el denominado Nuevo Periodismo, explicado por la docente Carolina Sánchez en su obra “el periodismo clásico frente al Nuevo Periodismo”: “introducir otro lenguaje y otros medios de expresión, planteando la necesidad de quebrar con las estructuras y métodos encasillantes”.  No se centra exclusivamente en la noticia, sino en el grado de profundidad del suceso o historia, mostrando las realidades desde diferentes puntos de vista y matices. Si el reportero describe los hechos narrados con objetividad (desde su estilo influenciado en la lectura literaria), permitirá al lector vivir y experimentar con mayor proximidad los acontecimientos. 

Encontrando el cómo, la manera de mostrar los hechos en la escritura periodística es viable por medio del acercamiento a la literatura. Leer para saber escribir es la premisa o raíz de esta cuestión. Tanto los escritores argentinos, como los textos de los catedráticos, concluyen que es con la literatura la manera de hallar un estilo al escribir, lo que posibilita contar mejores historias, siendo innovadores y creativos con el lenguaje. A eso debe apuntarle el periodismo, ya lo ha hecho en el pasado, pero debe ser un ejercicio constante para las narrativas contemporáneas. 


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