Mi querido, Ángel
¿Qué le dirías a alguien que ya no está? Una carta que nació de las palabras que el tiempo dejó pendientes y del amor que nunca se fue.
Editado por: Profesor Sergio Enrique Jiménez Salazar
Carta realizada para la clase de Pensamiento crítico y argumentativo I, (Primer semestre – 2024 Il), bajo la supervisión del profesor Guido Leonardo Tamayo Sánchez.
Desde el día que recibí la noticia de que te habías ido, mi vida dio un giro inexplicable. Poco a poco, todo se derrumbó y la impotencia y la culpa se apoderaron de mi por no haberte escrito, llamado o preguntado, ¿cómo estabas? Aunque, algo en mi interior, me decía que debía buscarte, el miedo a molestarte o a hacerte sentir mal me venció, dejándote solito en este largo y difícil proceso.
A pesar de que no estás aquí físicamente para contarte todo lo que ha pasado en estos últimos meses, sé que estás conmigo como ese angelito que me protege y me guía para que cada día sea una mejor persona. Te cuento que decidí estudiar Comunicación Social – Periodismo, una carrera totalmente diferente a la que mencioné en una de nuestras conversaciones en el
colegio. Sin embargo, lo que permanece en mí es el deseo de ayudar a los demás y sé que estarías orgulloso de mí y de cada una de las decisiones que he tomado.
Aquel 27 de febrero, cuando te dije adiós, tus papás, tu hermano y tu novia parecían perdidos sin ti, alejados de la realidad. Verlos de pie junto a ti, recibiendo el abrazo de todos los que fuimos a acompañarlos, fue desgarrador. Quería acercarme a tus papás para decirles lo maravilloso que fuiste para todos nosotros, pero ellos ya lo sabían mejor que nadie, las palabras no salían de mi boca. Era una sensación extraña, como si los ratones se hubieran comido mi lengua. Sin embargo, al ver a todos lo que te queríamos, orgullosos de lo fuerte y valiente que fuiste, acompañándote con un camino de rosas y algunos globos blancos, supe que fuiste amado por todos. Aún recuerdo la mirada perdida de tus papás y los gritos de tu hermano y tu novia cuando decían que los habías dejado solitos, y no solo a ellos, sino a todos nosotros.
Seis días después de tu partida, fue mi cumpleaños. Aunque no quería celebrarlo porque tú no celebrarías el tuyo, recordé como el año anterior llorabas y sonreías de la felicidad, simplemente porque habías logrado cumplir un año más de vida. Dejándome como enseñanza la importancia de agradecer y vivir cada día con un sueño y un propósito nuevo.
Aún recuerdo aquella conversación que tuvimos nuestro último día de clases, cuando me dijiste: -Vale, eres una luz en la vida de cualquiera. Te voy a extrañar-. Me dejaste sin palabras porque, a pesar de que no éramos los mejores amigos, nuestra amistad siempre mantenía la complicidad genuina de la relación que tuvimos cuando éramos niños. Tu sonrisa y aquellas palabras quedaron grabadas en mí, como el recuerdo más preciado que tengo.
Quiero contarte que hace poco me encontré con tu hermano. A pesar de que, sé que él no me reconoció, vi en él un reflejo de ti. Al principio pensé que eras tú porque usaba tu perfume, pero al volver a la realidad, supe que, de alguna manera, ese día estabas sentado junto a mí.
Mi angelito, me dejaste el deber de ayudar a los demás y fuiste mi inspiración para apoyar a aquellos niños que también tienen cáncer, como tú. Aunque no ha sido fácil continuar cada día sabiendo que ya no estás, sé que desde el cielo me acompañas y eres feliz.
Te extraño todos los días, pero le agradezco a Dios por haberme permitido conocerte y llamarte mi amigo, mi compañero y mi primer amor.
Con amor,
Vale Espejo
Septiembre 1, 2024