Facultad de Comunicación Social - Periodismo

La magia del ídolo pasó a la cocina

Este repaso de la vida de Ómar Pérez busca humanizar al "ídolo" de los seguidores de Santa Fe. Una vida llena de altibajos demuestra que es muy complejo ser futbolista en Latinoamérica, las lesiones, la falta de recursos y la indisciplina son parte de la problemática.

Perfil realizado para la clase de Taller de géneros periodísticos (cuarto semestre, 2021-2), con la profesora Laila Abu Shihab.

Ómar Sebastián Pérez es un exfutbolista argentino que marcó una etapa en Independiente Santa Fe. Él es recordado por su forma de jugar, por el liderazgo que tenía en los equipos y principalmente por su forma de ser. Ahora, Pérez cambió su vida y montó un restaurante y una escuela de fútbol en Chía. ¿Qué tan difícil es cambiar la rutina y adaptarse a una nueva vida?

La carrera de un futbolista no es eterna, a todos les llega el día de decir adiós y “cuelgan los guayos”. Hay varios que no saben qué hacer con su vida. Ómar Pérez eligió el camino de la formación deportiva y la cocina, y está demostrando que después del fútbol se puede vivir.

La emoción de antes era estar en el vestuario, disfrutar de la charla del entrenador, desfilar por el camerino, entrar a la cancha y que al tocar el césped su nombre sea coreado por un estadio lleno de camisetas rojas con blanco. Ahora, el camerino es el pasillo de un restaurante, la hinchada son los clientes y el mejor gol que puedes anotar es que el asado quede perfecto.

La mayoría de las personas tienen algo que las hace diferentes, tal vez su forma de ser, su aspecto físico, algo importante que hayan logrado, vivir en un país que no es el suyo. Este hombre es todo eso.

Se trata de Ómar Sebastián Pérez Marcos. Él es argentino, nació el 29 de marzo de 1981 en la ciudad de Santiago del Estero y vivió en Buenos Aires desde los quince años. Su padre fue jugador de fútbol, de hecho, Ómar Adolfo Pérez fue el hombre que entrenó a Sebastián cuando era un niño. El padre dio una entrevista al medio argentino Nuevo Diario, y ahí dijo: “Nunca dudé de sus condiciones, aunque tampoco pensé la dimensión de lo que iba a conseguir como futbolista”.

Muy joven, su vida tuvo un cambio drástico: con solo 13 años y con el sueño de ser jugador de fútbol profesional, él pasó de vivir en Santiago del Estero a Buenos Aires. Fue complejo para su madre, la partida de su hijo mayor significaba verlo solo cada quince días, como le comentó al periodista Juan Pablo Arévalo, en 2014. No solo en su casa sintieron la ausencia del primogénito, Pérez reveló en una entrevista que le dio a Carolina Guamán, del Diario As de Colombia: “soy un cabeza dura. Dejé mi familia a los 13 años, abandoné todo, mis amigos, mi lugar, mis hermanos y todo por un sueño: el fútbol”. Su sueño era debutar en Boca Juniors, el equipo que vio pasar por sus filas a grandes futbolistas argentinos como Diego Armando Maradona, Martín Palermo y Juan Román Riquelme; este último, de hecho, ha dicho varias veces que el mejor pase de su carrera se lo dio a Pérez.

En esa época Ómar Pérez ya era calvo, eso era lo que lo identificaba, de ahí el apodo “bocha”, pelota de madera que se parece a una cabeza rapada. Según la página Historia de Boca, el “pelado Pérez” debutó oficialmente con Boca Juniors el 20 de febrero de 2000, en un partido frente Racing Club, estuvo los noventa minutos. Él jugó en el “xeneize” hasta 2003, convirtió ocho goles y obtuvo cuatro títulos, un torneo local, dos Copas Libertadores y una Copa Intercontinental.

Cuando salió de Boca pasó por Banfield, equipo en el que jugó desde 2003 hasta junio de 2004. Pérez tuvo su primera experiencia internacional cuando Junior de Barranquilla lo fichó. En el equipo tiburón consiguió el torneo local en diciembre de ese año. Ómar Pérez cambió de equipo cada año hasta 2009, estuvo en Jaguares de Chiapas en 2005, Junior de Barranquilla en 2006, Real Cartagena en 2007 y en el Deportivo Independiente Medellín en 2008. En ese lapso solo obtuvo un subtítulo con el equipo “paisa”.

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Su vida cambió cuando llegó a Bogotá a jugar en Independiente Santa Fe, un equipo que llevaba 34 años sin ganar algún torneo oficial. Los hinchas se habían quedado con el recuerdo del último título obtenido en 1975. “Para ser sincero, en ese momento no pensé que fuera el hombre que necesitáramos”, dijo Julio César Torres, integrante de la barra Guardia Albi Roja Sur, la organización de seguidores más importante que tiene Independiente Santa Fe. Los hinchas solo vieron llegar a un hombre calvo, con talento, no tan alto, y con un pasado breve en el Junior de Barranquilla.

Él tenía 31 años, en el fútbol cuando un hombre tiene esa edad está entre ser un joven y ser experimentado, a pesar de pasar por varios equipos, Pérez no se había consolidado en una institución como para que la gente al hablar de él dijera que era alguien importante, por eso mismo la hinchada no lo veía como un jugador trascendental.

“En el primer clásico (partido Santa Fe vs Millonarios) que jugó, ahí entendí que él era un hombre diferente”, explicó Lanzza, como se hace llamar este hincha. “En la Copa Colombia, Ómar lideró al grupo, él demostró toda su categoría”. Pérez mostró que todo lo aprendido le iba a servir para consolidarse en un equipo.

El día al que Torres hizo referencia fue el 18 de noviembre de 2009, cuando Santa Fe jugó la final de la Copa Colombia; en el partido de ida había perdido 2-1 ante el Deportivo Pasto. Pérez no fue titular por una lesión, el director técnico Germán “Basílico” González lo hizo ingresar en el segundo tiempo, cuando Pasto iba ganando por un gol y se necesitaban dos goles para definir la copa por penales.

Ómar Pérez entró a la cancha, corrió, tocó el balón, hizo todo lo posible para que el resultado fuera el esperado. A los nueve minutos del segundo tiempo, Santa Fe llegó al área rival, Luis Manuel Seijas le pasó el esférico a Mario Gómez, este centró y el Pasto dejó un rebote que Pérez, quien estaba cerca de la jugada, cazó y no perdonó, y con un remate mandó el balón a la red. Pero el empate no era suficiente, el resultado global iba 3-2 a favor de los pastusos. Faltando dos minutos para que el partido terminara, el juez Francisco Peñuela pitó una falta en el área del Pasto y castigó al rival con la pena máxima. Pérez tomó el balón, dio cinco pasos hacia atrás, arrancó y volvió a rematar, gol, su equipo empató y, como dice el dicho, a la postre fue campeón.

En Bogotá hay dos equipos de fútbol profesional con más de 50 años de existencia, Independiente Santa Fe y Millonarios Fútbol Club, cada uno tiene una historia larga que contar, historia que se alimenta de jugadores muy importantes como Willington Ortiz, Alfonso Cañón, Hugo Ernesto Gottardi y Alfredo Di Stefano, entre otros. Actos como marcar dos goles en una final cuando el resultado era adverso hicieron que Pérez se convirtiera en un ícono del fútbol bogotano, los equipos ‘rolos’ necesitaban jugadores que acabaran con la condena de la falta de campeonatos. En 2009, el otro equipo grande de Bogotá llevaba 21 años sin celebrar un título local.

Ómar Pérez logró entrar en este selecto grupo, por eso hinchas como Torres responden de esta manera.

–¿Qué significa Omar Sebastián Pérez para usted? –le pregunté.

–Para mí, y que lo tomen como quieran, Ómar Sebastián Pérez es mi dios, yo durante toda la vida le pedí el campeonato y él lo hizo posible – respondió el hincha.

Con los medios era un hombre seco, no pasaba del saludo y solo contestaba lo necesario cuando lo entrevistaban. Theo González Castaño, periodista de ESPN, me confirmó que él no era tan abierto a la prensa: “Todo lo que me decían mis compañeros, que Ómar nunca hablaba, nunca daba entrevistas, era verdad, solo fueron cuatro cinco preguntas”.

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Desde que se retiró en 2019, a los 38 años, Omar Pérez dejó atrás la vida de futbolista, se fue del deporte profesional con catorce títulos (ganados en Argentina, Colombia y otros países, cuatro con Boca Juniors, uno en el Junior de Barranquilla y nueve en Santa Fe) en su palmarés personal y con muchas anécdotas por contar. En su carrera tuvo muchas lesiones, las cuales no lo dejaron dar un paso adelante y demostrar su talento en otro continente. Pérez fue diagnosticado de sinovitis en 2003, enfermedad crónica en la rodilla, así lo informó Edwin Orjuela, periodista de Win Sports, quien recopiló las tres lesiones graves que tuvo el jugador, una con Boca Juniors y dos con Santa Fe.

A pesar de que en 2011 rechazó una oferta de Atlético Nacional, el equipo más ganador en la historia de Colombia, su historia con el cardenal se vio empañada por problemas personales con el técnico Gerardo Pelusso, quien renunció a Santa Fe por una manifestación de la hinchada después de que Pérez anunciara su renuncia. Esto fue el 19 de marzo de 2016, como comentó Julio César Torres: “Pelusso empezó a sacarlo, hasta que hizo la barbaridad de sacarlo de la práctica abruptamente y de cambiarlo por un asistente técnico”. Después de eso, Ómar Pérez renunció en redes sociales. El día del partido, el uruguayo renunció a la dirección técnica y el jugador, después de negociar con el presidente, se quedó en el club.

Ómar Pérez abrió un restaurante y una academia de fútbol en julio de 2019, cuando aún era jugador. Los dos están ubicados en Chía, Cundinamarca. El restaurante se llama Santiago del Estero Parrilla, es de dos pisos, parece que ahí hubo una casa antes por el estilo del segundo piso. El primer piso tiene una entrada angosta, al entrar lo primero que se ve de frente es a un empleado que atiende, al mirar a la izquierda se encuentra una galería completa de la vida de Ómar Pérez: él con Riquelme cuando ganó la Copa Libertadores con Boca Juniors, el día que ganó la séptima estrella con Santa Fe, cuando anotó su gol 100 ante Millonarios, entre otros.

Este restaurante parece un museo de la vida y los recuerdos de Pérez, hay camisetas en las paredes, de los equipos en los que jugó, y regalos de jugadores como James Rodríguez; cada camiseta está enmarcada y tiene alrededor momentos de la vida del exjugador. En orden, las camisetas son de la Selección Argentina, Boca Juniors, Real Madrid, Santa Fe, Independiente Medellín, Atlético Güemes, Atlético Junior, Boca Juniors (del 2014), Atlético Mineiro, Fútbol Club Barcelona y Jaguares de Chiapas.

El lugar tiene tarima para la música en vivo, una especie de barra para que la gente pida bebidas alcohólicas, y al dar la vuelta se encuentra la cocina junto a otra barra, ahí normalmente está Ómar Pérez, dispuesto a tomarse una foto con las personas que visitan su restaurante. El recuerdo con el hombre se toma en un cuarto en el que hay productos que llevan la marca personal de él, OP10, y está la camiseta con la que ganó la Copa Suruga Bank en Japón. El precio de los platos oscila entre 6.400 y 101.400 pesos colombianos, venden carne en distintos cortes y cocciones.

La escuela de fútbol funciona desde julio de 2019. Juan David Barbosa es el director deportivo de la Academia OP10. “Yo conozco a Ómar aproximadamente hace seis años –dice Barbosa–. Sin lugar a duda, él va a dirigir fútbol profesional, creo que va a causar gran impacto cuando debute”. Este proyecto es prácticamente reciente, ellos alcanzaron a viajar a Buenos Aires antes de la pandemia, jugaron la BA CUP 2019. En Colombia, otros exfutbolistas han abierto escuelas de formación deportiva, entre ellos se destaca Arnoldo Iguarán. Cabe resaltar que Pérez le confirmó a Theo González en una entrevista que para abrir la escuela creó una empresa.

Pérez está estudiando para que dentro de unos años pueda dirigir equipos a nivel profesional, él siente que tomó buenas decisiones antes de retirarse, dice que al ver la experiencia de su padre era importante dejar algo listo. Creó una empresa hace seis años y hoy sus metas se están cumpliendo.

Sus hijos, Thiago, Franco, Joaquín y Mateo Román (el primero nació en México mientras Ómar Pérez jugaba en Jaguares de Chiapas, y los demás son colombianos) lo están viendo volver a empezar. Su esposa, Natalia Gueren, que es argentina, lo apoya en todo lo que emprenda.

Ómar Pérez dejó una historia y empezó a escribir una nueva, y así demostró que después del pitazo final hay algo más.


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