Vivir de la basura en una ciudad que no recicla
El reciclaje es una posibilidad para darle un respiro a Bogotá.
Editado por: Juliana Sofía Guevara Borbón
Reportaje realizado para la clase de Taller de géneros periodísticos, (Cuarto semestre – 2026- Il), bajo la supervisión de la profesora Estefanía Fajardo de la Espriella.
Bogotá atraviesa una crisis de basuras, y el reciclaje se ha convertido en una de las claves para darle un respiro a la ciudad.

En América Latina, según El País, dos millones de familias viven del reciclaje, manejando más del 50 % de los residuos recuperados, aunque en condiciones laborales difíciles y sin reconocimiento formal. En Colombia, los recicladores han sido reconocidos como sujetos de especial protección; este reconocimiento debería permitir remuneración estable por el material recuperado y acceso a derechos laborales.
El rostro humano detrás del reciclaje en la ciudad
Rosa Elena Velandia, una mujer de 52 años, hace parte de la Cooperativa El Porvenir, una entidad sin ánimo de lucro y de carácter privado, con amplia trayectoria en la recolección, separación y clasificación de residuos.
Desde los ocho años, Rosa se ha desempeñado como recicladora y hoy cuenta con un centro de acopio en la Urbanización Nueva Santa Fe, en la localidad de La Candelaria. Allí se lleva a cabo la organización y clasificación de los residuos según su tipo, papel, cartón, botellas transparentes, galones, chatarra, vidrio, entre otros. Una vez finalizada la separación, los materiales son cargados en vehículos de transporte que los llevan a las empresas correspondientes.
La importancia del reciclaje radica en evitar que materiales potencialmente útiles caigan en desuso; su aprovechamiento puede generar un impacto muy positivo para el planeta. Como afirma Rosa: “Es importante para lo ambiental, nosotros salvamos el planeta, hay mucho material que se puede separar». La labor del reciclador ha cumplido un papel fundamental dentro de la crisis constante que vive la ciudad de Bogotá. Pensando en esto, se han creados distintas organizaciones que propenden por el bien común de los recicladores y del medio ambiente.
La Asociación Cooperativa de Recicladoras de Bogotá, (ACRB), es una de las organizaciones que genera contribución para el ámbito de la reutilización de residuos. Surgió en el año 1990 junto a recicladores desplazados en 1988 a causa del cierre definitivo de los antiguos botaderos de Gibraltar y El Cortijo. A partir de la fecha, la ARB ha desarrollado distintas iniciativas en torno a un proceso de identificación, motivación y organización al gremio de recicladores de la ciudad de Bogotá. Según la ARB, actualmente reúnen a 2.111 recicladores en 19 organizaciones locales como lo son Arotriunfo, Galarec, Formando Comunidad, Asodig, Los Goleros, entre otras. La ARB busca contribuir al mejoramiento de la calidad de vida y trabajo de distintos recicladores de la ciudad, desarrollando capacitaciones sobre el buen manejo de los residuos, entendiendo que varios de estos pueden llegar a ser peligrosos si no se les da el manejo adecuado.
A causa de esto, distintas organizaciones surgieron con un mismo propósito: comprender y contribuir a la formalización de esta labor. Ecoalianza ha sido una de ellas, la cual busca “la dignificación en la mejora de la calidad de vida de los recicladores y sus familias, en el marco integral de la cadena productiva establecida para el manejo de los residuos sólidos y la recuperación ambiental”. En conjunto con asociaciones minoritarias como Asociación de Recicladoras Ecológicos, Asofuerza, Recicóndor, entre otras, incentivan acciones a que la labor del reciclaje sea dignificada por parte del Estado y la sociedad en general.
A pesar de que estas organizaciones existen y realizan un fuerte trabajo comunitario en torno al bien común de los trabajadores, la estigmatización y las condiciones laborales siguen siendo precarias hacia el gremio de recicladores de la ciudad. Según la abogada Laura Yetzaira Orduz, en una entrevista para la Agencia de Noticias UNAL, afirma que en su investigación sobre el tema analizó informes de la Organización Internacional del Trabajo, la Unidad Administrativa de Servicios Públicos y la Comisión Económica para América Latina, concluyendo que estos trabajadores no tienen una remuneración económica estable, sin estar afiliados al sistema de seguridad social o de salud.
Nelson Rendón, un reciclador de 63 años, habitualmente desempeña su labor en distintos barrios de la zona central de Bogotá, como el barrio Las Cruces o la localidad de La Candelaria. Nelson es reciclador desde el año 2019 y, actualmente, se encuentra afiliado a la asociación ‘ASORENT’, la cual lo vinculó a la Unidad Administrativa de Servicios Públicos, (UAESP); con el fin de que recibiera dinero adicional al que reúnele de la venta del material que recoje. No obstante, él afirma que mensualmente el incentivo económico es de 70.000 pesos, y sumado a los bajos costos del material reciclable, se evidencia la desproporcionalidad que existe dentro del trabajo de los recicladores. Así mismo, la señora Rosa indica que, “las condiciones laborales de los trabajadores sí deberían cambiar, por ejemplo, en este momento los costos de los materiales están muy bajos, eso es un bajonazo muy grande hacia nosotros”. La informalidad sigue siendo una problemática que no se ha manejado con los requerimientos necesarios para los trabajadores del gremio del reciclaje, perpetuando estigmatizaciones sociales y problemas económicos hacia aquellos que buscan sostenerse por medio de este trabajo.
Además, el apoyo de la ciudadanía resulta fundamental. Según datos de www.ambientebogota.gov, anualmente se producen alrededor de 2,2 millones de toneladas de residuos, de los cuales, al menos una cuarta parte son aprovechables. Rosa lo tiene claro, la comunidad también es parte esencial de la solución. En sus palabras, “usted ve ahorita esa basura, la misma gente saca la basura ya cuando el camión pasó, y lo que hace es atraer ratas y malos olores. La misma gente hace eso; nosotros somos los que recogemos”.


El papel de la comunidad en el reciclaje
En Bogotá se ha normalizado encontrarse con residuos de todo tipo en distintas zonas. Desde cúmulos de bolsas de basura negras hasta neumáticos, escombros, madera y otros restos que fomentan puntos de acumulación de desechos. En 2018 se implementó la estrategia de ubicar contenedores de basura en diferentes sectores; sin embargo, el uso que les han dado los bogotanos no ha sido el adecuado. La comunidad los ha utilizado para dejar la basura a un lado, lo que fomenta la formación de pilas más grandes. Esta acción ejemplifica el mal manejo que los ciudadanos tienen hacia los residuos reciclables o desechables. Una investigación realizada por el informativo ‘City TV’ afirma que existen 667 puntos de acumulación de basura en distintas zonas de Bogotá. Esto genera un problema de salud pública y refleja la falta de cultura ciudadana respecto a la crisis de residuos que atraviesa la ciudad.
Gustavo Villalba, miembro de la localidad de La Candelaria, manifiesta que esta crisis de basura en la ciudad también es un problema ciudadano, “es importante cambiar el comportamiento de la gente respecto a la situación. Es un tema de cultura ciudadana, y el simple hecho de que no haya tanta basura botada en la calle es fundamental para un cambio. Sin embargo, es claro que hay un problema grave con el tema de las basuras y la recolección”.
A causa de esta situación, el Distrito ha implementado distintas estrategias con el fin de que la comunidad se eduque en torno al tema. Una de ellas ha sido denominada como, “Que la basura no se vuelva paisaje”, estrategia creada en el 2023 por la Subsecretaría de Cultura Ciudadana y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, con el objetivo de generar conciencia social acerca de la correcta gestión y separación de residuos. Por medio de este programa, se explican datos esenciales, como la necesidad de que los materiales reciclables se organicen y limpien para luego ser acomodados en bolsas blancas y entregados a los recicladores.
Este tipo de estrategias son favorables para el gremio de recicladores, ya que pueden reducir los accidentes laborales. La señora Rosa afirma que en distintas ocasiones ha sufrido percances a causa de la mala separación de basura. “En varias ocasiones me he encontrado con vidrios, agujas o veneno entre los residuos; en realidad, a la gente no le importa”.
Así mismo, un estudio realizado por el programa de Terapia Ocupacional de la Universidad del Rosario, encontró que al menos un 13% de trabajadores han sufrido lesiones físicas a causa de la mala separación de residuos. Las lesiones más frecuentes son golpes, cortaduras, traumas en tejidos blandos y amputaciones. El mal manejo de residuos por parte de los ciudadanos implica afectaciones físicas graves hacia aquellos trabajadores que dedican su día a día a la separación de basura en la ciudad.


Bogotá enfrenta un colapso en la gestión de residuos urbanos
La crisis de las basuras en Bogotá es un problema estructural. Según Proyección Capital, entidad que supervisa la operación de residuos desde 2018, el esquema actual enfrenta dificultades relacionadas con fallas en los contenedores, demoras de la UAESP, incumplimientos de los concesionarios, ausencia de comparendos ambientales y la dispersión de residuos provocada por habitantes de calle y carreteros.
La acumulación de desechos en zonas residenciales y escolares ha generado focos de contaminación y riesgo para la salud de los niños. El ex presidente, Gustavo Petro, quien ha señalado que el manejo de residuos no depende únicamente de la cultura ciudadana, sino también de la privatización del modelo de recolección, propuso un esquema mixto con fuerte presencia estatal, con el fin de dignificar el trabajo de los recicladores y reducir la dependencia del sistema tradicional.
El Tiempo realizó un recorrido por la localidad de San Cristóbal, al suroriente de la ciudad, una de las más afectadas. Allí se evidenció la acumulación de residuos en contenedores, la presencia de roedores en los alrededores y desechos retenidos en shut de basura que, según los habitantes, llevan aproximadamente un año sin ser retirados. Además, Rosa afirmó que en el centro de acopio se debe fumigar una vez al mes, teniendo en cuenta que, pasado el tiempo, se genera presencia de roedores.
Estas no son las únicas zonas afectadas. La concejala Diana Diago reveló que, entre julio de 2024 y enero de 2025, se registraron 123.154 peticiones, quejas y reclamos relacionados con el manejo de basuras en Bogotá. De acuerdo con los datos presentados, las localidades más afectadas son Engativá, con 15.548 reclamos; Kennedy, con 11.841; Suba, con 10.355; Bosa, con 9.714; y Puente Aranda, con 6.629.
El panorama refleja no solo una deficiencia en la operación, sino también la urgencia de replantear un modelo que garantice condiciones dignas para los trabajadores del sector y, al mismo tiempo, un entorno limpio y seguro para la ciudadanía.
La crisis de las basuras en Bogotá es un problema que se ha perpetuado en la ciudad, y no ha sido posible encontrar mecanismos estables para disminuirla. El papel de los recicladores ha sido fundamental dentro de la misma, pues se estima que al menos en Bogotá hay 20.000 personas desempeñando esta labor. Un informe realizado por Greenpeace y la Universidad de los Andes indica que, en Bogotá, el 56% de la basura diaria está compuesta por plásticos; solo el 17% del total de residuos generados en la ciudad (unas 1.600 toneladas diarias) se recicla, mientras que el resto termina en vertederos o ecosistemas, siendo en su mayoría recolectados por el gremio de los recicladores. La falta de empatía y conciencia social por parte de la comunidad solo fortalece la problemática de acumulación de residuos sin tomar un llamado a la acción real que logre cambios significativos en el problema actual de la ciudad.