Facultad de Comunicación Social - Periodismo

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Un ambiente que nos masifica, la ceguera del siglo XXI

“Esta ceguera no es como ninguna otra, podría desaparecer tan repentinamente como vino”. José Saramago

Editado por: Juliana Sofía Guevara Borbón

Ensayo realizado para la clase de Gestión de Redes Sociales y Plataformas, (Sexto semestre – 2025 ll), bajo la supervisión de la profesora Catalina Restrepo Díaz.

“Esta ceguera no es como ninguna otra, podría desaparecer tan repentinamente como vino”. 

José Saramago 

Un mundo análogo que se transforma en lo digital; de átomos a bits, de materia a energía, de cuerpos a números. Unos y ceros forman un todo en pleno siglo XXI. El ser humano ante un mundo digital que lo asecha, invade, controla y moldea. El homo sapiens es un ser que siempre ha estado adherido a la técnica, pues esta herramienta le ha permitido sobrevivir y adaptarse a un mundo hostil. Con la llegada de la tecnología pasó de enfrentarse entre seres vivos a hacerlo contra algoritmos, datos y bits que reposan, viajan y fluyen en aparatos tecnológicos.  

El siglo XX fue la cuna de la llegada de internet y el siglo posterior el canal desarrollador de su máxima potencia. En este periodo fue evidente la identificación del paso de lo análogo a lo digital. La llegada de dispositivos tecnológicos, plataformas digitales, algoritmos y un etcétera largo que han modificado la interacción social, ha sido una expresión de la digitalidad en pleno siglo XXI. Estas plataformas e instrumentos son medios que como dice McLuhan (1994), modifican el comportamiento humano. Debido a que, son ambientes que conducen a moldear las conductas de los usuarios. Son espacios que actúan desde factores abióticos y bióticos, es decir, requieren de componentes tanto físicos vivos como no vivos; desde un aparato hasta un ser humano. Así mismo, de factores socioculturales preestablecidos dentro de las mismas plataformas.  

Es por eso, que el ambiente del medio es fundamental para entender las modificaciones culturales y comportamentales dentro de la sociedad. Para Marshall McLuhan (1994), “el medio es el mensaje”, para Nicholas Negroponte (1995), “en un mundo digital el medio no es el mensaje, sino una encarnación de éste”. Ambos autores coinciden en que los medios son ambientes, y en dichos espacios el mensaje se apropia por él mismo hasta convertirse en uno solo.  

Es decir, el medio ya no está separado del mensaje, sino que coexiste como portal y base integral que lo representa.  

Hoy en día todo comunica; cada espacio es un medio, cada medio un mensaje, cada mensaje un portal que transforma. Las redes sociales, las plataformas digitales y los aparatos tecnológicos, son piezas dentro del gran engranaje social actual. Estos no solo son medios, sino extensiones propias de la sociedad, extensiones que se adhieren a los individuos incorporándose a su cotidianidad, pero adormeciendo una parte de sí mismos, como Strate (2012) expresó, se entumece a la consciencia, lo que nos convierte en sonámbulos. Por ende, se navega dentro de una era que no solo amputa la conciencia, sino que modifica la manera en que se relaciona con los demás, aquello de lo que se piensa y la forma en la que se actúa.  

El mundo digital hoy se nutre de múltiples interfaces, de cientos de herramientas y de miles de sistemas que operan entre sí para hacer la interacción digital más productiva. Sin embargo, hasta qué punto el ser humano es capaz de explotarse así mismo, con tal de explorar el alcance tecnológico, hasta qué punto puede llegar a ser objeto y herramienta de un sistema en auge, de una nueva estructura social, política y económica arraigada a la digitalidad. El ser humano de hoy se nubla ante la luz que proyectan los aparatos tecnológicos, vive ante una ceguera digital que no le permite ver más allá, que le impide cuestionar los ideales que esta misma promueve y estructura.  

Una ceguera similar a la que expuso Saramago (2015) en Ensayo sobre la ceguera, solo que esta vez en un entorno que traspasa los muros físicos y empieza a deambular en formatos digitales. Cobo (2019) expone cómo se aceptan los términos y condiciones ante la presión de encajar en una sociedad que exige homogenizar. Que declama de “moda” e “inclusión” ante ideales que impone, que demanda de datos y de información que nutren el poder de una minoría. George Orwell (2024) en 1984 ejemplifica por medio de sus icónicas frases: “La guerra es paz, la libertad es esclavitud, y la ignorancia es fuerza”, cómo una sociedad bajo estos conceptos se vuelve una masa, —simple materia—, un sistema que actúa desde la falta de pensamiento crítico que le impide cuestionar los medios.  

Las redes sociales son un ejemplo práctico de como las masas se vuelven fáciles de controlar y manipular sin ni siquiera darse cuenta de que lo son. “La ignorancia es fuerza y la ´libertad´ es esclavitud”, dentro de un sistema en el que pareciera que somos libres, pero pagamos a costa de información que reposa, de esos datos residuales navegantes dentro del sistema que Shoshana Zuboff (2020) denomina; Capitalismo de la vigilancia.   

La aprobación de los datos personales con el fin de pertenecer al mundo virtual, se cede la privacidad ante un sistema que se aprovecha de la información. La esfera pública y privada se entrelazan sin dejar rastro. Saben dónde estamos, —por la ubicación—, el lugar en el que nos encontramos, —por la etiqueta del espacio—, con quien estamos, —por las menciones a personas—, y como percibimos dichos momentos, —por los hashgtags que se utilizan, #amor, #felicidad, entre muchas otras clasificaciones—.  

Las esferas entre lo privado y lo público se han desdibujado: lo primero se expone, mientras lo segundo se mercantiliza. Según Hannah Arendt (1993) distingue la esfera privada desde el ámbito del hogar y la familia, donde se satisfacen las necesidades básicas de la vida como la alimentación, el cuidado y la reproducción. Este espacio, se ha desconfigurado con la llegada de la tecnología, cuyo fin se introdujo con la idea de “automatizar” algunas tareas humanas. Shoshana Zuboff (2020) expone en su ejemplar el precio detrás de abrirle las puertas del hogar a los dispositivos electrónicos digitales, pues estos son los aparatos encargados de recolectar la información a través de la extracción de datos que ventajosamente terceros utilizan para fines comerciales.  

Es por eso que, se diluye el concepto de esfera privada que en su momento Arendt (1993) planteó como el espacio donde privan los intereses individuales y familiares, para pasar a ser netamente un ambiente público donde los individuos son iguales, visibles y escuchados, que desde Zuboff (2020), se puede entender como un mecanismo que nos masifica, nos hace uniformes, —desde el digito—, y perceptibles, —desde el mecanismo de control. 

La libertad que venden las redes sociales no es más que una libertad disfrazada, un discurso construido del que se hace parte; se nutre de contenidos donde reposan estéticas, estereotipos, modelos a seguir. Tendencias que van desde bailes virales hasta bromas y/o desafíos que permiten ver como la comunidad se va masificando. Se replican ejemplares que nublan la autenticidad del individuo, — la ilusión de autenticidad—.  

Detrás de estos formatos, contenidos y/o herramientas tecnológicas se esconde un nuevo concepto; la economía de la atención que como Zuboff (2020) expone es un sistema que está inmerso tratando de acaparar la atención humana, cuyo recurso está escaso frente a esta nueva era digital, y por el que terceros compiten para lograr llamar la atención de los usuarios y así sacar provecho. Desde la recopilación de datos que les permiten a las empresas crear productos y/o contenidos que anticipen y moldeen los comportamientos con la finalidad de acaparar dicha —anhelada— atención, hasta lograr obtenerla y beneficiarse de esta. Es por eso que, la atención se convierte en la materia que forma parte dentro del nuevo modelo de negocio, —capitalismo de la vigilancia—, sistema que no solo pretende vender, sino controlar y moldear a los usuarios por medio de dichas predicciones e influencias digitales. Por ende, pasamos de hacer parte del universo digital, de algo que poseemos en algo que nos posee, cuyo sistema se basa en la vigilancia constante y el control absoluto, disfrazado de libertad.  

En este orden de ideas el mundo digital es todo un universo que nos permite interactuar más allá del espacio en materia, pero nos invade, controla y moldea. Explorar como se van modificando las dinámicas sociales con la llegada de la tecnología nos permite entender cómo los individuos se van masificando, van perdiendo su autonomía y se van adaptando a un nuevo ambiente cultural, político-social y económico. Si bien el ser humano es la base del desarrollo y principal cocreador de las inteligencias y avances digitales, es responsable de igual forma, del uso, residuo y planteamiento relativo que se les dan a las mismas. Es el propio ser humano quien se pone una venda blanca en los ojos, el que se deja cegar de la luz digital que envuelve sus pensamientos, que influye en sus decisiones y quien permite conceder su autonomía y libertad.  

En esta era, el individuo se vuelve parte de la gran masa digital que se mueve por emociones representadas a través de ideales que contenidos y narrativas van promoviendo, se van homogenizando aquellos imaginarios que se normalizan e instauran socialmente, —como aceptar las condiciones con tal de hacer parte de un determinado grupo y/o comunidad—. La homogeneización de aquellos imaginarios conduce a la aceptación inconsciente de aquellas condiciones que, aunque limitan la autonomía, ofrecen la ilusión de pertenecer. En ese proceso de reconocimiento, el individuo hace entrega de datos e información y, con ella, parte de su libertad, dejando que una ceguera digital invada su privacidad y deteriore los límites de lo íntimo.  

Esta dinámica modifica el poder y las nuevas formas de control. Las ideas pasan de imponerse a la fuerza a hacerlo a través de la conectividad y la promesa de visibilidad. Los algoritmos, —herramienta invisible, pero omnipresente—, redireccionan las emociones, los comportamientos y transforman nuestra libertad en dependencia, que se transforma en materia prima; pues las experiencias humanas, —controladas—, pasan a convertirse en el producto principal de una economía que monetiza toda interacción. Esta es la era de la ceguera digital, donde la verdad es lo viral, el reconocimiento se mide por el número de seguidores y el pensamiento crítico se envuelve en la inmediatez de lo efímero. ¿Realmente el mundo digital nos permite movernos libremente o somos códigos, que en materia construyen la masa del ruido de la red, en un entrañado digital que alimenta nuestra ceguera? 

Bibliografía 

Arendt, H. (1993). La condición humana (Trad. de R. Gil Novales). Barcelona, España: Paidós. (Obra original publicada en 1958).  

Cobo, C. (2019). Acepto las condiciones: Usos y abusos de las tecnologías digitales. Fundación Santillana, Madrid. 

McLuhan, M. (1994). Comprender los medios de comunicación: Las extensiones del ser humano (Trad. de J. M. Pérez Tornero). Barcelona, España: Ediciones Paidós Ibérica. (Obra original publicada en 1964). Recuperado de https://semioticaderedes-carlon.com/wp-content/uploads/2018/04/McLuhan_Marshall__Comprender_los_medios_de_comunicacion.pdf 

Negroponte, N. (1995). El mundo digital (Trad. de M. Abdala). Barcelona, España: Ediciones B. (Obra original publicada en inglés como Being Digital). Recuperado de https://users.dcc.uchile.cl/~cgutierr/cursos/INV/serDigital.pdf 

Orwell, G. (2024). 1984. (M. M. Correa, Trad.; I. Pérez, Ilust.). Panamericana Editorial. 

Saramago, J. (2015). Ensayo sobre la ceguera (B. Losada, Trad.). Penguin Random House Grupo Editorial. 

Strate, L. (2012). El medio y el mensaje de McLuhan: La tecnología, extensión y amputación del ser humano. Infoamérica: Iberoamerican Communication Review. 

Zuboff, S. (2020). La era del capitalismo de la vigilancia: La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder (Trad. de A. Santos). Barcelona, España: Paidós