Facultad de Comunicación Social - Periodismo

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Tejidos sin memoria

Mientras Europa convierte el duelo en moda y encarna la pérdida en encajes y sombras; en Colombia la pasarela calla. ¿Es olvido cultural o resistencia a vestir la memoria colectiva?

Editado por: Juliana Sofía Guevara Borbón

Reportaje realizado para la clase de Taller de géneros periodísticos, (Cuarto semestre – 2025 ll), bajo la supervisión del profesor Fernando Adrián Cárdenas Hernández.

París aún no despertaba del todo cuando un cuervo descendió sobre la pasarela. No voló. No graznó. Se posó sobre el brazo de la mujer que caminaba en silencio, como si emergiera de un sueño barroco. El cuervo, símbolo de la muerte ineludible, vigilaba desde su pedestal humano. Como si recordara, en su silencio inmóvil, que no toda elegancia nace del deseo. A veces nace del duelo. La rapera Cardi B avanzaba envuelta en un Schiaparelli negro que no abrazaba el cuerpo, sino el aura. El vestido sostenía una lluvia de perlas detenidas, como si el tiempo también hubiera decidido guardar luto. El escote, que se elevaba más allá del rostro, la convertía en icono y en altar. No era solo un look. Era un presagio. 

El duelo marcó el tono general del encuentro. La mayoría de las marcas europeas presentaron colecciones entre sombras, encajes lúgubres y fantasmas de alta costura. La Haunted Couture, una estética que fusiona el duelo con el lujo, dominó París y Milán. Sin embargo, en las semanas de la moda Colombia 2025, esta tendencia quedó totalmente ausente. En un país cuya historia está marcada por la violencia, ¿por qué la moda se niega a enfrentarse al dolor de manera directa? 

Este contraste se hizo evidente pues, en las pasarelas europeas del 2025 no se mostraron solo vestidos, se encarnaron espectros. Firmas como Schiaparelli, Valentino, Dior y Jean Paul Gaultier dieron vida a la Haunted Couture. Esta tendencia funde el romanticismo gótico y el luto victoriano con la evocación de la muerte; sin embargo, este giro no es solo estético, sino emocional. Medios como InStyle en “Gothic romance is the dominant mood from Dior to Valentino and Jean Paul Gaultier” permiten evidenciar que el romanticismo gótico es el nuevo estado de ánimo dominante, por lo que ya no se viste para ser visto, sino para recordar. 

Esta narrativa permitió que la moda se convirtiera en un escenario para dialogar con la memoria y la pérdida, transformando la melancolía en arte. Según la periodista y directora de moda colombiana Lilly Rangel, “después de años marcados por pérdidas y crisis, los diseñadores proponen vestir no solo el cuerpo, sino también las emociones más profundas”. 

Lejos de ser una moda lúgubre, la Haunted Couture ha construido un discurso poético sobre la pérdida, el legado y la belleza en ruinas. Rangel destaca su vínculo con diseñadores como Alexander McQueen, cuya colección “The Widows of Culloden” de 2006, convirtió a las viudas escocesas en fantasmas en movimiento. Para ella, McQueen fue clave en convertir la pasarela en un ritual emocional y elevar el luto a una experiencia sublime. 

“Lo que vemos hoy en Europa retoma esa herencia, pero filtrada por un contexto distinto. Ya no es solo provocación estética, sino un lenguaje para procesar colectivamente la fragilidad y la pérdida”- Lilly Rangel 

Del otro lado del Atlántico, la moda tomó un rumbo completamente distinto. En Colombiamoda 2025 se celebró la creatividad latinoamericana desde la vida. Según The Latin Issue y AmericaMalls & retail, más de 60 mil asistentes, 650 marcas y un vibrante recorrido por 34 pasarelas urbanas confirmaron que el diseño colombiano está más vivo que nunca, enfocado en la sostenibilidad, la diversidad y el sentido de pertenencia. Pero entre todas esas propuestas, no hubo una sola que abrazara el duelo como estética. 

“Cuando se escoge un tema fuerte, el diseñador lo transforma – enfatizó la diseñadora colombiana Sofía Campos -. Tu no vas a ver siempre el concepto como tal, sino como lo interpreta el diseñador”. En Europa, esa transformación se volvió sombra y vistió el duelo con encajes lúgubres y dramatismo. Sin embargo, en Colombia, al reinterpretar la muerte, se busca implicar el avance y la resiliencia. La estética del dolor no se oscurece, se suaviza. 

En Colombia, vestir temas relacionados con el duelo y la muerte no es tarea sencilla. La influencia de las tendencias globales pesa, pero también lo hace el contexto local. Sofía resalta que abordar estos temas exige una alta dosis de responsabilidad; más allá de lo estético, se trata de una conversación sociopolítica. Por lo que la diseñadora afirma que no se diseña para imponer una visión, sino para invitar a la reflexión del posible cliente. Esto ocasiona que mientras en Europa se le permitió a la moda habitar la oscuridad como espacio de reflexión, aquí esa posibilidad fue omitida. 

Las diferencias entre Europa y Colombia no son solo estéticas. Son culturales, políticas e históricas. En el viejo continente, el duelo se vuelve arte, se dramatiza, se encarna como lenguaje y catarsis. Mientras que, en occidente, según el libro “La moda negra” del psicoanalista Darían Leader el duelo tiende a internalizar y ocultarse. No se viste. Solo se calla y se guarda. 

Según la periodista de moda, en 2025 Europa adoptó esta estética de duelo convertida en purificación visual en la que el luto pasó a simbolizar resiliencia y una profunda belleza. Esta tendencia emergió en un momento social frágil, resonando con aquellos que buscan una experiencia emocional más allá del consumo. “No se trata de glorificar la muerte, sino de sublimarla en un espectáculo que recuerda que la moda también puede ser un espejo del alma colectiva”. 

La moda cumple un papel clave en la construcción de la memoria colectiva, ya que cada persona forma parte del sistema y de la industria. Sin embargo, en Colombia aún persiste una falta de apropiación y orgullo por la cultura local. Según Sofía Campos, este reconocimiento solo es posible si se apoya al artesano, al campesino y a quienes mantienen vivas las tradiciones que muchos desconocen o han olvidado. Tal vez por eso, diseñar ropa que dialogue con la muerte sigue siendo un terreno incómodo, porque implica enfrentar una memoria nacional dolorosa que rara vez se visibiliza desde el vestir. Mientras en otras culturas el duelo se convierte en estética, aquí permanece como tabú, oculto bajo el brillo de lo aspiracional. 

Entonces, entre tanto, en Europa la muerte se convierte en espectáculo y costura de alto drama; y en Colombia el dolor sigue escondido en medio del silencio. No hay pasarela que vista el luto de los falsos positivos. Colección que cargue sobre los hombros la memoria de los líderes sociales asesinados. Ni silueta que se atreva a bordar el humo que todavía flota sobre el Palacio de Justicia. Nos enseñaron que el dolor no se muestra, que el duelo no se diseña. Porque lo que duele, mejor se olvida. ¿Puede una sociedad sanar lo que ni siquiera está dispuesta a vestir?