Psihipkwá (Cacique)
Hace 500 años, en tierras muiscas, se susurraba sobre un hombre dorado que realizaba rituales en una laguna, donde yacían ofrendas de oro.
Editado por: Laura Sofía Jaimes Castrillón
Crónica realizada para la clase de Taller de géneros periodísticos (Cuarto semestre – 2024 ll), bajo la supervisión de la profesora Estefanía Fajardo de la Espriella.
Cada leyenda, tiene una cultura detrás que se debe recordar.
Hace 500 años, desde Cundinamarca hasta el Magdalena, se susurraba por los aires la existencia de un hombre bañado en oro. Los guarichos, como se les decía en muisca a los hombres chismosos y lengüilargos, les contaron a los españoles, que había un territorio en donde aquel hombre realizaba rituales en una laguna, y en la profundidad de esta, se encontraban ofrendas hechas en oro.
— Esto les interesa a ustedes — comenta Paula, guía del Museo del Oro.
Nos encontrábamos en frente de una pequeña balsa metida en una caja de vidrio que en la parte de atrás tenía una pequeña inscripción que decía ‘La balsa de la ofrenda’. Es considerada la pieza más famosa del Museo del Oro de Bogotá, esta representaba lo que sucedía en la Laguna de Guatavita con la leyenda de El Dorado.
En 1969, un hombre llamado Cruz María de Mate, se encontraba con su hijo y con su perro en Pasca, Cundinamarca. En una cueva, encontraron una pequeña vasija, en ella había un poporo de cerámica, un elemento que se utiliza en las comunidades indígenas para poder triturar pequeñas plantas ancestrales. También se encontró un cráneo con una mandíbula de jaguar, y una pieza de oro muy sencilla que parece un cacique al que están cargando.
— Les voy a contar un chisme — Paula sonríe y empieza a contar una historia de conquista —resulta que un señor llamado Gonzalo Jiménez de Quezada había escuchado que cerca a Bogotá, en la laguna de Guatavita, un señor cubierto en oro lanzaba desde una balsa oro al centro de la laguna. Ese chisme fue tan impresionante que viajo mil kilómetros hasta Santa Marta, en donde se encontraba Jiménez de Quezada, él decidió venirse de allá hasta la laguna. En términos europeos a eso lo llamaron El Dorado.
Pero como toda leyenda, muchas cosas no terminan siendo verdad, la fiebre conquistadora en sus cuentos siempre quiso mostrar una historia sangrienta y llena de sacrificios por parte de todos los indígenas, y aunque en algunas comunidades sí podía pasar, en la laguna nunca se realizaron estas. La historia de la Laguna de Guatavita, el ombligo del mundo, enseña toda una cultura que se tenía antes de la conquista, la cultura Muisca.
Entre los valles y llanuras andinas, en lo que se conoce hoy como Cundinamarca, Boyacá y Santander, se encontraba la comunidad Muisca, conocidos por sus orfebrerías y famosas leyendas, «fundada por la legendaria figura de Bochica, quien vino del este y enseñó moralidad, leyes y artes, la civilización Muisca fue gobernada por caciques con la ayuda de líderes espirituales.» según World History Encyclopedia.
Por un camino empedrado, a lo lejos se veía una cabaña con un techo de paja, paredes blancas con bordes de pierda, y dos puertas, una de salida y otra de entrada, en representación de la salida del sol por el oriente y cuando se esconde por el occidente, y también el ciclo de la vida, por dentro tiene cuatro parales, el agua, la tierra, el aire y el fuego. Casa ceremonial o como se le llama en Muysccubun, Kusmuy. “El Kusmuy es un cuerpo, reflejo del mundo, del territorio, donde cada elemento cumple una función.” explica un letrero de la Corporación Autónoma de Cundinamarca (CAR).
—Antes de que profanaran estos lugares, aquí los muiscas realizaban ceremonias, una de ellas cuando elegían al nuevo cacique — dice Ana, guía encargada de darnos el recorrido de lo que antes era territorio Muisca. — Los hijos de mis hijas nietos serán, hijos de mis hijos en duda estarán, sabemos quién es la mamá, pero el papá quien sabe.
Para continuar con la consanguinidad quienes eran los nuevos caciques no eran los hijos de este, por el contrario, eran el hijo de la hermana mayor, es decir, el sobrino del cacique quien heredaba el puesto, en caso de no tener hijas, quienes lo heredaban eran los hijos de las primas. Esto se hacía para que no ocurriera lo que en Roma o Egipto pasó, en algunos casos el hijo del faraón o del Cesar no resultaba siendo de él. Sin embargo, con la conquista española, algunos hijos del cacique empezaron a demandar, ya que, en Europa, quienes heredaban eran los hijos, no los sobrinos.
Este joven elegido, debía pasar por dos ciclos para llegar a ser el próximo cacique. El primer ciclo consistía en que el niño estaría con sus padres hasta los 9 años para poder enseñarle los usos y las costumbres, después de la edad cumplida, será llevado a las montañas más altas de los territorios, donde habría una cueva en la que viviría durante 9 años, que representan los nueve meses que estuvo en el vientre de la madre.
Lo único que tendría sería fuego, por el frío que llegaba a hacer, y comidas a base de maíz, quinua, amaranto y chía junto con algunas carnes. La noche era el único momento en el que podía salir acompañado de sus mayores que lo llevarían a conocer los territorios y las fronteras, para que aprendiera a administrar la comunidad cuando fuera cacique.
Luego de esto viene el segundo ciclo, cuando cumple los 18 años, será guiado al Kusmuy, dónde pasará por una prueba en la que durante tres días tendrá que mantener el fuego a una altura prudente mientras a su alrededor mujeres desnudas bailaban para distraerlo. Si en el último día el fuego no ha bajado y el hombre no ha tocado a ninguna de las mujeres, este será el nuevo cacique. Si por el contrario el hombre cae en la tentación y toca a alguna mujer, ella misma lo entregará en la salida de la casa ceremonial, y ahí será castigado.
Para el hombre Muisca, la fuente de su fortaleza y orgullo se encontraba en el cabello, cuando el hombre no cumplía con aquella labor, la manera de despojarlo de su fuerza era cortándole el cabello, para que así cayera en vergüenza.
—Continuemos con el chisme —dice Paula acercándose a una pequeña vitrina ubicada en una sala oscura del Museo del Oro — Gonzalo Jiménez de Quezada salió de Santa Marta, se demoró un año llegando hasta acá, salió con 800 personas de allá. Cuando llegó aquí se habían muerto casi 650 personas en el camino. Entonces uno se pregunta ¿¡Cómo 150 conquistadores pudieron dominar a los Muiscas que eran miles!?. Entonces lo que realmente sucedió fue lo siguiente. Algunos pueblos Muiscas se aliaron con Gonzalo Jiménez de Quezada en contra de otros pueblos Muiscas.
En la vitrina se encontraba unas diminutas armas acompañadas de “guerreros”, en realidad, eran personas armadas. Antes de la conquista los únicos que tuvieron ejército profesional fueron los Incas, en Perú; los Mayas y Aztecas en México. En Colombia no hubo imperios, hay arqueólogos que plantean que los pueblos indígenas, especialmente los Muiscas, no querían imperios, vivían tan bien con la forma en la que estaban organizados que no tenían necesidad de extenderse por todo el territorio.
Al tercer día, al joven lo traen alzado porque no podía tocar tierra o sino perdería la prueba. Ya en la laguna, lo dejaban frente a las autoridades, junto con vasijas de barro y una balsa hecha de juncos y chusque. Alrededor de la laguna se encontraban entre 3.000 y 4.000 Muiscas que se volteaban para no ver el ritual, ya que el hombre se encontraba desnudo, lo único que llevaba era una pechera y una nariguera que le cubría la boca y no le permitía hablar.
— Él antes de dar la primera palabra a la comunidad tenía que escuchar, y así, más adelante dar una respuesta correcta. — dice Ana.
La melodía de los fotutos y tambores acompañaba al joven que entraba en la balsa junto con las primeras autoridades y se dirigían al centro de la laguna. Los rayos del sol iluminaban al nuevo cacique, mientras le aplicaban por todo el cuerpo extracto de plantas pegajosas, miel, y oro en polvo, haciéndolo brillar en representación al sol.
Después de esto, se quitará la pechera, la ofrenda al sol, y pedirá permiso para poder unir al hombre con mujer, sol con agua, hacer el pagamento, o en muisca payment, es decir, “el rito para agradecer lo que hemos recibido de la madre tierra, así como pedir permiso para realizar una acción o perdón si se ha generado desequilibrio.” “Guatavita es el vientre que contiene el agua. Madre del pueblo Muisca. En ella se unen lo femenino – el agua – y lo masculino – el sol –. Allí se encuentra el mundo tangible y el espiritual.” escribe el CAR en sus letreros informativos.
Después de pedir permiso se sumerge tres veces, al salir será cuando renacerá porque su cuerpo estará totalmente limpio. Subirá de nuevo a la balsa y será el momento de ofrendar todas las vasijas de barro que venían junto a él. Al llegar a la orilla su madre y su esposa lo estarán esperando.
— ¿Quién creen que escoge a la esposa? — pregunta Ana con obviedad ya que la respuesta es clara.
— La mamá — dicen todos los turistas al unisonó.
— No ha cambiado mucho, ¿verdad? — todos se ríen.
Mientras el cacique se preparaba, la madre elegia a las que creía serían las futuras esposas de su hijo. Ella escogía de 3 a 4 niñas a las que les enseñaba artes y oficios, una de las artes era tejer. Cuando aquellas niñas pasaban a ser señoritas (Guarichas, la etapa que termina la niña para convertirse en señorita sabía de conocimiento, que no ha conocido hombre aún.) las llevaban a una cueva en donde les brindaban una información, que tenían que plasmar en un bolso y una manta. Aquellas mantas eran ubicadas en la mitad de la casa de la madre del cacique, quien las revisaba una por una, después la mujer elegía el bolso y la manta de su preferencia, y la dueña de estas sería la elegida.
La mujer cumplía un papel importante en la cultura muisca. De hecho, varios objetos prehistóricos, como la cabeza de bicéfala, evidencian que la dirección del mando en la comunidad era dirigida por dos poderes; el cacique y la cacica. En la actualidad, los municipios en donde se asentaron los muiscas tienen una tendencia matriarcal, las mujeres tienen más poder que en otras comunidades. Por ejemplo, el Socorro en Santander y Tibasosa en Boyacá.
Al finalizar el día, celebraban la posesión del nuevo cacique, esperando que este le trajera prosperidad y una buena administración a la comunidad. Todos los habitantes hacían una fiesta en conmemoración de esta ceremonia que duraba de cinco a ocho días. Sin embargo, con la colonización este tipo de rituales se fueron perdiendo.
Este recorrido por la memoria Muisca rompe con las leyendas conquistadoras, llenas de miedo y estigmas, y nos hace recordar las tradiciones de nuestros pueblos ancestrales, logrando así, conectar con el pasado y siendo consciente de él en el presente. “Educar en la verdad es una tarea que va más allá del solo hecho de alimentar. Como el cuerpo necesita alimentos, así también el espíritu necesita orientación y la nueva generación debe crecer con orgullo de lo que es y lo que se tiene. Ser orgullosos de ser Muiscas. Así estaremos perpetuando nuestro pensamiento a las nuevas generaciones.” Así cierra el CAR su recorrido.

Foto tomada por: Laura Valentina Franco Segura.

Foto tomada por: Laura Valentina Franco Segura.

Foto tomada por: Laura Valentina Franco Segura.

Foto tomada por: Laura Valentina Franco Segura.

Foto tomada por: Salomé Barreto Camargo.

Foto tomada por: Laura Valentina Franco Segura.

Foto tomada por: Laura Valentina Franco Segura.

Foto tomada por: Laura Valentina Franco Segura.