Facultad de Comunicación Social - Periodismo

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En la calle, los muros tienen memoria 

Los ladrillos de la capital no solo sostienen edificios, también cargan el peso de la memoria expresado en trazos de mujeres que, a través del arte, luchan contra la opresión y la violencia de género.

Editado por: Juliana Sofía Guevara Borbón

Fotorreportaje realizado para la clase de Taller de géneros periodísticos, (Cuarto semestre – 2025 ll), bajo la supervisión de la profesora Estefanía Fajardo de la Espriella.

Convirtiendo muros en lienzos de resistencia en un país en el que aún se intenta silenciar la voz femenina, artistas Bogotanas – muchas anónimas – rompen contra ideales conservadores con mensajes abstractos y literales, llevando al arte urbano al campo de la lucha. En Colombia, ser artista urbana es un riesgo, no solo por que es tradicionalmente considerado como un acto “vandalismo”; sino también, porque la sociedad ve con incomodidad la lucha feminista. 

Aunque el arte sea interrumpido por individuos que busquen callarlo, la manifestación gráfica urbana desafía los intentos del sistema por callar lo que la memoria grita. Estos murales desperdigados por la capital son únicos en esencia, pero comparten una misma lucha.

En detalle, una mujer negra en lágrimas y lirios rosados conforman la obra. La composición conecta la fragilidad de la vida con el dolor de la pérdida, símbolos recurrentes en la denuncia de las violencias contra las mujeres.

El mural muestra a una mujer con su hijo pequeño en brazos en medio de un entorno urbano, en el que usualmente no se reconoce el trabajo de ser madre.

“Lucha como mujer”la memoria plasmada en un muro de la Universidad Nacional de Colombia, en el que se conmemora y reconoce la resistencia de mujeres influyentes en las luchas sociales.

Un contexto más amplio en el que el papel de la mujer es protagonista. Tiene matices de sensibilidad humana y empatiza con los contextos de violencia que rodean a las mujeres. 

“Berracas sin guardar silencio” grita la necesidad de denunciar los casos de violencia de género. 

El mural cuestiona los roles de género mostrando a una mujer cargando tazas sobre su cabeza, símbolo de los “modales” y la perfección femenina que históricamente se ha exigido. 

En la intersección de la calle 26 con carrera 30 – zona donde era recurrente la violencia de genero por la falta de seguridad –, se encuentran estos manifiestos informativos en los que se explican los tipos de violencias que sufren miles de mujeres en Colombia. 

El mural representa el rostro de una mujer de perfil con una mariposa en el pecho y una flor amarilla en la mano. Estos símbolos evocan la transformación, la esperanza y la resistencia frente a la violencia y el olvido. El fondo púrpura, color asociado al feminismo, refuerza el mensaje político.

Representación de figuras femeninas en tonos morados y verdes, integradas con elementos de la naturaleza como flores, hojas y tejidos, evocando cuidado, memoria y conexión con lo ancestral, resaltando a la mujer como sinónimo de resistencia y sanación colectiva.

“Armonímetro”, pensado como herramienta de conciencia ciudadana sobre cómo se viven las relaciones cotidianas. Por un lado, resalta relaciones basadas en la libertad, el cuidado y el apoyo mutuo; por otro, contrasta con la violencia extrema, nombrando el feminicidio y otras agresiones.

El mural combina texto y figuras para transmitir un mensaje político y de resistencia, “Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”. El fondo rojo intenso refuerza la idea de lucha colectiva, mientras la figura de una joven con una bandera alude a la movilización social.

Retrato de tres mujeres que emergen del río como figuras de vida, unidas al agua y la tierra que las rodea. La mariposa refuerza la idea de renacimiento y libertad, mientras sus gestos transmiten fuerza interior y conexión con la tradición que las acoge sin reprimirlas. 

El mural “Somos los que no callan”, es un grito de resistencia, que convierte el muro en un espacio de denuncia contra la violencia y el silencio impuesto.

Detalle del valor de la diversidad de las mujeres colombianas, el renacer desde las raíces y la lucha por mantenerlas sin perpetuar violencias tradicionales. 

La resistencia de las mujeres en este ámbito, a pesar de enfrentarse a una sociedad que busca silenciarlas e insiste en reproducir violencias, evidencia el valor del arte como herramienta en la lucha por la igualdad de género. Las muralistas levantan su voz para transformar y cuestionar estos patrones. Tal como afirma una integrante del Colectivo de Mujeres Muralistas de Bogotá, “las palabras del feminismo que vienen desde el arte transforman a una mayor amplitud de sociedades”.