Facultad de Comunicación Social - Periodismo

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No camino, no troto, pero sí ruedo

El skate no es solo un deporte; es un salvavidas que te enseña a ser fuerte. Después de tantos golpes, la vida parece más simple.

Editado por: Profesor Sergio Enrique Jiménez Salazar.

Reportaje realizado para la clase de Taller de géneros periodísticos (Cuarto semestre, 2024-1), con la profesora Estefanía Fajardo de la Espriella.

El skate no es solo un deporte; es un salvavidas. Te enseña a ser fuerte, a levantarte tras cada caída. Después de tantos golpes, la vida parece más simple. El skate no es solo una práctica; es una cultura, un movimiento, una escena con un pensamiento profundo sobre la independencia, la autogestión y la divergencia. En este deporte, quienes lo practican, deben caer y levantarse tantas veces como sea necesario, lo que les enseña a explorar y explorarse a sí mismos, a la ciudad y a su entorno.

Es una práctica que ha pasado de ser marginal a convertirse en un movimiento cultural vibrante, representando la esencia misma de la juventud urbana. Nació en las calles de ciudades principales: Bogotá, Medellín y Cali, como un escape de realidades sociales y económicas difíciles. La cultura del skate en Colombia está marcada por el arte callejero y la música, especialmente el hip-hop. Es un deporte que fusiona tatuajes, grafitis y ropa ancha. Los skaters ven en esta práctica una forma de expresión, libertad y resistencia.

No es un flotador, es mi tabla y es mi salvavidas

Alison Florido, conocida como “Buena la Negra”, lleva nueve años practicando skate. Estudia licenciatura en educación artística y educación especial. Para ella, el skate lo es todo: son sus pies, su alegría y su salvavidas cuando está triste, agobiada o estresada. «Monto y ya se me pasa todo», dice Alison. Para ella, el skate es más que una afición; es un amor. Como mujer, la hace sentirse una guerrera todos los días. Ha aprendido a levantarse después de las caídas, y sabe que, en la vida real, sin su tabla, también puede “pararse duro” porque el skate la ha enseñado a caer muchas veces. Caerse desde su percepción lo es todo, pero a la vez no significa nada.

Alison considera que hoy en día el deporte no está cerrado para las mujeres; al contrario, es todo lo opuesto. «Nos estamos moviendo fuerte, haciéndonos notar y mostrando que valemos lo mismo que un skater hombre; hay más entendimiento de que las chicas también estamos en este movimiento». Con esfuerzo y empeño, Alison aspira a llegar al nivel profesional. Ha representado a Cundinamarca en juegos nacionales y ha ganado algunos de ellos. Sin embargo, reconoce que se necesita más apoyo. Aunque en ocasiones lo ha recibido, muchas veces solo ha contado con su determinación para lograrlo.

Para ella, es importante que las chicas graben más y hagan más videopartes, ya que hoy en día se usa más Instagram y otras redes sociales, dejando atrás la old school de grabar y compartir las tomas. «Hay una chica que ya hizo su videoparte, se llama Anita Falla, y me parece muy teso porque motiva y da más experiencia en el skateboarding», afirma Alison.

Entre ruedas y mi salud mental

El skate es una expansión de tus límites y un reto para vencer tus miedos. Es una cultura inclusiva y diversa, donde conviven punks, metaleros, hiphoperos y todo tipo de personas, lo que hace de los skateparks un espacio seguro y experimental. Estos lugares están abiertos a todos, y siempre han estado llenos de personas que piensan de manera alterna y distinta. Además, es una actividad que se comparte con amigos o con el «crew», como lo llaman. Algunos se dedican a montar, otros a pintar o a hacer tablas, siempre con un apoyo mutuo, lo que genera un fuerte impacto en la salud mental.

Existe un reto psicológico constante para manejar emociones como la ansiedad o el estrés, que surgen ante los fallos y la continua prueba y error. «Una técnica psicológica beneficiosa es imaginar o visualizar cómo te sientes al hacer ese movimiento. Para que algo salga bien, es importante el estado emocional, que influye en cómo piensas para realizar el truco y sobrellevar la frustración o transformarla en algo positivo”, dice Sebastián Martín, psicólogo especialista y magíster en psicología deportiva.

Es fundamental construir deportistas con una excelente confianza en sí mismos, y los entrenadores son clave en esta formación, especialmente en niños de entre seis y nueve años. El trato de los entrenadores influye en la percepción que cada deportista tiene del skate. En algunos casos, es una de las principales razones por las que los jóvenes abandonan la práctica. «Es fundamental promover un ambiente cómodo y respetuoso, libre de emociones negativas, que permita un entorno seguro donde puedan ser ellos mismos y hacer lo que les gusta», comenta Sebastián.

“Es algo indescriptible, una sensación de libertad que despeja mi mente. Para mí, es un estilo de vida que disfruto profundamente. Podría decir que me ha salvado, porque el deporte, de una u otra forma, siempre termina rescatándonos de las dificultades de la vida”, comparte Jerónimo Peláez Ramírez, miembro de la selección Antioquia. Aunque compite, asegura que lo hace más por diversión, ya que no le agrada la idea de verse como rival de otros skaters. Para él, este deporte tiene un significado más familiar. Su bienestar mental está ligado a mantenerse enfocado en el skate y no perder el rumbo.

Entrenar no es tarea sencilla; el skate requiere una enorme resistencia tanto física como mental. “Practico todos los días, dedicando entre cuatro y cinco horas como máximo”, concluye, resaltando la disciplina que exige este deporte.

De ver revistas a crear el único skatepark indoor en Colombia

Juan Manuel Peña es el fundador y profesor de Bowl La Rana, un espacio cultural dedicado al skateboarding, las artes gráficas y la música. Su misión es apoyar proyectos locales e independientes de la ciudad. Además, tiene una escuela para niños, niñas y jóvenes de entre cuatro y dieciséis años, donde también les enseña a diseñar y crear su propia ropa. «Empecé a montar a los nueve años porque un amigo regresó de Estados Unidos con tablas, discos y revistas de skate. Con la influencia de esas revistas y de MTV, comenzamos a involucrarnos en la cultura en 1989», cuenta Juan Manuel. En esa época, empezaron a “enserar” bordillos, a saltar escaleras y a relacionarse con el grafiti, en una época sin celulares ni cámaras; simplemente patinaban, sin crear contenido como ahora.

La idea de Bowl La Rana surgió al ver videos de marcas y skaters relevantes, muchos de los cuales tenían un skatepark en sus patios o un espacio indoor. Ese era el sueño de muchos skaters que empezaron en los años 80. Después de años de trabajo y ahorro, Juan Manuel pudo construirlo. Comenzó como un sitio privado para amigos, pero hace cinco años decidió abrirlo al público. En este se realizan eventos gratuitos, ofreciendo un lugar para que las marcas locales y emprendimientos hagan exposiciones o torneos, creando un punto de reunión. «Hay pocos lugares como este en Colombia; es el único skatepark indoor, y aunque hay otros, no tienen esa chispa que permite que la gente se reúna y se conozca», explica Juan Manuel.

Estos eventos se realizan mensualmente para que la gente sepa que existe un lugar donde pueden ir, hablar, proponer y contar su historia, ya que el skate es una forma de narrar sus vidas.

«¿Qué le falta al skate para que sea más reconocido en Colombia?, es una pregunta muy difícil que prefiero no contestar», comenta Juan, reflejando el sentir de muchos en la comunidad. Para ellos, el skate es un deporte que parece condenado a la falta de apoyo y al escaso reconocimiento que realmente merece. Expresan que no existen los fondos ni las oportunidades necesarias para cambiar esta realidad. En un país como Colombia, consideran poco probable que el skate alcance la importancia que merece.

Muchas de las pistas de skate son construidas por los mismos skaters, con sus propias manos y recursos, sin más respaldo del Estado que una autorización o permiso. Es una cultura que se forja desde el amor y la pasión por un deporte que, para ellos, significa mucho más que una actividad física: es una razón para vivir y sentirse vivos.

En Colombia, el apoyo institucional hacia el skate sigue siendo limitado, pero el amor y el compromiso de esta comunidad son la fuerza que impulsa el crecimiento de este deporte. Cada truco logrado, cada videoparte compartida y cada espacio construido colectivamente son evidencia de una cultura que se niega a ser ignorada. Son pasos hacia un futuro donde el skate ocupe el lugar que merece. Mientras tanto, en cada pista y sobre cada tabla, los skaters colombianos continúan marcando su propio camino. Con determinación, demuestran que no necesitan más que ganas para avanzar. Para ellos, las caídas y los golpes no son un obstáculo, sino el comienzo de grandes logros.