Facultad de Comunicación Social - Periodismo

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Los epitafios dicen más de los vivos que de los muertos

Los epitafios revelan creencias sobre la muerte. Nevis Castilla los explora desde la semiótica, analizando cómo transmiten mensajes en un espacio limitado.

Editado por: Laura Sofía Jaimes Castrillón

Entrevista realizada para la clase de Introducción al lenguaje periodístico (Tercer semestre, 2025 – l), con el profesor Sergio León Ocampo Madrid

La comunicación es un campo tan amplio que, con frecuencia, pasa desapercibido en la variedad de sus formatos. Uno de los más particulares es el epitafio: breves frases grabadas en lápidas que no solo identifican y rinden homenaje a los fallecidos, sino que también desempeñan un papel importante como forma de expresión comunicativa. Nevis Castilla, profesora de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, estudió Comunicación Social y Periodismo en Rusia y se especializó en Lingüística y Literatura. En su libro Arcoíris del adiós, llevó a cabo una recopilación investigativa de epitafios colombianos con el fin de analizar el lenguaje fúnebre desde una perspectiva comunicativa. Este tipo de lenguaje plantea dinámicas interactivas que se pueden abordar desde las teorías de la comunicación. Por otra parte, el enfoque semiótico que propone Castilla abre nuevas perspectivas sobre las formas en que se expresa la muerte y la memoria. 

¿Cuándo y cómo se realizó el trabajo de investigación? ¿Quienes participaron? 

La primera investigación se hizo en Bogotá con el semillero “Étymos” de la Universidad Distrital Francisco de José Caldas. Fueron los chicos quienes me alentaron a hacer la investigación. Me ayudaron a recopilar un corpus de epitafios significativo en diferentes cementerios. Eran alrededor de unos 12 chicos, así que nos repartimos en los cementerios de Bosa, Matatigres, El apogeo, El Central… fueron muchos cementerios bogotanos. Trabajamos junto a David Navarro Mejía doctor en Ciencias de la Información, quien fue codirector de la investigación. Hubo un entrenamiento investigativo, una mirada, un enfoque para poder ir a terreno y recopilar los epitafios. Esa recolección se hizo a través de fotografías. Los chicos tomaban las fotografías y luego se digitalizaban.  

¿Cómo se entiende la muerte en Colombia a través de los epitafios? 

“Epi” es alrededor y “tafio” es muerte. Entonces el epitafio es esa inscripción de las tumbas que nos pueden revelar elementos muy interesantes de la cultura y cómo estamos como sociedad también. En Colombia la muerte es un tema transversal, por lo mismo que hemos vivido el fenómeno de la violencia desde hace muchísimos años. ¿Cómo la muerte nos atraviesa a los colombianos, como se normalizó incluso la violencia en nuestro país durante un tiempo? Y eso está muy relacionado con el epitafio y sobre cómo se comunica el duelo y la muerte a través de una lápida. 

En nuestra investigación encontramos que en el contexto colombiano ciertos símbolos son particularmente recurrentes. Las imágenes y textos religiosos destacan por su presencia constante y juegan un papel central en la estética de las lápidas. Por ejemplo, esta del Cementerio del Norte: “Jesús le dijo: yo soy el pan de vida; el que viene a mí nunca tendrá hambre; y el que en mi cree, no tendrá sed jamás”. O este del Cementerio Jardines del Apogeo: “No se muere aquella persona que se entierra sino aquella que se olvida”.  

Asimismo, es común encontrar representaciones que hacen alusión al oficio o a los intereses personales del fallecido como fotos, iconos religiosos, equipos de fútbol, flores, paisajes, etc. En el Cementerio Central se ve, por ejemplo: «Manuel Antonio Rueda: Ingeniero, institutor, autor didáctico” 

Otra cosa que nos llamó mucho la atención es que se usa mucho el hipocorístico (nombre alternativo, abreviado o modificado, que se utiliza para referirse cariñosamente a una persona en lugar de su nombre completo). “Gordo: la mona jamás te olvidara”, dice una lápida del Cementerio de Bosa. 

En Colombia a veces hasta fenómenos como la muerte que son tan trascendentales los trivializamos. En la tipología que hicimos de los epitafios hay unos que les denominamos humorísticos, porque a pesar de ser la muerte un fenómeno social tan duro, para los colombianos el chiste y el buen humor está presente hasta en temas como esos. «Cuidado me pisan” en el Cementerio de Cartagena o “Por fin duerme sola” del Cementerio de Bucaramanga 

¿Qué características tiene el lenguaje fúnebre y que lo define como un fenómeno comunicativo diverso? 

El epitafio sin duda comunica, toda la estética de la tumba lo hace a través de lo simbólico, a través de las palabras. Como audiencia funciona en la medida en que tú lees el epitafio. Una de las características es que es un género menor o género corto si hablamos un poco de la lingüística, como el grafiti o el piropo y otros géneros menores; el epitafio es uno de ellos. Sin embargo, tiene una característica interesante que es la permanencia. A diferencia del grafiti, que puede ser borrado, el epitafio permanece por los siglos de los siglos. Además, cuando el epitafio ha sido realizado por el propio fallecido o por algún familiar hay un conocimiento de las características de la persona que falleció, tratan de dar a entender quién estaba o quién estuvo y ahí hay una división del lenguaje no verbal, eso desde la semiología. 

¿Cómo se ve reflejada la semiótica en los epitafios? 

La semiótica es esa ciencia que estudia los signos, los códigos y está incrustado en la cultura. Para el caso de los epitafios, por ejemplo, veíamos que son más comunes los epitafios en los cementerios populares que en los cementerios de élite, hay un proceso de despersonalización del muerto y un proceso de desaparición del epitafio. Por supuesto que en los epitafios se revelan connotaciones de clases sociales, se revela el carácter, se revela a qué se dedicaba determinada persona, si murió de manera violenta o no. Todos esos elementos, de alguna manera, tienen que ver con la semiótica y acompañan al epitafio como texto y toda su simbología socio – cultural. Vimos, también, en nuestra investigación, las condiciones diversas de las lapidas en lo socioeconómico. Hay personas cuya lápida era bastante modesta, casi que, hecha por ellos mismos con cemento. El epitafio incluía muchas faltas ortográficas.  

“te estrañaremos por siempre” Cementerio de Bosa 

“tu nos has muerto” Cementerio del Norte 

“vivistes para hacernos felices” Cementerio Matatigres 

También lápidas en mármol, por ejemplo, con un mensaje mejor elaborado, pero con menos rimbombancia como este del Cementerio de Bosa: “Mamita pasaran los días, los meses, los años y jamás te borraras de nuestras mentes hasta que Dios por su infinita bondad nos reúna contigo para siempre”. 

¿El significado sociocultural de los epitafios cambia en otros países? 

Sí, hay cosas que cambian y que definitivamente tienen que ver con la cultura y con la historia que vive determinado pueblo. Para nosotros es importante el fenómeno de la violencia. Pero cuando yo fui al cementerio de la Recoleta en Argentina, el tema de la dictadura estaba presente también allí en los epitafios. Todos estos son elementos culturales que de alguna manera identifican o tienen ese sello de emblema en una nación o en un pueblo… lo vemos cuando hemos transitado por América Latina y por otros países donde hay otros sellos distintos que tienen que ver con lo que cada pueblo ha vivido históricamente. 

¿Como se ve manifestado el concepto de la memoria en la semiótica de los epitafios?  

El epitafio perpetúa la memoria del muerto. Borges decía que el olvido es otra forma de memoria. Los anhelos de la familia de acompañar al muerto tienen que ver con lo que hemos heredado ancestral y culturalmente junto con los rituales fúnebres. Yo pienso que una de las cosas que quiere la familia es que ese ser sea recordado y no olvidado. Por ejemplo, vimos tumbas con cartas en el cementerio Jardines de Cartagena. Es decir, tú ibas al cementerio y a los ocho días encontrabas otra carta; era un fenómeno del género epistolar interesante. Entonces, era una forma de evitar el olvido, el pensar que el fallecido de pronto está viendo o leyendo o enterándose de lo que ella o él ha expresado allí.  

¿Se puede analizar el lenguaje fúnebre desde otras disciplinas? 

La muerte es un fenómeno tan complejo e integral que debe tener varios lentes. La antropología nos aporta unos lentes. Aquí en Colombia hemos encontrado estudios antropológicos muy interesantes. Por ejemplo, el trabajo realizado sobre el tambor de Lumbalú de San Basilio, el ritual fúnebre de Palenque. Este tambor se utiliza para anunciar a la comunidad la muerte de una persona y, a través del rito, acompañar al difunto en su tránsito hacia el otro mundo. 

La semiótica nos aporta otros lentes y la lingüística también, cada disciplina enriquece. Las lecturas que se pueden hacer de fenómenos como la muerte son desafiantes, pero, necesarias para poder entender cada día más la sociedad que tenemos en toda su complejidad y toda su dinámica. 

¿Qué otros retos conllevan a estudiar el lenguaje fúnebre? 

Yo pienso que uno de los retos es estudiar, por ejemplo, la relación entre los jóvenes y la muerte, un tema tan difícil como lo es el suicidio. Es revelador que en algunas tumbas de personas que se suicidaron, hay ausencia de epitafio. Ese es un desafío que a mí me parece muy interesante, en especial en una sociedad como la nuestra, que tiene como tabú esa temática, pero que hemos visto que va en aumento. Me he preguntado por qué, por ejemplo, Uruguay siendo un país que avanzó en los últimos 50 años en lo social, ¿por qué tiene los niveles de suicidio que tiene? o ¿por qué en Colombia ha aumentado el suicidio en el contexto universitario? Ese es uno de los desafíos que tienen los investigadores, explorar allí un poco más el corazón de esa temática…