Facultad de Comunicación Social - Periodismo

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Vidrios rotos de una revolución pacífica 

Florence Thomas reflexiona sobre el feminismo en Colombia, sus logros pacíficos y los retos de las nuevas generaciones. Un diálogo urgente entre olas feministas.

Editado por: Juliana Sofía Guevara Borbón

Entrevista realizada para la clase de Introducción al lenguaje periodístico, (Tercer semestre -2025 l), bajo la supervisión del profesor Sergio León Ocampo Madrid.

Llegó a Colombia en 1967, un año después de la muerte de Camilo Torres. Era una época de cambios y revoluciones que impactaron de frente a la sociedad colombiana, un tiempo en el cual se formaron varios de los grandes movimientos sociales, entre ellos el movimiento feminista. Su tercera gran ola ya se estaba preparando en una pequeña oficina de la Universidad Nacional de Colombia ocupada por un grupo de mujeres académicas e intelectuales que pusieron sobre la mesa el rol de la mujer y la autonomía de su cuerpo en la sociedad colombiana. Ella estaba entre esas mujeres. De hecho, esa oficina, donde se formó la feminista con acento francés e imperturbable mirada, era de ella.

“No llegué feminista, me volví feminista gracias a la Universidad Nacional”

Se podría decir que Florence Thomas creció con el movimiento feminista, desde las conversaciones ligeras entre docentes de la universidad o charlas con comunidades de regiones apartadas acerca del patriarcado, hasta llegar a la televisión para defender la legalización del aborto.  Ha vivido diversas transformaciones del movimiento y, sin embargo, dice que no logra entender la cuarta y quinta ola del movimiento, la generación actual. Ella, al igual que muchos, perciben un cambio radical en el movimiento feminista e incluso una fragmentación. Hay grupos feministas con perspectivas tan contrarias, con formas de expresarse tan diversas que van desde batucadas hasta la destrucción de estaciones de Transmilenio. ¿Cómo se han transformado las marchas del 8 de marzo para que medios masivos de comunicación hagan mención de estas movilizaciones por los actos de violencia y vandalismo que se presentan? Tal vez Florence Thomas pueda ofrecer claridad a muchas de esas preguntas.

¿Cuál es su opinión frente a los grupos feministas actuales?

— Si uno habla de olas para que sea más fácil entender yo pertenecería a la segunda y la tercera ola. Tú me hablas de la cuarta ola e inclusive casi de la generación Z que llaman quinta ola casi de nieta y bisnieta mía. Entonces, tú me hablas de esta generación que es muy lejana, evidentemente, a la mía.

— Actualmente estamos pensando mucho en tratar de organizar un encuentro intergeneracional entre las viejas de mi generación, las de la segunda y tercera ola con las de la cuarta y quinta ola. Estamos tratando de organizar eso porque nos estamos dando cuenta de que no hay comunicación actualmente. Mejor dicho, hay una comunicación muy fragmentada.

— Las jóvenes a mí, por ejemplo, me tratan de feminista blanca. En la feria del libro del año pasado, donde presenté mi último libro, hubo mucha gente en mi charla; una mujer joven se levantó y me dijo, «Sí, pero Florence es una feminista blanca”. A esto respondí, «Oh, mujer, yo soy una mujer blanca y soy feminista.» Son dos cosas distintas. 

— Todo eso está en los problemas que hay actualmente. Entonces es complejo, ya no se habla del feminismo en singular, sino de los feminismos, pues se han creado nuevos conceptos del feminismo en la actualidad.

— Hay, actualmente, una especie de dificultad para encontrarnos. Es muy complejo, esta generación es una generación de redes sociales, de nuevos relatos. Nosotras leímos, es decir, tenemos la impresión de que las jóvenes de tu edad feministas actualmente no han leído a Simone de Beauvoir, no han leído el “segundo sexo”, no han leído a Virginia Woolf. Pero han leído otras cosas en sus teléfonos, viven con sus teléfonos en la mano, sus redes sociales, es otra lógica para construir, para cambiar el mundo. Yo no estoy diciendo que es menos bueno que lo de nosotros, es otra cosa. Y nos tenemos que escuchar las unas a las otras, si no, vamos a seguir fragmentadas y es lo que está pasando actualmente. Por eso me parece urgente que construyamos un encuentro en Bogotá de varias generaciones de feministas que se llamaría el gran encuentro intergeneracional feminista. Es lo que queremos hacer.

¿Cuál es su opinión frente a las manifestaciones de violencia que se presentaron durante las marchas del 8 de marzo?

— Hubo marchas muy buenas, sin problema. Marchas en calma y logrando lo que querían lograr con lemas buenos. Sin embargo, creo que la gran marcha central tuvo problemas.

— Hubo una manifestación contra una estación de Transmilenio y también lo que paso con las estatuas, yo no entiendo qué tiene que ver la pobre Pola, ¿por qué la vuelven mierda? Realmente uno se pregunta ¿por qué? Eso no lo entiendo, yo no sé qué buscan las jóvenes con eso. Pienso que el feminismo y los feminismos tienen que seguir siendo pacifistas.

— El siglo XX conoció la más importante revolución cultural, sin un solo muerto. Fue la revolución de las mujeres. Es decir, el feminismo tiene impactos culturales, impactos económicos, finalmente es una opción ético-política profundamente política. Cambiamos el mundo y sin un solo muerto. Nosotras no necesitamos muertos ni fusiles para cambiar el mundo y lo hemos mostrado en el siglo XX. En Colombia las mujeres no votaban en 1950, tus bisabuelas no votaron. Entonces mira lo que han logrado las mujeres. Esmeralda Arboleda, con el grupito de 20 que logran el voto de las mujeres durante una dictadura militar.

Las mujeres cambian el mundo pacíficamente con sus palabras, y una de las herramientas es el encuentro entre ellas, es la reunión entre ellas. Yo creo que esta herramienta sorprende mucho a los hombres, les preocupa mucho, los inquieta mucho.

— No entiendo muy bien el propósito de la violencia en marchas de mujeres cuando hemos podido demostrar que las mujeres no necesitan violencia para cambiar el mundo; lo hemos logrado y los grandes sociólogos del siglo XX, los grandes filósofos del siglo XX nos reconocen esa cosa.

Algunos grupos feministas cuestionan a la ciudadanía por enfocarse en los actos relacionados con el vandalismo que se presenta durante las marchas y no en los feminicidios que ocurren diariamente en Colombia ¿Cuál es su opinión al respecto?

— Las chicas de hoy dicen: “No, no se ofusquen porque estamos pintando o maltratando la Pola. Ofúsquense de los feminicidios”. Y yo le Respondo: No hemos hecho sino hablar de los feminicidios pensando que debería ser inclusive un asunto de Estado. No entiendo cómo todavía los feminicidios, dos al día, a veces tres, no se consideran una cosa de Estado. 

— Ese argumento no justifica el hecho de que se pongan a pintarrajear o a romper estatuas. No veo la relación. Una estación del Transmilenio pertenece a todo el mundo. Dañarla significa que van a joderle la vida a muchas mujeres populares que no van a poder meterse en ese Transmilenio y van a tener que caminar dos horas. Yo he escrito no se cuantas columnas en El Tiempo sobre el feminicidio. Es una gran tragedia que no logramos resolver de verdad, que es muy complejo, que es una tragedia mundial que viene de esa cultura patriarcal que sigue ahí, del maldito mandato de la masculinidad. Es decir, si tú no eres mía, no serás de nadie, prefiero matarte.

¿Hay instrumentalización del movimiento feminista por parte de los partidos políticos actuales?

Sí, por supuesto. Yo creo que sí. Retomando la violencia del 8 de marzo, ha servido mucho para la derecha. La derecha se aprovecha de cada pelea que tenemos entre feministas; creo que la derecha está feliz. Ellos deben decir: “mira estas imbéciles de feministas que pelean por… etcétera, etcétera”. Eso es lamentable.

— En la serie de Netflix, Adolescencia. El papel de las redes sociales influye enormemente en los jóvenes. Esto es un reflejo de lo que pasa con el movimiento feminista. Cuando escuchamos a la derecha o a un grupo de hombres que critican decir, «No, son las feministas. Nos están jodiendo la vida a los hombres y los hombres estamos muy infelices ahora. Parece que las mujeres ya no nos quieren.” Casi nos están diciendo, «pónganles freno”. Muchas cosas están en contra de las feministas ahora, la derecha nos recrimina la reducción en la tasa de natalidad, por ejemplo. Y yo las entiendo a ustedes cuando dicen, «No, yo no quiero hijos. No sé si me voy a casar”. Cosas que nosotras no podíamos ni expresar.

— Lo formidable de la generación de ustedes y lo deben a las feministas, es que ustedes pueden decir a los amigos y a la gente: “creo que no tengo muchas ganas de tener hijos”, sin ninguna culpa. En mi generación eso era un imposible. Cuando llegué a Colombia no encontré sino mamás, no encontré una sola mujer. Mujer era igual a madre. Lo que logramos hacer es la revolución, es mujer igual a sujeto social de derecho. 

¿Cuál considera que es el papel de los medios de comunicación y las redes sociales?

— Sabemos que es un punto fundamental trabajar con los medios. Fue difícil al principio sobre todo cuando hablamos del aborto. Fue complicado, y todavía lo es, que los medios hablaran de feminicidio y no de crímenes pasionales. Pero es lo que ha creado también el feminismo, un nuevo vocabulario, y eso, ha sido muy importante. Hay un aporte epistemológico del feminismo, de nuevas formas de pensar el mundo, nuevas maneras de hablar. Los congresistas ya se esfuerzan para decir todos y todas.  Vamos avanzando poco a poco.

— Es muy importantes entender, como comunicadoras y comunicadores, el saber adaptarse al público. Depende con quién van a hablar. Si estoy con un grupo de mujeres campesinas en Boyacá, me adapto. No voy a hablar de la comunidad LGBTIQ+, no les voy a botar eso a la cara. Vamos a buscar enseñarles, poco a poco, nuevos vocabularios que reflejan mejor la situación actual de las mujeres.

¿Cómo lograr ese diálogo intergeneracional?

— No creo que sea tan complicado, es comunicarse con ellas, es hablar con ellas, es buscar un grupito que esté dispuesto a escuchar y estén de acuerdo en que es urgente que nos encontremos. Es lo que vamos a hacer nosotras, es lo que estamos empezando a construir; buscar un grupito, primero para hablar con ellas y decir,» ¿están de acuerdo que nos encontremos?» Y, evidentemente, la gran mayoría dirá que sí.

Algunas dirán «Ay, no ¿para qué?, qué vamos a hablar con las abuelas del feminismo, que hartera.» Pero, en general, yo creo que están de acuerdo porque también les parece importante hablar con nosotras, hablar con esa generación, ver cómo han trabajado, qué es lo que hemos ganado con ellas.

Ya sabemos de grupos de jóvenes feministas aquí en Bogotá. Inicialmente vamos a construir desde Bogotá, pero también desde las regiones que estén dispuestas a hablar con nosotras y les parezca interesante hacer el encuentro intergeneracional.