Facultad de Comunicación Social - Periodismo

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La culpa no se va del todo

En una sociedad donde la ley avanza pero los prejuicios persisten, Martha* cuenta su historia para no permitir que la conversación del aborto se silencie.

Entrevista realizada para el Semillero de Producción de Conexión Externado en el marco de la Semana Policarpa 2025, bajo la supervisión de los profesores Sergio Enrique Jiménez Salazar y Laura Sofía Jaimes Castrillón.

Con la cita puesta a las 10 de la mañana en un café cerca a su casa, Marta* llegó puntual. Antes de sentarnos a leer la lista de preguntas que tenía preparadas, pedimos un capuccino para ‘mojar la palabra’ y conversamos sobre las cosas triviales de las que uno conversa mientras está esperando algo. Tiene 51 años. Es una mujer sonriente, cálida y de pómulos prominentes. Me contó que tiene una hija terminando la universidad y una relación con el papá de su hija desde hace más de 20 años.  

Me sorprendió el pensamiento estereotípico de asumir que no tenía hijos, porque muchos seguimos pensando que las mujeres que abortan no pueden ser mamás en el futuro. También antes de empezar la entrevista me comentó que había tenido tres interrupciones de embarazo a lo largo de su vida. Le pregunté sobre cuál de ellas se sentía más cómoda de hablar y decidió contarme la primera.  

¿Cómo era tu vida en el momento que te enteraste de que estabas embarazada? 

Tenía 17 años. Estaba en la universidad, apenas comenzando la carrera. 

En ese momento ¿Qué significaba para ti el concepto de maternidad? 

Significaba para mí una responsabilidad muy grande que no sabía si quería tener y tampoco sabía si podía asumir. Aunque luego pensaba que era algo muy bonito, porque estaba muy enamorada de la persona con la que estaba en ese momento. Pero finalmente la decisión fue no tenerlo porque no era una posibilidad real para nosotros. Hasta ahora estábamos comenzando la universidad y ambos vivíamos del sueldo de estudiante.  

Al responder a esta pregunta, pude notar un leve suspiro. Casi como si para sus adentros se preguntara el “¿Qué habría pasado si…?” 

¿Cómo era el contexto social y legal en el que vivías cuando tomaste la decisión de interrumpir voluntariamente tu embarazo? 

Era un tema del que no se hablaba. Realmente con nadie lo hablé, ni con amigos ni con mi familia. Solamente lo hablé con mi pareja de ese entonces y pues era algo ilegal. Él fue el que buscó cómo hacerlo y le dijeron puede ir a tal sitio, hay que dar tanta plata y ya. Realmente yo no averigüe como hacerlo. Luego de que se tomó la decisión de no tenerlo, yo sentía que no quería del todo interrumpir el embarazo, pero finalmente lo razonable era no seguir adelante con el asunto.  

Marta* levantó la mirada, tratando de rebuscar entre sus recuerdos los detalles que se le escapaban, y encogió sus hombros. No recuerda realmente de donde salió el dinero para pagar el procedimiento. Se dio cuenta de que estaba embarazada porque su período le llegaba de manera muy regular todos los meses. Cuando notó que tenía un retraso, supo que debía hacerse la prueba.  

¿Cuáles eran tus mayores miedos y preocupaciones? 

Decepcionar. Yo sentía que todo el mundo, en especial mi familia, tenía altas expectativas de mi: que yo era una niña muy juiciosa y de la casa, que me iba muy bien en lo académico, que nunca había tenido problemas de nada, que no fumaba, que no tomaba, etcétera. Y, por otro lado, porque como al principio pensaba que con amor todo se podía, empecé a discutir la posibilidad con la persona con la que estaba y él me empezó a mostrar todo el panorama para hacerme entender que vivir de amor debajo de un puente no se podía ni yo estaba lista para ser mamá.  

Ella siempre había deseado tener una familia, aunque con risas dice que nunca le gustó el juego de cuidar a las muñecas. Tenía claro que quería una maternidad consciente y responsable, por ello sabía que apenas comenzando con su vida universitaria realmente no deseaba ser mamá. Pasó una semana y media, aunque ella la sintió como una eternidad, para finalmente tomar la decisión de interrumpir voluntariamente el embarazo. Tenía miedo de dejar pasar más tiempo y que luego tuviese complicaciones de salud.  

El sitio quedaba en la Caracas con 34. Era uno de esos centros médicos de fachada, donde al frente hacían pruebas de embarazo y ecografías, y en la parte de atrás realizaban interrupciones del embarazo. Marta* cuenta que sus recuerdos sobre lo que pasó son muy rápidos y borrosos: dice que fue algo parecido a una cirugía, que le recomendaron guardar reposo y tomar medicamentos si iniciaba algún sangrado muy fuerte. Su pareja la estaba esperando afuera, porque dentro del consultorio donde le hicieron el procedimiento no se permitían acompañantes.  

¿Por qué sentiste que tenías que ocultar tu decisión o no hablarla con nadie más? 

Porque era algo terrible. Por la parte moral, era algo que no se hacía y por la parte legal, era un delito. Yo asumí que no podía hablarlo con nadie porque realmente de ese tema nunca se habla en una casa, mis papás nunca hablaron conmigo de eso y no estaba sobre la mesa en el mundo en el que yo me desenvolvía.  

Marta* estudió en un colegio femenino católico, donde la mayoría de sus docentes eran monjas. Por ende, el método anticonceptivo que le enseñaron fue la abstinencia. Jamás le enseñaron cómo usar un condón ni mucho menos que los abortos existían. En su casa asumían que no iba a tener relaciones sexuales antes del matrimonio, lo que resulta curioso porque dice que lo único que le faltó para ‘ser una buena católica’ fue casarse. 

En ese entorno, ella tenía mucho miedo de contarle a cualquiera, en especial a su familia, porque era numerosa y estaba llena de figuras femeninas de autoridad que les gustaba juzgar a las mujeres por no tener comportamientos de ‘señoritas’. Además, sus padres se habían separado años atrás y su mamá había asumido la carga económica del hogar, así que lo último que Marta* quería hacer era preocuparla.  

Si tenía mucho miedo al qué dirán porque estaba muy jovencita, pero al mismo tiempo pensaba que finalmente era mi vida y si me ponía a asumir una responsabilidad como la maternidad no iba a poder hacer todo lo que quería con mi vida. El miedo que sentía era más bien vergüenza de decirles “Estoy embarazada y ¿sabe qué? No lo voy a tener”. Era impensable.  

Con el tiempo, ¿Cómo ha cambiado tu perspectiva frente a la decisión que tomaste? 

Antes de contestar, Marta* respiró profundo. Al contarme siente que se está librando de una carga que llevó en solitario durante mucho tiempo.   

Siento que es algo difícil de tener guardado durante tanto tiempo, porque de todas maneras uno tiene por allá en lo más profundo el rayón de la culpa por la religión. Pero ya pasó y siento que fue una buena decisión, porque si no hubiera sido así no sé cómo se habría desarrollado mi vida a nivel personal, profesional y familiar. 

Sonrió al recordar lo que siempre le decía su abuela sobre el orden en el que tenían que vivir su vida ella y sus primos.  

Mi abuela siempre nos decía que primero estudiáramos, luego trabajáramos, viajáramos el mundo, tuviéramos 80 novios y de últimas decidiéramos con quien íbamos a formar una familia. Yo siempre quise tener una, pero haberlo hecho en ese momento que interrumpí el embarazo no hubiese sido buena idea. Después, cuando decidí más adulta ser mamá, fue una decisión muy consciente y muy del corazón, lo quería y sentía que era el momento en que económica y emocionalmente estaba madura y podía ser una buena mamá.  

Han pasado más de 30 años desde la primera vez que Marta* decidió interrumpir voluntariamente su embarazo y dice que a esta altura de su vida no siente tanta culpa como antes, pero tampoco es un tema del que se sienta cómoda de hablar abiertamente. Ella, así como miles de mujeres que tuvieron que pasar por esto en silencio, vivió en carne propia lo que significa la penalización social. En el reportaje “El juicio de los corazones y conciencias”, se menciona que en la conciencia de muchas mujeres el aborto sigue penalizado, porque no se ha desligado de los señalamientos y las estigmatizaciones que sufren las que deciden interrumpir voluntariamente su embarazo. Los señalamientos vienen de ideas muy profundas, difíciles de cambiar en las mentes de las personas, por lo que la ley no es suficiente para generar un verdadero cambio. Para leer el reportaje completo, de click aquí (vincular).  

Marta* cree que sobre el aborto todavía hay una estigmatización y una culpabilidad hacia las mujeres por la sociedad católica en la que vivimos, aunque del otro lado existan movimientos feministas y de derechos humanos que respalden a las mujeres. 

El deporte favorito de los seres humanos es hablar de los otros, señalarlos y culpabilizarlos. Pienso que dependiendo del contexto en el que estés, hay temas de los que se pueden hablar y otros de los que definitivamente no porque la sociedad no está lista para eso. Entonces siento que puede hablarse libremente del aborto, pero en ciertos contextos y sobre todo con personas que estén dispuestas a escuchar y a entender que las cosas están cambiando.  

Ella piensa que todavía hay mujeres que están pasando por situaciones parecidas a la suya, incluso después de la legalización del aborto hasta la semana 24.  

Hoy en día todavía hay un peso muy fuerte desde la sociedad porque solo se ven a las personas desde sus errores y todo el mundo les cae encima por equivocarse. Y ser mujer es un atenuante.   

Al vivir en un contexto católico y conservador, a Marta* le enseñaron que el objetivo de vida de una mujer era ser mamá, entonces al decidir no tener un hijo estaba cuestionando su propia posición en la sociedad, lo que le causó mucho dolor emocional y culpa.  

¿Cómo lograste desprenderte de la culpa? 

No siento que me haya desprendido un 100% de ella, diría yo que un 98%. Ahorita que lo veo en retrospectiva, pensé en la responsabilidad conmigo misma y las consecuencias que tendría si yo continuaba con ese embarazo, en qué habría pasado conmigo. Entonces tomé esa decisión y asumí las consecuencias. Me hizo sentir mal emocionalmente, pero me permitió continuar con otras cosas que yo tenía en mente para mi vida.  

Recuerda que al buscar ser mamá cuando tenía 30 años, la culpa volvió a aparecer en sus pensamientos. Sentía que haber abortado en el pasado le iba a impedir quedar embarazada cuando si lo deseaba. Sin embargo, finalmente todo resultó bien: quedó embarazada y no tuvo ninguna complicación de salud.  

¿Qué le dirías a las mujeres que pueden estar en una situación como la que tu pasaste? 

Creo que sería importante recordarles a las mujeres que tienen derecho a equivocarse. Todos nos podemos equivocar y mi equivocación iba en que yo no deseaba ese embarazo. Pero, también le haría un llamado a las mujeres que definitivamente sienten que no están listas para ser mamás, traten de hacer todo lo que está a su alcance para evitar quedar embarazadas. Interrumpir un embarazo no es tan sencillo como se puede llegar a pensar, y eso que te estoy hablando de algo que pasó en mi vida hace más de 30 años.  

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Para Marta*, el dolor físico y emocional fue muy fuerte. No fue una decisión fácil de tomar y al ser así de joven, sintió que vivió la experiencia completamente sola y sin nadie con quien contar. Piensa que tuvo suerte al hacerse el procedimiento, porque el sitio no era una clínica especializada y realmente no está segura si las personas que la atendieron eran doctores. Desde su historia particular, cree que su experiencia habla desde el mejor de los casos, porque hay mujeres en situaciones difíciles, en las que hubo violencia, no hubo consentimiento y llevar un embarazo a cabo en esas condiciones es muy doloroso.  

La historia de Marta* me conmovió personalmente. No solo porque decidió compartir su historia conmigo, sino porque pude entender algunas de las razones detrás de tomar una decisión así de difícil. Como se mencionaba en el reportaje,  uno de los retos actuales es no permitir que la conversación sobre el aborto se silencie. Incluso con el fallo histórico, si dejamos de hablar del aborto podemos llegar a enterrar la lucha porque aún no se ha terminado: todavía nos queda la lucha por la despenalización en los corazones y las conciencias de las personas.