Guardianas de la vida: el ritual de nacer
Antes de hablar del parto, hay que hablar de la vida que lo hace posible. La partería intercultural no empieza en el nacimiento: empieza en la sangre, en la ovulación, en el deseo, en la memoria del cuerpo. Parir es una consecuencia, no un origen.
Editado por: Laura Sofía Jaimes Castrillón
Entrevista realizada para las clases de Introducción al lenguaje periodístico y Diseño de la información (Tercer semestre – 2025 l), bajo la supervisión de los profesores Alfonso Ospina y Jairo Iván Orozco Arias.
Al entrar en el cuarto de consultas para mujeres embarazadas de Nikka Yerilee, ubicado sobre la Carrera 7 Sur en Bogotá, se contempla un aura de calidez, sencillez y serenidad. Un espacio donde se siente la energía y dulzura para comprender que la naturaleza hace un llamado a las personas quienes ha asignado el don de recibir la vida con sus propias manos.
En primera estancia, se observa un antiguo escritorio de cedro, que sostiene sobre su cubierta un cuarzo blanco para la paz en el hogar, un mortero para moler mambe, un incensario de madera con ramas naturales, un tejido en lana con forma de vulva femenina, una vela roja para la vitalidad, diez piedras de protección de diferentes tamaños y la imagen de la diosa Durga (una de las deidades más importantes en el hinduismo).
Nikka, quien se reconoce como partera intercultural y madre de tres hijos, relata que desde joven se preguntaba acerca de su propósito en la tierra, y en ese momento, asegura que la partería la encontró a ella para continuar con el legado de su abuela y bisabuela, quienes también fueron parteras. “Puedo decir profundamente que la partería es una misión de vida muy profunda, algo que está muy arraigado a nosotros, a nuestras entrañas, a nuestras ancestras y ancestros”.
Muchas veces se cree que la partería dejo de existir desde varios años atrás, pero la verdad es que es un oficio milenario que prevalece en todos los rincones del país y ejercen tanto hombres como mujeres. Se encuentran diversos tipos como la partería indígena, partería afrodescendiente, partería campesina y partería intercultural.
La partería intercultural se diferencia por sus raíces espirituales, energéticas y empleo de elementos de la naturaleza como el agua, fuego, aire y tierra. “Cuidar cada detalle a nivel energético, emocional y espiritual es muy importante a la hora de cuidar un parto”, explica.
Nikka asegura que las parteras no solo se encuentran presentes en el momento del nacimiento de un nuevo ser, sino que, también acompañan a las mujeres en la primera menstruación que reconocen como menarquia y a los hombres en la llegada de su primer esperma nombrado espermarquia. Además, en caso de que la pareja no logré concebir un hijo, las parteras contribuyen con ritos, cantos y terapias en el camino de la preconcepción.
“Nosotros ya conocemos la historia de esa mujer, de esa familia, de su linaje y de ese bebé. Hemos pedido permiso también porque nosotros normalmente tenemos unas formas ceremoniales para poder acompañar ese parto”, describe Nikka con fervor, puesto que un ginecobstetra asiste un parto en el momento que se halla en turno, pero no tiene conocimiento acerca de la historia y proceso de la pareja junto a su bebé.
La violencia ginecobstétrica es fuente de debate en la partería, ya que se ha mostrado e inculcado a las nuevas generaciones que se debe parir con dolor, en una sola postura y escuchando palabras frías como “Puje” o “Con más fuerza”. De acuerdo a la partería intercultural, este procedimiento es inapropiado, puesto que el cuerpo de la mujer sabe parir por sí solo, sin presiones, sin tapujos. En la partería, una mujer puede parir en la postura de su preferencia (cuclillas, de rodillas, de lado, recostada, parada, en tina de agua) y debe tomarse el tiempo necesario que solicite el cuerpo para que nazca el niño. En ese momento, las parteras se encargan de cuidar, proteger y recibir a la criatura, haciendo que esta experiencia fluya y se conmemore como un ritual único, pacífico y alegre.
El parto en casa es la ceremonia más sagrada para una madre porque surge la vida desde el seno del hogar. Mientras que, para la partera elegida en el recibimiento de la criatura, es una fiesta de la vida, en donde apenas nace el bebé, se realiza un llamado a las demás parteras y familiares cercanos para danzar, reír, cantar y gozar por el renacer en el hogar, sin interferir en el cuidado e intimidad de la pareja.
Aunque en sus ojos se resalte un destello dulce y maternal al hablar de su oficio como partera, Nikka menciona que es importante tener en cuenta que a pesar de que hay parejas muy consolidadas, no significa que el proceso de gestación deje de ser retador, ya que usualmente se habla desde el romanticismo tanto de la maternidad como de la paternidad, pero se tiene que reconocer que allí atrás también existe sombra, atravesando por una transformación mutua.
Sin embargo, en caso de que la madre desee parir sin el acompañamiento de una pareja, puede hacerlo sin ningún inconveniente, debido a que en el vocabulario de las parteras no se encuentra la palabra “soledad” sino que, para ellas “nosotros somos seres humanos, seres de manada, seres de tribu”.
En un momento de silencio, Nikka confiesa con nostalgia: “así como yo he podido tener la fortuna de compartir y de cuidar esta puerta de la vida, también en algunos momentos he tenido que acompañar la puerta de la muerte, que es importante de cuidar y que no se nombra”.
En medio del encuentro, surgió una duda: ¿qué simboliza la placenta durante y después de la gestación? “Sin placenta no hay forma de aterrizar como seres humanos, entonces, esa guardiana de la vida es muy importante dentro de todo el proceso”. Al tocar el tema, saca del cajón principal del mueble una pequeña mochila hecha con la placenta de su primer hijo, la cual relata que es creada con un proceso llamado “medicina del tejido” y se levanta el tejido con una puntada llamada “nudo”. Conocida técnica por tejer de esta forma las mochilas Muiscas. Simbolizando el tejido de la historia entre la pareja y su hijo.
Para finalizar, Nikka realiza una reflexión inspiradora. “No creo en la casualidad. Soy una mujer de fe desde mi sistema de creencias. Siento profundamente que esta entrevista es un llamado precisamente a cuidar ese primer pilar de la vida, de las cuidadoras de la vida”.
“La idea es que este oficio se siga sosteniendo, que la gente sepa que nosotras no estamos compitiendo con el sistema médico, sino que nosotras tenemos unos conocimientos que ya son nuestros, y que han sido de nuestras antecesoras. En ese sentido, sencillamente lo seguimos cuidando y preservando”, al finalizar, las palabras que florecen en el aire paralizan el tiempo para conmemorar la sabiduría y espiritualidad que divulgó Nikka a través de su amor hacia su labor.