Facultad de Comunicación Social - Periodismo

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Sueños dentro de una taza de café

Porque cuando ella regresa del pueblo sube en su moto con la agilidad de un puma, pese al terreno empinado que conduce a la entrada.

Editado por: profesora Estefanía Fajardo De la Espriella

Crónica realizada para la clase de Introducción al lenguaje periodístico, (Tercer semestre – 2024 l), bajo la supervisión del profesor Alfonso Ospina.

—Detrás de una taza de café hay una gran historia por contar— me dijo Francy Perdomo, un miércoles, mientras el sol se escondía y los cafetales de su finca iban desapareciendo en la oscuridad.

Aquella frase impresa en los envoltorios metalizados, donde se guardaba el café procesado, no se reducía a un lema tradicional de promoción. Cada palabra representaba en esta mujer campesina, una cronología con aroma a café de lo que fueron sus orígenes como empresaria, al conjugar su emprendimiento agroturístico con la libertad de su creatividad.

Escondida en las montañas del Huila, entre cafetales que empiezan a florecer en marzo y un bosque habitado por distintas especies de aves, se encuentra su casa. Para llegar a ella hay que dirigirse por la vía que conduce a la vereda La Cumbre del municipio de Paicol, y tener cuidado en temporadas de lluvia porque la carretera se volvierte en una pista de barro, haciendo difícil el acceso para cualquier vehículo. Sin embargo, estas son solo las impresiones de los foráneos que llegan a visitar su finca agroturística, porque cuando ella regresa del pueblo sube en su moto con la agilidad de un puma, pese al terreno empinado que conduce a la entrada. Actualmente a sus cuarenta y nueve años, los caminos difíciles de la montaña Francy los ha aprendido a andar con la destreza de la experiencia.

Esa tarde cuando llegó a su casa, tapizada por las higueras trepadoras que crecían hace doce años, saludó a los hijos mayores, a su pequeño nieto, a un voluntario francés y a los animales dichosos que la esperaban. Atravesó las flores que colgaban en las materas coloridas, elaboradas en botellas plásticas años atrás cuando inició su trabajo con el hogar infantil del ICBF.

—Yo digo que uno puede tener muchas ideas, pero la pareja y los hijos lo complementan a uno— comentaba antes de sentarse a recordar su niñez.

La infancia de Francy transcurrió en los cafetales de la finca de sus padres, ubicada en la vereda La Cumbre. Desde los cinco años la llevaban, junto a sus hermanos, a recolectar café. Para esto, elaboraban con tarros de plástico grueso y soga de yute, varias lengüetas recolectoras, con la capacidad para cargar un kilo. Poco a poco este trabajo se volvió parte de su cotidianidad y lo empezó a ver como una forma de compartir con su familia. Así, durante la cosecha, en las mañanas y en las tardes jugaba con sus hermanos, tenían charlas triviales y escuchaban la radio mientras realizaban su labor.

En la adolescencia, sus padres al ver como se esforzaba en cada cosecha la recompensaban con una pequeña cantidad de dinero.  Francy vio este pago como una gran oportunidad para salir a divertirse con sus hermanos en las fiestas del pueblo.  Fue así como comenzó a encontrar la motivación para continuar trabajando en la finca familiar y forjar su sentido de pertenencia desde la herencia de sus raíces.

Así lo recordó a punto de cumplir cincuenta años, con sus manos sobre la mesa de madera pintada de color lavanda, mientras acariciaba una bolsa de café.

—Cuando uno hace las cosas las quiere con el corazón y las aprecia con el alma—decía con la pasión que solo reflejaban sus ojos verdes—Cuando a uno le regalan todo no las valora—concluía y volvía a recordar

Francy creció con la educación, los principios y algunas creencias heredadas de sus padres, los cuales la corrigieron para evitar que corriera los riesgos de la vida. Estos factores fueron claves para la formación de su carácter como la líder de un hogar que construyó con dedicación cuando conoció a quien sería su esposo, compañero, amigo y padre de sus hijos.

Ambos decidieron caminar juntos a través del monte espeso de tres metros que cubría todo el terreno donde construyeron su casa. Así empezaron a cortar toda la hierba que impedía el paso a donde iniciarían la obra. A arar la tierra y a quitar las piedras que impedían levantar su casa. A construir caminos para llegar a esta desde distintos puntos de la finca. A colocar los ladrillos hasta edificar el lugar donde vivirían juntos hasta que la muerte los separara; tal como ella pensó algún día y con lo que sigue firme hasta la fecha.

—Antes de casarnos le dije: si no nos vamos a separar casémonos. —interrumpió recordando su determinación y las palabras dichas a su esposo cuando llevaban más de dos años juntos.

A los tres años de vivir en unión libre con él se casó y al poco tiempo nació su primer hijo. Con la llegada de sus tres primogénitos fue construyendo un hogar llenó de amor y de respeto con una forma de criarlos diferente al método que usaron sus padres con ella y sus hermanos. En lugar de castigarlos a través de la violencia, los corregía con su carácter de autoridad, templanza y ternura.

Cuando sus primeros hijos crecieron Francy empezó sus estudios de pedagogía infantil en el colegio El Rosario de Tesalia, gracias a un convenio que la UNIMINUTO tenía con la institución. Pese a la complejidad de desplazarse varios días de la semana, ella nunca renunció a su carrera, puesto que esta se convirtió en un símbolo de superación y aprendizaje, inspirada por su trabajo en el hogar infantil del ICBF en la vereda.

A veces, en las noches de regreso a casa, llegaba empapada debido a las impredecibles y fuertes lluvias que surgían en el camino. Sin embargo, estas vicisitudes se hicieron llevaderas con su fe.

—Yo siempre ando con Dios y la virgen— se le escapó una sonrisa genuina y continuó su historia.

Siguió estudiando con las dificultades de vivir en el campo, cuidando a sus hijos con el apoyo de su esposo y motivándolo a él a continuar el curso de café especial del SENA que comenzaba. Él dedicado a aprender el arte del café y sus detalles, despertó en ella la curiosidad de probar la bebida creada a partir de los cultivos de su finca y el arduo trabajo de procesarlo. Fue así como se le ocurrió la idea de hacer realidad el emprendimiento del café y de exportarlo a otro país. Pero después cambió de idea:

—Pero es que si nosotros no sabíamos tomar café ¿Por qué no mostrar el café a la gente de aquí para que se den cuenta que tenemos un café rico? En lugar de exportarlo enseñemos a la gente a tomar café.

Así empezó a perseguir su sueño. Y un día, reunida con su familia, entre ideas y charlas crearon el lema para su negocio, el cual surgió debido al proceso arduo y largo que tiene el café para ser consumido y llevado a los hogares. Desde sus etapas de recolección, selección, trillada, hasta la fermentación y el trabajo de secado al aire libre, sometido al sol y al aire fresco del campo.

Francy con su visión y capacidad de líder involucró a sus hijos en el emprendimiento y este empezó a dar frutos con el tiempo.

Tener una familia es tener una empresa —decía seria—. A base de mi temperamento he conformado la familia.

Ese día me contó que ha sido una mujer abierta a nuevas ideas, que, si cualquier miembro de su familia tiene una idea, la dialogan con respeto y la complementan con la opinión de los demás. Así las ideas no se quedan en el aire y la materializan en su negocio.

Su creatividad e ideas innovadoras las ha apoyado su esposo a quien ve como su amigo y socio.

—Mi esposo no está ni adelante mío, ni está atrás. Para mí está al lado —dijo esa tarde con gran seguridad e ímpetu de liderazgo —. A veces uno necesita el apoyo del hombre.

Su familia le ha colaborado en distintas tareas de la finca, puesto que ha buscado las habilidades en las que cada uno se destacada. Tareas como cargar objetos pesados o las labores arduas que implican un mayor esfuerzo físico se las deja a sus hijos y a su esposo. En tareas como regar la huerta y embellecer su hogar sus hijas están atentas.

Además de madre, esposa, mujer emprendedora, líder y amiga, ha impulsado a mujeres campesinas, de hogares donde predomina el machismo, a renunciar a esos entornos de violencia. En su finca les ha enseñado el arte de trabajar con el café, a plantar sus propios alimentos y a tener una visión emprendedora para ganar autonomía emocional y económica.

—Uno se vuelve psicóloga, médica, profesora, enfermera. Porque aquí llegan mujeres a hablar de los problemas de su hogar y yo les hablo— me dijo mirando su casa—. Al final uno las motiva tanto que después uno ve y terminan separándose de sus esposos, porque empiezan a ver que las personas con las que están no valen la pena.

Desde su labor como profesora de niños ha contribuido a generar conciencia ambiental en los pequeños, los cuales siguen su ejemplo y corrigen a sus padres cuando arrojan basura en los caminos. Les ha enseñado a ver el reciclaje como un arte, a través de las manualidades para adornar el hogar y a proteger el ambiente que habitan desde el amor por la naturaleza.

Cuando cayó la noche, Francy, con el temple de sus convicciones, un espíritu soñador, colorido y creativo, se dirigió al interior de su casa donde la esperaba su familia con una buena taza de café Tierra Blanca.

—¿Toma café? — me preguntó su hija mientras sostenía la bebida humeante.

—Gracias— contesté.