Facultad de Comunicación Social - Periodismo

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La persistente sombra de una enfermedad mental

La depresión es una de las enfermedades más frecuentes en la actualidad, generando que la demanda por atención integral aumente.

Editado por: Juliana Sofía Guevara Borbón

Perfil realizado para la clase de Taller de géneros periodísticos, (Cuarto semestre – 2025 lI), bajo la supervisión de la profesora Estefanía Fajardo de la Espriella.

La depresión es una de las enfermedades más frecuentes en la actualidad, a medida que pasan los años, más personas reportan síntomas depresivos. Esta afección no discrimina entre géneros o etapas de la vida, afectan el cuerpo y la mente y aumenta la demanda de atención integral con el fin de tratarla eficazmente. 

La penumbra de la habitación se cierne sobre aquellos que han entrado en ella; el aire se siente muy denso dentro del grisáceo lugar. Las desgastadas paredes son imanes que atrapan el ánimo de aquel que pasa frente a ellas, lógicamente, el abandono y la falta de cuidado se han tomado el control del sitio y su mobiliario, dejando tras de sí tan solo un despojo de lo que alguna vez podría haber sido esta habitación. El silencio es dominante, sin duda, pero de vez en cuando esta tortuosa quietud se rompe gracias a sonidos que parecen suspiros, más de cansancio mental que de otra razón. 

Luego de un largo momento de saborear el frío y pesado aire que inunda la habitación, aparece desde el fondo una figura, quizá antropomórfica, que es sin duda difícil de distinguir entre la oscuridad del lugar. Lo cierto es que al tomar asiento se impone su presencia, parece ser el tipo de ser considerado un ‘imán de energía’, estar frente a él se siente como tener un gran peso sobre las piernas, la descripción es, sin duda, compleja y profunda. Resulta ciertamente inquietante que a pesar de llevar una sensación tan desagradable a donde quiera que vaya, conozca a tantas personas, de diferentes razas, edades, géneros y condiciones sociales. No obstante, lo más probable es que sus visitas no deseadas ni en lo más mínimos; sin embargo, son las adversas situaciones que tiene la vida las que causan que tantos se hayan cruzado con él. 

Es desconcertante no saber si es un “él” o una “ella”, peor aún es la respuesta que da el tratar de identificarle, “si tuviese que decir un porcentaje, diría que me siento identificado en un 15% con las mujeres, pero también un 10% con los hombres, incluso sabiendo que muchos de ellos prefieren ignorarme, si me reconocieran, tal vez podría identificarme más con ellos». Parece ser que es más fácil entenderle basándose en estas dos partes. En primer lugar, su relación con las mujeres. 

La depresión en las mujeres 

“Cuando me encuentro cerca de ellas, encuentro una tristeza que parece permanente, sumada al llanto y esa insoportable sensación de culpa, tal vez es por eso por lo que me identifico más con ellas, porque demuestran mi presencia, no me ignoran”. Quienes le estudian, como el Departamento de Psicología de la Universidad de Michigan, así como la Universidad de Zúrich y Pennsylvania, determinaron en distintos ensayos que las mujeres tienden a mostrar efectos más notorios a nivel somático en comparación con los hombres. Entre estos se encuentran alteraciones en el sueño como el insomnio y la hipersomnia, cambios bruscos en el apetito, afectaciones a funciones biológicas como la libido, entre muchos otros.  

“Lógicamente es distinto según la situación de la mujer, no todas responden igual a mi presencia, depende de si por ejemplo está en embarazo, si ha llegado a la menopausia. Estos factores afectan mucho cuando se trata de relacionarse conmigo”.  

Cuando se trata del embarazo, las mujeres pueden experimentar la depresión perinatal (aquella que comienza durante el embarazo) y postparto, según un estudio de la Universidad de Rotterdam, aproximadamente el 10-15% de las mujeres en embarazo del mundo experimentan depresión postparto, aunque esto varía lógicamente según el contexto y la región. Entre los síntomas particulares de esta afección es posible encontrar dificultad en el vínculo con el bebé, y en casos mucho más severos, deseos o ideas de hacerse daño o incluso dañar al bebé. 

Otra de las manifestaciones de la depresión propia de las mujeres es aquella que se da en la transición menopáusica. La Universidad de Pittsburgh mostró que los síntomas menopáusicos se pueden ver asociados con elevados niveles de depresión. Afecciones propias de esta etapa, como las alteraciones en el sueño y cambios hormonales considerables, pueden convertirse en el escenario propicio para el nacimiento del trastorno depresivo. 

La depresión en los hombres 

“Juntarse con hombres es muy distinto, ellos no suelen mostrar esa profunda tristeza o llanto. Suelen estar marcados por la ira y la agresión, algunos de ellos van conmigo al bar y beben durante horas, parece ser que es su forma de automedicarse”. Y es que en el caso de los hombres la presentación tan atípica de la depresión es un factor crucial a la hora de explicar el subdiagnóstico que existe. Muchos de los síntomas que presentan pueden ser confundidos con simple irritabilidad o falta de motivación. 

Según Andreas Walther y Claudia von Zimmerman, psicoterapeutas de las universidades de Zúrich y Friedrich-Alexander de Nuremberg respectivamente, uno de los rasgos más distintivos de la depresión masculina es los comportamientos de riesgo, entre los que se pueden encontrar el abuso de sustancias, conducción temeraria y en general un mayor riesgo de suicidio. El abuso de sustancias puede generar en sí mismo el agravamiento de los síntomas depresivos, complicando así su tratamiento. 

Otra de las grandes complicaciones en cuanto a la depresión masculina es la presentación de aislamiento social y retraimiento, patrones que pueden resultar invisibles para familiares y personas cercanas 

Depresión infantil 

“Juntarme con niños no es frecuente, pero de vez en cuando lo hago. Lo bueno de ello es que la mayoría de las veces los adultos no se dan cuenta de mi presencia, ya que muchos de ellos no creen que un niño pueda estar cerca de mí”, expresa la misteriosa figura, a medida que ha pasado el tiempo su presencia se hace cada vez más pesada, la habitación parece cerrarse sobre el protagonista, una sensación casi claustrofóbica que aumenta cuando pasa por la mente la imagen de este extraño ser cerca de algún infante. 

La depresión puede comenzar más temprano de lo que puede parecer. De hecho, puede ser sufrida desde la etapa preescolar (3-5 años), marcada principalmente por cambios en el sueño y apetito, así como fatiga extrema, además, pueden llegar a presentar cambios conductuales muy notables. 

Durante edades más avanzadas (6-12 años), la depresión puede verse manifestada como déficit de atención y conductas agresivas. Según Yasong Du perteneciente al centro mental de Shanghái, la depresión en este grupo de edades tiene impactos severos en el rendimiento académico, interacciones sociales y otros aspectos de la vida diaria como el hogar. 

Uno de los hallazgos más importantes de la Universidad de Washington se centró en cómo la depresión que comienza en edades preescolares tiende a perdurar en el tiempo, llegando incluso hasta la adolescencia. 

La depresión geriátrica 

“Las personas mayores son las mejores para juntarse. La frecuente soledad en la que vive hace parecer que agradecen cualquier compañía, incluso la mía. Lastimosamente, al estar en el ocaso de sus vidas, no puedo estar mucho tiempo con ellos, algunos incluso aceleran este proceso cuando me sienten cerca. Es algo que no puedo controlar”. 

La depresión en personas de 60 años o más es un problema de salud pública frecuentemente ignorado o al menos subestimado, esto es debido usualmente a la sensación común de que la vejez es una etapa de la vida inevitablemente triste, lo que causa que síntomas que normalmente deberían ser tomados en cuenta sean adjudicados al final natural de la vida. La Universidad de Roma mostró en uno de sus estudios que aproximadamente el 31% de los adultos mayores en el mundo padecen síntomas depresivos, aunque esta cifra según su ubicación, reduciéndose hasta el 17% en países desarrollados y aumentando hasta el 41% en países de tercer mundo o en vías de desarrollo. El mismo estudio mostró que la depresión geriátrica prevalece más en las mujeres mayores, aunque previamente se comentaron las razones del subdiagnóstico de la depresión masculina, incluida la geriátrica. 

Entre los síntomas principales de la depresión en la tercera edad se encuentran la tristeza persistente, sumada a la apatía, llegando en casos severos a la ideación suicida. Sin embargo, estos síntomas son relativos solamente a lo afectivo. En términos cognitivos, la población de la tercera edad puede presentar dificultades significativas en la memoria, así como lentitud en el pensamiento y en la ejecución de funciones mentales. Según un estudio de la Universidad de Pittsburg (mencionada anteriormente), hasta el 50% de los adultos mayores que presentan síntomas depresivos presentan también deterioros cognitivos múltiples. 

A su vez, una de las grandes manifestaciones de la depresión geriátrica aparece en el dominio conductual, representado por aislamiento social, rechazo al autocuidado y en algunos casos llegan a presentar conductas agresivas. 

La interrogación de la sombra 

Después de aquella primera reunión, pasan varios días sin tener noticias de la depresión, eso es lo más preocupante, no se siente cerca, pero se siente que en cualquier momento va a aparecer otra vez. 

El reencuentro ocurre en la misma habitación sombría y gris, se siente muy pesado el ambiente. Esta vez la presencia no está sola. Se abre la puerta con un quejido leve, como anticipando lo que va a suceder, y entra Lorena Miranda, psicóloga con formación clínica, quien saluda y se sienta. El silencio es incómodo, la figura observa con una mirada pesada y penetrante. En ese momento se rompe el silencio al abrirse nuevamente la puerta. Es Sandra Isaza —psicóloga analista de la conducta, especialista en psicología clínica y especialista en infancia, adolescencia y familia— quien se sienta junto a Lorena, mirando fijamente esta sombra desteñida. Sin mucha demora, comienza una conversación: 

—¿Cómo describiría la depresión cuando habla o se manifiesta?   

Pregunta Lorena con mucha tranquilidad. 

El silencio vuelve a reinar, no se escucha nada en la sala. Es acá donde de su propio análisis Lorena se responde: “¿sabes? la depresión se manifiesta a través de cambios consistentes en el pensamiento, la conducta y el funcionamiento cotidiano. Cognitivamente aparecen pensamientos automáticos negativos orientados a la desvalorización personal y a la percepción de falta de control. Conductualmente se observa evitación, reducción de actividades gratificantes y aislamiento”  

La presencia no se mueve, pero se siente su incomodidad después de lo dicho por la experta, algo de lo que dijo realmente lo sintió. Después de esto, habló. 

—Yo no hablo hacia afuera, hablo hacia adentro. Me quedo en los espacios donde la mente se desgasta, donde la persona deja de escucharse a sí misma. Me manifiesto en pensamientos, si… pero también en lo que ya no se dice. Me expando cuando aparece el silencio, como en este preciso momento. 

En ese momento se sintió más pequeña la habitación, es ahí donde surge una nueva pregunta sin mucha respuesta.  

—¿La sociedad escucha realmente a quienes viven con usted? ¿o solo escuchan los síntomas? 

Lorena fue la primera en contestar: “en general, la sociedad tiende a oír más que a escuchar. Se reconocen los síntomas, pero rara vez se comprende el proceso interno y el impacto que tiene en la vida cotidiana. Persisten respuestas rápidas y superficiales que simplifican la experiencia del otro”. El invitado exhala y complementa: “claro que solo oyen, oyen el llanto, oyen la ausencia, oyen el dolor… pero no escuchan lo que sostiene todo esto, mi verdadera voz está en lo que nadie quiere sostener”. 

El ambiente se torna cada vez más denso, casi que se siente. La siguiente pregunta llega desde Lorena: 

—¿Por qué todavía cuesta tanto hablar abiertamente de la depresión, incluso en entornos con mayor conciencia? Preguntó por último Lorena. 

Al no encontrar una respuesta, ella explicó: “la vulnerabilidad aún se asocia con debilidad o incapacidad. Incluso en espacios informados, la comunicación emocional sigue siendo vertical, rígida, poco segura. La gente teme ser juzgada, malinterpretada, etiquetada, por eso calla” 

La figura agacha la cabeza, como si sintiera vergüenza, y después de un suspiro largo dice: “hablar de mí es exponerse. No cualquier persona va a soportar verse así, quebrado frente a otro. Hay quienes prefieren evitarme, no contestarme cuando me aparezco ante ellos… aun así, yo sigo aquí, al lado de sus sombras”. Lorena asintió con la cabeza despacio y aprovecha para salir un momento a tomar aire. 

Sandra, que estuvo todo el tiempo observando lo que sucedía, apoyó sus brazos sobre la mesa y miró a la sombra con la franqueza de quien ha visto este patrón muchas veces en su carrera.  

—Mira, dice con seguridad, la depresión es un trastorno del estado de ánimo persistente y clínicamente significativo. Lo vemos en dos síntomas clave: el ánimo deprimido o la pérdida completa de interés y placer. La famosa visión de túnel: nada alrededor parece tener color; y claro, vienen otros síntomas, cambios en el sueño, apetito, culpa excesiva, problemas de concentración… incluso ideación suicida. 

Es acá cuando la figura levanta la mirada como si esas palabras las sintiera propias, y complementa: “esa visión de túnel soy yo, yo no necesito empujar nada, solo necesito que la persona deje de ver los colores. Ahí es donde aparezco yo, donde crezco silenciosamente.  

Sandra no se deja intimidar y continua con su idea. 

—Para mí, La depresión puede verse como un déficit de reforzamiento positivo del ambiente… yo no veo que el ambiente me resulte agradable, me aíslo del mundo y al conseguir ese alivio temporal, reduzco las oportunidades de reforzamiento positivo en otros ambientes”. Es un círculo perfecto para que usted —señalando la presencia frente a ella— se mantenga ahí. 

Esta sonreía nerviosa, como aceptando el diagnóstico. Aun así, responde: “si, me aliento de las derrotas, del no querer ver a nadie, no querer hacer nada. Es ahí cuando me vuelvo un acompañante permanente. 

—Pero el entorno juega un papel enorme, ¿no? Añade Sandra. Un entorno familiar hostil, la crítica excesiva, la negligencia emocional, el burnout laboral, la falta de control sobre las tareas. Todo eso puede ser un desencadenante y un mantenedor de síntomas. 

Se empieza a poner un poco más pesado el ambiente, pero es ahí cuando la figura vuelve a hablar: “me cuelgo de donde la hostilidad se vuelve costumbre, donde el cariño falta, donde el trabajo consume y donde la comparación duele. Toda la situación me invita, yo solo entro. 

Todo lo que estaba dentro de la habitación tembló, tembló después de estas palabras. Se sintió como si el ambiente denso entendiera que también era parte de este cuadro.  

Luego de esto, Sandra habló del lenguaje diciendo: “Equiparar depresión con tristeza trivializa el trastorno, la tristeza dura minutos; la depresión es un síndrome persistente y debilitante, el lenguaje puede mantener la depresión viva” 

Una sonrisa extrañamente larga apareció en el rostro de la presencia, que se limitó a decir: “Me escondo en esas palabras, en los soy un inútil, mi vida no sirve, etc. El lenguaje me construye, yo solo deformo la forma en la que la gente se nombra. 

Sandra sostuvo en todo momento la mirada fija, no muchas personas son capaces de hacerlo. En ese momento entró nuevamente Lorena para despedirse, Sandra aprovechó para hacer lo mismo. La figura solo las observaba, mientras permanecía sentada. En ese momento el ambiente se sintió mucho mas tranquilo. La conversación había terminado.   

La sombra permanece aún allí, inmóvil, cuando ya no hay nadie más en esa habitación. Como si no necesitara irse para sentirse presente, es en este espacio gris y pesado donde la sombra no se desvanece. Solamente queda ahí esperando, paciente, porque sabe que en algún momento lo van a volver a llamar. 

Las voces de Lorena Miranda y Sandra Isaza ayudan, cada una desde su enfoque, a descifrar un problema que no se encierra a una sola explicación. Se ayuda a descubrir también lo que se ve y lo que no, lo que se cuenta y lo que se calla, lo que se siente, pero no se expresa en público. Pero la figura, esa presencia sin rostro ni género, deja claro que la depresión vive en muchos sitios, vive en los colegios, en las oficinas, en las casas, en los geriátricos, en las grietas del día a día, en la forma donde las personas ya no se encuentran en un lugar seguro. 

La depresión no conoce de edades, ni de estatus sociales, ni siquiera tiene un tiempo en el que se presenta. Solo avanza y acompaña a las personas sin anunciarse. Es una sombra que incomoda, desgasta y desmoraliza según la vida que atraviese. Y es acá donde se debe entender que no busca ser protagonista, ya que casi no se ve, solo busca que se reconozca entre las personas. Es algo complejo y que exige mucha atención, pero que cuando se mira de frente, con respeto y conocimiento, se puede reconocer su forma y su voz interior.  

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