Facultad de Comunicación Social - Periodismo

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Al rolo le gusta bailar salsa 

El mito de que "los rolos no saben de salsa" se rompe con bares que han unido culturas en la capital.

Editado por: Laura Sofía Jaimes Castrillón

Reportaje realizado para la clase de Taller de géneros periodísticos (Cuarto semestre – 2024 ll), bajo la supervisión de la profesora Estefanía Fajardo de la Espriella.

“Los rolos no saben de salsa” un mito muy común y un poco regionalista, pero desde hace años su variedad de bares ha logrado unir culturas ahora propias de la capital. 

Es un viernes de agosto, la noche es acompañada de una lluvia con brisa helada como es común este mes, sin embargo, el clima no les impide a los ciudadanos de Bogotá caminar en las calles del centro, en busca de buena música y buen ambiente; no importa la hora, en la esquina cerca a la Universidad de los Andes, grupos de amigos, parejas o familia ingresan al ver un letrero que dice “El Goce Pagano”. 

—Conozco el bar por la universidad hace 25 años, me encanta venir a bailar salsa. 

—Tradicionalmente con amigos que sabían del sitio fueron los que me trajeron hace aproximadamente unos 30 años. 

Entre hombres y mujeres cuentan como desde hace mucho tiempo conocen y vienen a este bar, pero ¿por qué la salsa, pero más específicamente, por qué Bogotá se ha convertido en una ciudad con cultura salsera?, llena de bares y academias de baile que invitan a los conocidos “rolos” a escuchar, sentir, vivir y amar este género. 

Para la década de los 70’s, la capital era igualmente un gran puerto gracias a su aeropuerto internacional, así como por Barranquilla en barco llegaban inmigrantes, de la misma manera a tierras andinas llegaban otros tantos, entre ellos estaban los artistas que buscaban disqueras y lugares donde pudieran esparcir esa sensación y alma, de los ritmos afroantillanos desde pachanga hasta boogaloo y son. 

Así llego a la ciudad este mundo con casetas regadas que vendían vinilos por su reconocido sector ‘El centro’ junto con uno de los medios más emblemáticos de la comunicación para el pueblo colombiano, la radio; el viejo Mike un barranquillero con 80 años y su micrófono en la emisora ‘Capital radio’ llenaba de música nueva y en algunos aspectos pensada como del bajo mundo, los oídos de muchas familias capitalinas transformando tradiciones, culturas y emociones. 

Mientras tanto en El Goce Pagano, la diversidad de personas por su edad o lugar de nacimiento los reúne en el centro de la pista, con un techo y ventanales que daban a las estrellas de un cielo negro, bailaban al son de los vinilos que el dj decidía poner entre cientos que tenía en su esquina, donde para muchos transmitía magia; aquella con la que la mayoría de visitantes se sienten identificados, gozan cada paso, cada vuelta y así algunos no sepan bailar como profesionales, comparten en un lugar que las diferencias no existen más. Pues el corazón y alma se unen para convertirse en uno solo al ritmo de “Tú me hiciste brujería, me quieres mandar pa´ la tumba fría, tú me hiciste brujería bruja, bruja, brujita”. 

—Es un género con mucho color, musicalmente la salsa nos identifica como latinos, reúne toda la mezcla indígena, blanca y negra que llego, está y sigue presente en nuestra cultura, porque nuestra forma vida es así, porque nuestro color de piel es así, la salsa representa perfectamente esta mezcla, finalmente es un ritmo tremendamente alegre, es para gozar la vida así es como cuenta el gerente Saul Naranjo de El Goce Pagano desde hace 14 años, herencia de su padre y abuelo. 

Es posible que para los años 80 en otras discotecas también muy conocidas como: La jirafa roja, la montaña del oso y quiebra canto estarían generaciones de padres y abuelos sintiendo en sus venas la llamada salsa de “vieja guardia”, quienes descubrieron los famosos sitios en la capital u oyeron mencionarlos coinciden en que de ahí forjaron su gusto y pasión por la música tropical y el género ya dicho. 

Su impacto en los diversos públicos fue crucial para unificar sectores de Bogotá, la festividad de la salsa y la educación sentimental que se ha generado logró convertir casi en otra capital salsera como ya lo es, la gran ‘Sucursal del cielo’, Cali; la cartografía sensible como la llaman Nelson Gómez y Jefferson Jaramillo escritores del libro la ‘Salsa en Bogotá’ ayudo a identificar los ritmos más sabrosos, los de más golpe, los mejores bailarines, el mejor sonido, los mejores programadores, los lugares a los que iban las mujeres más bellas, los más ‘pesados’ y los “más elegantes” de la rumba. 

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De la misma manera llegaron los melómanos y coleccionistas de vinilos como lo es Enrique Moreno creador del blog “Mundo salsero” ahora también una emisora dedicada el 80% a salsa nueva,‘Quique’ desde sus 17 años ahorraba dinero de sus onces para ir a las casetas del centro y poner música al mismo tiempo que grababa otras canciones, consiguiendo luego su primer trabajo de portero, mesero y discjokey, cada vez captando más amor y fervor a ese tipo de género, lleva casi 40 años comprando música desde distintos formatos. 

La evolución de los ritmos y melodías va acompañado de la misma sociedad que ha logrado generar tras años, diversidad de sonidos para distintos públicos, asimismo la salsa ha sido clave como factor intergeneracional que ha brindado a miles de bogotanos generar sentimientos que tal vez ningún otro género ha hecho. 

Con toda esta revolución que logró la salsa llego una chica muy joven Sara Sofia, selectora de la misma, la conocen en el medio como ‘La nena magdalena’ con sus redes sociales empezó a contar historias, esas que se escuchan en la salsa, intentando documentar y divulgar lo que no todos conocen y menos las nuevas generaciones; aunque día a día recibe comentarios como: “Ella qué va a saber de salsa si no nació en esa época, qué va saber de la salsa si nació en Bogotá…” sus objetivos y sueños son claros, poner a la gente a bailar llorando una frase muy usada por ella. 

—La salsa te habla de historias tristes a veces terribles, pero musicalmente es todo lo contrario, con ella se tramitan los sentimientos y emociones de manera distinta. 

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El sábado en la madrugada por la Carrera 4 con 17 un bar relativamente nuevo abre sus puertas a todo tipo de público aficionado por la salsa, pero aún más importante a talentos nuevos que quieren accionar el tocadiscos con sus vinilos favoritos, uno de sus fundadores Cristian Quevedo divisa a su gente bailar y disfrutar los ritmos en la pista de lo que es Ritmo Moderno. 

—Entendemos que si bien Bogotá es un lugar en que pululan los lugares nuevos, siempre hay ausencia de espacios que le abran una tarima o una vitrina a sonidos nuevos, justamente creer en el talento local nos impulsó a abrir este lugar. 

La fría y oscura cuidad, para muchos conocidos como ‘La nevera’, en las localidades brilla por sus trompetas y timbales que suenan en los lugares algunos más recónditos que otros, los letreros de sus nombres abren las puertas a miles de bogotanos, extranjeros o cualquiera que le guste bailar, conectar a través de la música salsera, van por aprender, por descubrir, por apoyar el arte y su cultura creada alrededor de este. 

Porque la salsa dicen está muerta, pero en realidad está muerta de la risa, muchos la han intentado matar por años, nunca lo logran sigue viva y seguirá, gracias a su gente en especifico a los salseros de ‘La nevera’.