Facultad de Comunicación Social - Periodismo

“Quiero que mi vida sea una confesión cantada”: Samara Hudgson

Con su cabello desarreglado, pero naturalmente puesto, Samara se involucra en la mass media.

Perfil realizado para la clase de Pensamiento crítico y argumentativo I (primer semestre, 2022-1), con la profesora Aleyda Gutiérrez Mavesoy.

“Samara siempre mantiene un pincel en la mano”, dice Margarita, su abuela. 

Y así fue como la encontré. Sentada en su atril dibujando con su mano izquierda, es zurda. Quise preguntarle por lo que estaba pintando en ese momento, pero sin haber mencionado algo, me lo dijo. “Soy negra, y mi familia no lo aceptó”. La mañana de ese día era totalmente perfecta para tocar un tema tan triste como este; sin embargo, Samara dejó en claro su apatía al no querer hablar de estos temas. “Es difícil saber que lo que más quieres en tu vida no acepta lo que eres como individuo en la sociedad (…). Hay momentos en los que me siento sola”.

El sábado por la mañana nos sentamos a hablar sobre muchos temas que podrían competer a esta entrevista. Samara es alta, sus ojos son de color café, su actitud es arrolladora, pero siempre hubo algo que me sorprendió, me decía: “Olvidaste que soy negra”, después de que quería preguntarle sobre un tema en específico, así que después de pasear a su perro pudimos hablar con tranquilidad.

Graduada de la facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Central de Colombia, toma como punto de referencia la esquematización de la sociedad colombiana, racista, machista y envuelta en una segregación religiosa no muy notoria; para su tesis de grado dirigió el film Negros teníamos que ser.

Bogotá es una ciudad de muchos, pero parece de pocos, a pesar de haber superado un modelo esclavista de hace ya varios años, parece que la sociedad se ha quedado estancada en prejuicios, estereotipos e imaginarios, con esta proposición, Samara despierta en los espectadores una problemática que desde hace ya varios años azota a nuestra sociedad.

–Pues, imagínate una sociedad llena de estereotipos, desigualdad, racismo sin que nadie despierte el conocimiento de las personas, haciéndolas pensar en algo que no sean críticas o comentarios petulantes, déjame decirte que quien practique esto de verdad tiene la cabeza repleta de cucarachas. Fue muy difícil para mí relatar y documentar estos comportamientos y prácticas que ha tenido nuestra sociedad desde hace muchísimos años; ha sido bastante impactante tener que recordar y traer a colación cosas que pasaron cuando yo era pequeña.

Samara se levanta del lugar donde está sentada, buscaba un libro de Trevor Noah, Prohibido nacer, ella trataba de estar tranquila, pero era imposible sabiendo el contexto del libro. Siempre se identificó con este libro, eso me decía, a pesar de su carácter arrollador, se podía notar a leguas la tristeza que había en su rostro al saber que su vida estaba sutilmente expuesta en los capítulos de dicho texto.

–Este es un libro de negros, y acá encuentras el odio que se puede sentir hacia alguien de mi raza. Este libro lo leí cuando estudié Comunicación Social, me parece que traté de utilizar este libro como inspiración, yo debo contar las historias de mis hermanos afro.

Dicho libro fue la inspiración para realizar un documental que para Samara marcaría el inicio de una historia, defender los derechos de las personas como ella, que deberíamos ser todos. Dicha historia ha sido notada en parques, en recintos cerrados, de hecho, hace poco estuvo nominada por la Cinemateca Distrital. En algún momento comenzamos a hablar sobre comunicación. Ella siempre ha sido una persona bastante observadora y analítica con las situaciones que enfrenta.

–Siento que la comunicación resume todo lo que quiero como persona, expresarme libremente, poder saber sobre temas que la sociedad actualmente no conoce, eso de verdad me llama la atención. Desde antes de graduarme del colegio, pensaba que debía envolver todas las cosas que me gustaban dentro de un solo amor, pues tenía muchos intereses encontrados y no quería solamente centrarme en una sola cosa.

Mencionaba la palabra comunicación como si este medio fuese su mundo, se sintió segura hablando acerca de lo que la comunicación y el verdadero periodismo significan para ella, su actitud, explosiva como siempre. Su carácter arrollador es la cuna del sentimiento hacía ella, tal vez Samara no demuestra su verdadero yo al hablar con las personas; sin embargo, cuando algo realmente la apasiona, no puede contener la alegría.

–Cuando miré el pensum de la carrera de Comunicación Social dije para mis adentros que este era el momento para contar una historia desde lo que a mí me gustaba hacer. Aunque muchas veces sentí que mi carrera era un poco tradicional, pues las personas creen que el trabajo de un comunicador/periodista es simplemente pararse detrás de una cámara a tirar parla. Pero la verdad es que mis estudios como comunicadora me hicieron ver que esto no es soplar y hacer botellas.

Desde hace ya varios años hemos pensado al periodista como aquella persona con un micrófono en la mano y una cámara adelante. Un periodista habla acerca de la actualidad, pero esto no es realmente hacer periodismo, cuando hablábamos sobre lo que la comunicación es, se refería a un término como “el verdadero periodismo”, así que le pregunté.

–Siento que el verdadero periodismo, el actual, debería basarse en las nuevas narrativas que hemos encontrado a lo largo de los años, el lenguaje audiovisual, storytelling, la cultura digital, lo que te decía antes, yo no quiero ser la típica periodista/comunicadora que se para detrás de una cámara a verse linda, que es la concepción que tiene la sociedad del periodismo.

El periodismo de hace algunos años había sido sesgado a mujeres bonitas, altas, delgadas y blancas, pues este solo se trataba de ganar audiencias y no garantizar el derecho que como país merecemos. Prendió la televisión, puso RCN para ser más precisos, siempre me dijo que era de los medios más amarillistas y corruptos que pueden existir en este país, y que por eso se arrepentía de haber trabajado con ellos. Antes de todo esto, el enfrentamiento de Samara a la vida universitaria y el ingreso al mundo de los medios masivos de la comunicación.

–Al entrar a la universidad, en algún momento me sentí como mosco en leche, literalmente. Creo que como sociedad aún seguimos teniendo los mismos prejuicios y estereotipos de hace ya varios años y tal vez no lo hacemos conscientemente.

Dada su actitud, pude deducir que se sentía muy impotente al decirme todo lo que estaba pensando en ese momento, siempre ha sido una persona explosiva, aunque muy pocas personas conocen realmente su carácter. Eran las 3:00 de la tarde y tomábamos café en el Starbucks del Centro Comercial Gran Estación, el ambiente era tan tranquilo, aunque la gente alrededor hablaba del sinfín de problemas del día a día, el universo se dispuso para que fuera perfecto.

Salimos de la casa porque el ambiente se estaba tornando un poco incómodo porque su familia estaba allí, me recalcaba mucho la falta de cariño que sentía hacia su familia, a pesar de que es un ser lleno de amor y de sentimientos por expresar, es entendible que no los sintiera por personas que le habían causado tanto daño en su infancia y adolescencia. Así que en este momento quise preguntarle cómo olvidar aquellas cosas, pues sé que para ella el pasado no es algo que se olvide de la noche a la mañana.

Tuvo que vivir años muy tristes en su corta vida, no recibió el apoyo que necesitaba por parte de su familia, mucho menos por parte de la sociedad colombiana, me decía que a veces era necesario encontrar un escape, algo que le ayudara a olvidar, o por lo menos cautivar los pensamientos y sentimientos que tenía en ese momento.

–Cuando cumplí quince, comencé a pintar.

La pintura siempre fue su método de escaparse de los pensamientos que tenía, pintaba su realidad, la verdad de un mundo sin burbujas y sin filtros, un mundo en el que ella es negra y absolutamente nadie tiene derecho a decidir. Aunque al cumplir los veinte años Samara comenzó a sentir que el mundo era un lugar oscuro y muy pesado para una mujer, sobre todo una mujer negra, es sorprendente que su vida no haya colapsado, pues el medio en el que estaba metida era bastante complicado. Volviendo a la pintura, en palabras de Samara, “Es el lugar donde mi cabello desarreglado no va a impedirme definir mi realidad”

–Siento que el arte ha sido mi escape durante muchos años a pensamientos y sentimientos que tenía sobre cosas que habían pasado a lo largo de mi corta vida.

–Cuando lo hago siento que puedo ser yo y ser una mejor versión de mí misma, en un lugar donde nadie me juzgue ni me mire

Ahora, a ella realmente no le interesa si es blanca, negra, azul o amarilla, la intención de ella en este mundo es precisamente buscar el sentido de pertenencia de todos como pares. Alguna vez me dijo que quería ser psicóloga, un sueño frustrado, pero, aun así, la comunicación la llena de una manera interesante.

–Por eso Vive afro, siento que en ella puedo ayudar a las personas a que se sientan ellas mismas sin que nadie las juzgue por su aspecto físico, o por su condición psicológica.

–Siento que esta sociedad debería concentrarse en tener más espacios de este tipo, no solo encajar desde nuestra monotonía en la que debemos criticar a todo aquel que vemos “diferente”.

Últimamente, le ha sucedido lo mismo con la música, cantando puede ser la mejor versión de ella misma, sin importar que la gente hable de ella y la critiquen. Hace un año Samara lanzó su primer sencillo titulado Loner que, en palabras de su autora, significa una “confesión cantada. Loner traduce solitaria(o) y para Samara es la expresión de un sentimiento que había estado reprimido hace ya varios años, causándole trastornos de ansiedad y depresión hasta cierto punto.

Sin embargo, la reflexión de vida de Samara es nunca dejar que los malos pensamientos, los estereotipos y sobre todo los juicios de valor de la sociedad afecten su desarrollo como persona dentro de la sociedad, apoyando a quienes necesitan de sus saberes y conocimientos y poder decirle a la sociedad colombiana: Vive afro.


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